La tensión entre el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria y los colectivos que dan vida a la Plaza de la Música crece. Manuel Benítez, presidente de la histórica batucada Piratas del Caribe, anuncia que se declarará en huelga de hambre a partir del próximo lunes.
El objetivo de Benítez es frenar el desalojo de la sede que Piratas del Caribe ocupa en el entorno del Auditorio Alfredo Kraus.
"De aquí no me muevo"
La decisión de ponerse en huela de hambre llega tras recibir una notificación de desahucio emitida por el área de Patrimonio.
Benítez, visiblemente afectado pero firme en su postura, tiene previsto realizar su protesta en el mismo local que ha sido el corazón de la batucada durante esta última década. "De aquí no me muevo", avisa a los responsables municipales, con la intención clara de vincular su permanencia en la Plaza de la Música a la supervivencia de una de las agrupaciones habituales del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria.
El percusionista, que tiene a 20 personas a su cargo, asegura que no se esperaba el trato municipal, sobre todo tras más de 40 años participando en las carnestolendas capitalinas.
Lo primero que ha hecho tras recibir la notificación es comunicar a Patrimonio que Piratas del Caribe no se irá del local de manera voluntaria. Sostiene que firmó un contrato y en su momento se hizo una entrega de llaves, por lo que está dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias.
Agravio
Además, existen otros dos locales en una situación similar que no han recibido notificaciones: uno es un club de fútbol privado y el otro la asociación de mayores de Guanarteme.
La actuación municipal, sin embargo, sólo va dirigida contra Piratas del Caribe y la asociación de capoeira. De ahí la sombra del agravio comparativo.
El conflicto nace de una iniciativa de Patrimonio para recuperar de oficio diversos locales situados en la Plaza de la Música que carecen de contrato o título de ocupación. El Ayuntamiento ha abierto varios expedientes administrativos para regularizar estos espacios, alegando la necesidad de recuperar el suelo público, lo que compromete la actividad de las entidades que desarrollan allí su actividad.
El otro afectado
Y es que el de la batucada no es un caso aislado. Patrimonio también ha instado al desalojo de otros espacios colindantes, como el ocupado por la asociación de capoeira. La postura de este colectivo, sin embargo, es más propensa a la colaboración, pues difiere de la resistencia radical de Benítez.
A diferencia de Piratas del Caribe, la asociación de capoeira ha manifestado su voluntad de abandonar las instalaciones de manera voluntaria, pero piden al Consistorio más tiempo para hacerlo. Su postura se basa en la dificultad de encontrar un local alternativo de forma inmediata que reúna las condiciones necesarias para su actividad, buscando así una transición que no deje a sus miembros en la calle de un día para otro.
Un pulso a la cultura popular
Benítez, en cambio, sí va con todo. Su huelga de hambre es el último recurso para salvar a Piratas del Caribe. La pérdida de la sede local podría suponer, en la práctica, la desaparición de la batucada por falta de un espacio de ensayo y almacenaje de instrumentos, comprometiendo su actuación en los Carnavales.
La agrupación, que asegura disponer del contrato de entrega de llaves, reclamó el antiguo local de Mojo Club. Este espacio sigue vacío años después del cierre de la histórica discoteca, también en la Plaza de la Música, ahora renombrada Jerónimo Saavedra, pero Piratas del Caribe no ha obtenido respuesta de Patrimonio.
