La guagua sube hacia la parte alta de La Isleta y el traqueteo se nota en cada bache. El paseo permite conocer el barrio más allá de las calles colindantes a Las Canteras y percatarse, como señala Iván González, vecino y activista de La Isleta, con una sola mirada por la ventana de las calles levantadas, las obras que se alargan, las paradas improvisadas, el tráfico encajonado y una sensación de abandono que para vecinos y vecinas se ha ido haciendo cada vez más visible.
"La Isleta se ha convertido en el trastero de Las Palmas de Gran Canaria", apunta González, que no lo dice solo por una obra, una calle o un problema concreto, sino por un cúmulo de situaciones que van desde la MetroGuagua, Belén María, falta de limpieza, El Confital o la vivienda. "Va a llevar años solucionar todos estos problemas", sentencia.
Dos Isletas en un mismo barrio
Este panorama no se da por igual en todo el barrio. Durante el recorrido, a medida que la guagua va subiendo, en solo tres minutos, se puede observar que conviven dos Isletas muy distintas. Una, más cercana a Las Canteras, donde han avanzado las promociones, los alojamientos turísticos y una imagen más renovada; y otra "de Pérez Muñoz para acá, donde está la Iglesia de La Luz", "socialmente más castigada" y con problemas que, en la opinión de González, han vuelto a crecer en los últimos años.
Habla de calles con peor firme, de edificios deteriorados, de problemas de limpieza, de inseguridad y de una convivencia diaria cada vez más complicada. En la guagua, una vecina, "de La Isleta de toda la vida", lo resume de forma sencilla cuando Iván le pregunta cómo ve el barrio: ahora todo es más caótico.
Una ratonera
La movilidad es una de las grandes quejas. González señala la parada de la MetroGuagua ya terminada pero sin uso, las paradas provisionales en Eduardo Benot y los cambios de circulación que han dejado al barrio con menos salidas. “Como te equivoques una calle, tienes que dar toda la vuelta y volver”, critica.
Para González, como el retso de vecinos y vecinas, La Isleta se ha convertido en una “ratonera”. No solo por los atascos, sino por lo que supone para la vida cotidiana: ir al ambulatorio, coger un taxi, salir del barrio o volver a casa. “Se han dado situaciones en las que los propios taxistas han dicho: 'yo a La Isleta no voy'. Desde que la Avenida Marítima estornuda, La Isleta ya está absolutamente atascada”.
Sin espacios para la ciudadanía
Ese paseo por La Isleta, de camino a El Confital, pasa por delante del centro cívico. Según explica el vecino, el Ayuntamiento recuperó el espacio, pero permanece cerrado y sin actividad vecinal. “Lo recuperan y después, a la hora de ponerlo para las asociaciones, para los vecinos, está cerrado”, denuncia.
Para González, ese caso refleja una dinámica que se repite en el barrio: se anuncian actuaciones, se hacen intervenciones puntuales, pero no siempre se traducen en soluciones reales.
Lo mismo ocurre con la casa roja que se encuentra en la avenida, por la zona más cercana a El Confital, un inmueble patrimonial sobre el que, González asegura, se han planteado proyectos como centro juvenil, cultural o histórico, pero que continúa sin una solución visible. O el polideportivo Jesús Telo, "que se inunda cada vez que llueve", para que el Ayuntamiento ha adjudicado justo este mes de mayo más de 631.000 euros para la reforma integral.
El Confital ya no es el mismo
El Confital es uno de los puntos que más duele a los isleteros e isleteras. González recuerda que durante años fue una playa muy vinculada a la vida de La Isleta, pero denuncia que hoy está marcada por la contaminación, la falta de mantenimiento y las restricciones. “El Confital ya no es ni siquiera playa”, afirma, en referencia a la pérdida de su categoría como zona de baño.
El vecino habla de la bandera negra, de los problemas de contaminación, de la pasarela sin rehabilitar, del deterioro del hormigón y de una sensación general de abandono en un entorno que debería ser "uno de los grandes espacios naturales de la ciudad" y al que le hace falta una solución real para recuperarlo y hacerlo accesible de nuevo a la ciudadanía.
Falta de limpieza
La limpieza aparece como otro de los puntos centrales del recorrido por el barrio. Las ratas, las cucarachas, la basura y los espacios públicos descuidados son los protagonistas de este panorama, que, como apunta González, no es un problema exclusivo de La Isleta, sino parte de una sensación más amplia de abandono en la ciudad.
Para él, considera que hay demasiadas campañas y pocos resultados visibles en la calle, cuando lo que reclaman los vecinos y vecinas es "mucho más sencillo": mantenimiento, seguridad, limpieza y que los espacios públicos puedan usarse, además de un incremento de la seguridad.
El melón del Carnaval
En los últimos años, otro de los temas que atraviesan a La Isleta es el Carnaval. Y es que aunque el barrio sea carnavalero, el problema se ha acentuado en cómo se han tomado algunas decisiones y cómo se ha trasladado parte de la presión a los barrios.
El activista insiste en que el problema no es el carnaval, sino la falta de diálogo previo con los vecinos. A pesar de hacer reuniones con residentes y grupos, "no se dejó participar a nadie, no se tuvo en cuenta las reclamaciones o, por lo menos, las aportaciones de los propios vecinos", sostiene González.
Para él, escuchar antes de decidir evitaría muchos conflictos entre la fiesta y quienes viven alrededor. “El carnaval necesita planificación, ubicación, seguridad y recursos”, afirma.
Arreglar 122 barrios
Pese al diagnóstico duro, González insiste en que el barrio no está perdido. “Esto tiene arreglo”, defiende. Pero para eso, insiste, hace falta escuchar a quienes viven el barrio cada día, a quienes esperan la guagua, a quienes viven cerca de las obras, a quienes sufren el ruido, a quienes bajan a comprar o a quienes han dejado de ir a ciertos espacios porque ya no los sienten seguros.
La Isleta, dice González, es solo un ejemplo de una realidad que se repite en muchos puntos de Las Palmas de Gran Canaria. “Esto es solo La Isleta, pero hay 122 barrios en la ciudad que están igual o peor”, afirma.
Para González, la capital grancanaria arrastra problemas que no se resolverán rápido: “La gente no es consciente de los años que nos va a llevar devolver la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria a donde la conocimos”.
