Hay centros educativos donde el aprendizaje no se queda dentro del aula ni se limita a libros y pizarras. Escuelas en las que las matemáticas se practican contando monedas reales, la lengua se ejercita atendiendo a un cliente y la educación en valores se construye desde la experiencia cotidiana. En Canarias, algunos proyectos demuestran que otra forma de enseñar no solo es posible, sino profundamente transformadora.
En un colegio público de un barrio de Las Palmas de Gran Canaria, una cafetería escolar se ha convertido en una auténtica herramienta pedagógica. No es un servicio externo ni una actividad puntual: es un proyecto vivo que forma parte del día a día del alumnado y que ha redefinido la manera de aprender dentro del centro.
Aprender sirviendo
En el CEIP Valencia, situado en el barrio de Tamaraceite, funciona desde hace tiempo una cafetería educativa gestionada, de forma guiada, por el propio alumnado de Educación Primaria. Lejos de ser un juego simbólico, el proyecto implica tareas reales: tomar comandas, preparar desayunos, cobrar, calcular precios y mantener el espacio limpio y ordenado.
El resultado es un aprendizaje práctico que conecta directamente con la vida cotidiana. Los niños y niñas no solo entienden para qué sirven los contenidos que estudian, sino que los aplican en un contexto cercano, comprensible y motivador.
Matemáticas reales
Uno de los grandes valores del proyecto es su capacidad para integrar competencias básicas de manera natural. Las matemáticas dejan de ser abstractas cuando hay que sumar decimales, calcular porcentajes o comprobar si la caja cuadra al final de la jornada. La lengua y la comunicación se trabajan atendiendo al público, explicando productos o coordinándose entre compañeros.
Todo sucede sin fichas ni exámenes tradicionales. Aquí el error forma parte del proceso y se convierte en una oportunidad de aprendizaje, reforzando la autonomía personal, la responsabilidad y el trabajo en equipo desde edades tempranas.
Proyecto con sentido
La cafetería escolar no solo enseña, también cumple una función social muy concreta. Los beneficios obtenidos se destinan a financiar el viaje de fin de curso, lo que permite que alumnado con menos recursos económicos pueda participar en igualdad de condiciones.
Este enfoque convierte la iniciativa en una herramienta de inclusión real, donde el aprendizaje va de la mano de la justicia social. El alumnado entiende que su esfuerzo tiene un impacto directo, tanto en su formación como en el bienestar colectivo.

Familias implicadas
Otro de los pilares del proyecto es la implicación de las familias, que participan activamente en la organización y el desarrollo de la cafetería. Padres y madres colaboran, acompañan y forman parte del proceso, reforzando el vínculo entre la escuela y su entorno.
Según explica la dirección del centro, esta colaboración ha convertido la cafetería en un espacio de encuentro, no solo educativo, sino también comunitario. Un lugar donde se comparten aprendizajes, responsabilidades y objetivos comunes.
Educación inclusiva
El proyecto se integra además en un modelo educativo más amplio, en el que la inclusión es un eje central. El centro cuenta con un aula Enclave, desde la que se trabaja de forma coordinada para que el alumnado con necesidades educativas especiales participe activamente en la vida escolar.
La cafetería, como otros espacios del colegio, favorece esa convivencia real, donde todos los niños y niñas comparten experiencias, tareas y aprendizajes, normalizando la diversidad desde la práctica diaria.
Más allá del aula
Aunque la cafetería es uno de los proyectos más visibles, forma parte de una estrategia educativa global. Radio escolar, huerto educativo, dinamización artística en los recreos o patios inclusivos completan un modelo que apuesta por metodologías activas y por un aprendizaje significativo.
Durante una reciente visita institucional, el consejero de Educación del Gobierno de Canarias, Poli Suárez, pudo conocer de cerca este proyecto y dialogar con el alumnado, que incluso lo entrevistó en su programa de radio escolar. Un gesto que resume bien el espíritu del centro: participación, cercanía y protagonismo del estudiante.
Un modelo replicable
La cafetería del CEIP Valencia demuestra que no hacen falta grandes recursos para innovar, sino ideas bien pensadas y coherentes con la realidad del alumnado. Convertir una actividad cotidiana en una experiencia educativa completa es una forma eficaz de combatir el abandono, fomentar la motivación y construir una escuela más justa.
En un contexto como el canario, donde muchos centros trabajan para compensar desigualdades sociales, este tipo de proyectos se consolidan como referentes de educación transformadora. Una cafetería que no solo sirve desayunos, sino también oportunidades, aprendizaje y futuro.