Durante años, las artistas travestis llenaron salas de fiesta de Las Palmas de Gran Canaria de martes a domingo, con dos e incluso tres pases en una misma noche. Fueron intérpretes, humoristas, bailarinas, empresarias, diseñadoras de vestuario y técnicas de los propios espectáculos. Sin embargo, buena parte de aquella escena que acompañó a la ciudad durante la Transición Democrática terminó desapareciendo también de su memoria.
Viejas Glorias tiene como objetivo rescatar toda su historia. Se trata de un archivo vivo sobre la memoria artística travesti de la capital grancanaria, coordinado por Luis Lorite y centrado en el periodo entre 1976 y 1998. Fotografías, repertorios, prensa, testimonios y recuerdos permiten ir reconstruyendo no solo quiénes fueron aquellas artistas, sino el ecosistema cultural y social que existía alrededor de ellas.
Margaret García
La semilla del proyecto apareció casi por casualidad en 2024. Lorite trabajaba entonces en la campaña del Orgullo del Gobierno de Canarias y contactó con Margaret García para hacerle uno de los retratos. Durante aquellas conversaciones descubrió que había trabajado como artista en las salas de Las Palmas durante los años setenta y ochenta. Casi 50 años después, su deseo era reencontrarse con aquel público y volver a ver los números que hacían sobre los escenarios.
"Armé un proyecto y lo presenté a concurrencia competitiva en el Instituto de las Mujeres, con la buena suerte de que conseguí la financiación y con la mala suerte de que justo esa semana Margaret falleció", narra apenado Lorite. Viejas Glorias se convirtió desde ese momento también en un homenaje a la propia artista, semilla de este proyecto. Su trayectoria, su repertorio, sus compañeras y la Sala Britannia, donde trabajó durante años, fueron el primer hilo del que tirar.
Artistas que llenaban las salas
A medida que avanzó la investigación, el proyecto comenzó a desmontar algunas de las ideas que habían quedado asociadas a aquella escena. Una de las cosas que más sorprendió a Lorite fue precisamente la dimensión y calidad artística de aquellos espectáculos. “Llenaban de martes a domingo haciendo doblete y a veces triplete”, explica. También encontraron conexiones con profesionales que habían trabajado con figuras y compañías internacionales como Josephine Baker o The Bluebell Girls.
Y detrás de quienes se subían al escenario, también se encontraban empresarias, diseñadoras de vestuario y artistas travestis que trabajaban también como técnicas de luces o sonido. Para Lorite, mirar esa dimensión profesional resulta fundamental para alejarlas de un relato que durante años las ha reducido únicamente a la transgresión, la marginalidad o la supervivencia.
La imagen del público también ha sido muy distinta a lo esperado. "Me imaginaba un público más canallita, solo hombres, buscando algo más que el espectáculo; sin embargo me he encontrado, que el público eran matrimonios tradicionales que iban a tomarse su copita y a ver su espectáculo de humor, de música y de variedades. No era nada oscuro ni nada sórdido", señala el propio investigador.
Otra forma de contar Las Palmas
El Parque Santa Catalina y Guanarteme fueron algunos de los espacios alrededor de los que se desarrolló aquella escena. En ellos coincidían la noche, el turismo, la cultura popular y las primeras expresiones públicas de disidencia sexual y de género después de la dictadura.
Salas como Britannia, Brasil, Lido, Pinito del Oro o el piano bar Centauro formaban parte de una oferta nocturna mucho mayor en una ciudad en la que aquellas artistas competían con otros espectáculos y aun así conseguían llenar.
Para Lorite, entender su éxito obliga precisamente a situarse en aquel momento y no observarlo únicamente desde 2026. Después de décadas de represión, estas artistas encarnaban sobre el escenario otras posibilidades, libertad y esperanza. “Acompañaron a todo un país en la búsqueda de su nueva identidad”, sostiene.

Reconstruir la historia
El proceso para recuperar todo ese mundo ha sido, en palabras de Lorite, “muy artesanal”. El coordinador reconoce que no es arqueólogo ni sociólogo —es periodista de formación y trabaja en las artes escénicas y la comunicación—, por lo que la investigación ha crecido a través de colaboraciones, contactos personales, documentos anteriores y, sobre todo, conversaciones con quienes todavía conservan aquella memoria.
Ha podido sentarse con artistas como Meli, Marian o Mirian y seguir los nombres que aparecían durante cada conversación. Una fotografía llevaba a otra persona y esa persona a una nueva historia. “Menos mal que he llegado a tiempo”, recuerda haber pensado durante algunas entrevistas. Han pasado alrededor de 50 años desde que muchas comenzaron sus carreras y buena parte de esta historia todavía depende de su memoria oral.
Un archivo vivo
Precisamente por eso el nombre de archivo vivo no es casual. El proyecto no pretende cerrar esta historia, sino seguir incorporando fotografías, testimonios, grabaciones, programas, recortes de prensa o incluso vestuario que todavía puedan conservar familiares, antiguas trabajadoras de las salas o espectadores.
El archivo dará a conocer este martes 15 de septiembre su trabajo en curso en la Casa-Museo Tomás Morales, una cita que también busca ampliar la investigación y llegar a personas con materiales hasta ahora desconocidos. De algunas artistas apenas se conservan imágenes en fotografías de otras compañeras, por lo que cualquier aportación puede ayudar a completar sus trayectorias.
Para facilitar esa colaboración, la web de Viejas Glorias cuenta con un espacio desde el que cualquier persona puede compartir su historia o ponerse en contacto con el proyecto.
Volver a encontrarse
La investigación entra ahora además en otra fase: buscar al público que acudió a aquellos espectáculos. Era uno de los deseos que Margaret expresó cuando Lorite la conoció y el proyecto comenzará a recorrer centros de mayores para localizar a quienes vivieron aquella escena en primera persona y escuchar sus recuerdos.
Porque para Viejas Glorias el espectador también forma parte de la historia. El objetivo final es construir un archivo transmedia que reúna documentos, fotografías, vídeos, testimonios y repertorios, pero también devolver esas imágenes a quienes estuvieron allí y acercarlas a generaciones que nunca llegaron a conocer aquella parte de la vida de la ciudad.
Cuanto más circule ahora el proyecto, mayores serán las posibilidades de que aparezcan nuevas fotografías, nombres e historias antes de que esa memoria termine perdiéndose.
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