Vista aérea del nuevo polideportivo de Jinámar, cuyas obras están paralizadas desde hace más de un año. GOOGLE EARTH
Vista aérea del nuevo polideportivo de Jinámar, cuyas obras están paralizadas desde hace más de un año. GOOGLE EARTH

Jinámar se cansa de promesas: el "esqueleto" del pabellón indigna a los vecinos cuatro años después

El retraso acumulado desde el comienzo de las obras obliga a los residentes con movilidad reducida a desplazarse fuera del barrio para sus terapias mientras el coste de la obra escala a 3,8 millones

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Alberto Ley

La paciencia de los residentes en el barrio de Jinámar ha alcanzado su límite frente a una estructura de hormigón que parece detenida en el tiempo. Lo que se proyectó como un centro deportivo de referencia para el cono sur de Las Palmas de Gran Canaria es hoy un símbolo de parálisis administrativa.

Tras cuatro años desde que se anunciaran los trabajos, el sentimiento de abandono institucional se ha generalizado entre una comunidad que observa cómo los plazos se incumplen sistemáticamente mientras el vandalismo degrada la infraestructura.

Desde el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, fuentes municipales han confirmado a este periódico que el proyecto volverá a salir a licitación durante este ejercicio. La intención del consistorio es finalizar el pabellón de manera integral, aprovechando el nuevo contrato para introducir mejoras técnicas y añadir una planta adicional destinada a salas polivalentes.

Esta reformulación del proyecto original ha elevado el presupuesto global hasta los 3,8 millones de euros, una cifra que incluye una partida de 529.000 euros necesaria solo para reparar los daños causados por el expolio y el deterioro material.

Augusto Hidalgo durante la colocación de la primera piedra en el pabellón / AH
Augusto Hidalgo durante la colocación de la primera piedra en el pabellón, hace cuatro años. / AH

El impacto en la salud

Tras las cifras macroeconómicas y los anuncios técnicos se esconden realidades humanas que no pueden esperar a los tiempos de la burocracia. Juan Pedro es uno de los vecinos que convive a diario con el esqueleto del edificio justo frente a su ventana. Con una discapacidad que afecta a su espalda y rodilla, y tras haberse sometido a una cirugía de manga gástrica, el ejercicio controlado y la natación son para él una prescripción médica ineludible para mantener su movilidad.

"Tengo que estar trasladándome a otros sitios como las Rehoyas o el Martín Freire, y lo tengo justo enfrente de mi casa", lamenta el afectado. Juan Pedro relata la frustración de no contar con un espacio cercano para su rehabilitación, lo que le obliga a depender de un transporte público que, según denuncia, presenta graves deficiencias de mobiliario y frecuencia en la zona. Para este residente, el retraso acumulado es una barrera física que le impide consolidar la mejora de salud lograda tras perder 100 kilos de peso.

Deficiencias en el entorno

El malestar vecinal no se limita exclusivamente a la infraestructura deportiva paralizada. El testimonio de Juan Pedro refleja una sensación de desatención urbana persistente en la frontera entre la capital y Telde. "Llevamos años con paradas de guagua sin marquesina y una limpieza viaria que ya no pasa como antes", asegura.

La ausencia de presencia policial preventiva en las inmediaciones de la obra también preocupa a los residentes, que ven cómo el edificio se ha convertido en un blanco fácil para el robo de cableado y otros materiales.

Dudas sobre los plazos 

Aunque el Instituto Municipal de Deportes (IMD) ha consignado 250.000 euros para este año y otros 3,55 millones para 2027, la desconfianza impera en las calles de Jinámar. Los carteles de la obra original, que fijaban la inauguración en abril de 2023, permanecen como un recordatorio de los compromisos no ejecutados.

Los vecinos critican que la comunicación municipal sea escasa y que la noticia de la nueva licitación llegue a través de los medios antes que por canales oficiales, alimentando la indignación ante una promesa de hormigón que sigue vacía.