Estado actual del muro de los jardines de Paseo de Chil, en la parte alta del parque Doramas, con los bloques colocados por Vías y Obras, que serán retirados. / AH
Estado actual del muro de los jardines de Paseo de Chil, en la parte alta del parque Doramas, con los bloques colocados por Vías y Obras, que serán retirados. / AH

Los jardines de Rubió i Tudurí le ganan la batalla al cemento en Las Palmas de Gran Canaria

Vías y Obras da marcha atrás y encarga la reconstrucción de un muro en mal estado a una empresa especializada: se impone el respeto al corredor verde y el clasicismo mediterráneo proyectado en los años 50 por el paisajista catalán

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Un año después de la paralización de las obras en el Paseo de Chil, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria quitará los bloques de cemento colocados en el muro que desemboca en el histórico monumento a Fernando León y Castillo: un jardín con forma de herradura que fue creado en los años 50 ante el desarrollo urbanístico de la ciudad alta y la necesidad de conectarla con la parte baja. 

Vías y Obras ha rectificado su intervención original, que consistía en levantar un paredón delante de la piedra centenaria para contener un desprendimiento, y ha encargado una rehabilitación artesanal del muro estropeado a la empresa especializada TOP Canarias. La acción municipal fue cuestionada por diferentes colectivos ciudadanos debido al daño al patrimonio. De ahí la importancia del nuevo proyecto.

Los operarios han comenzado esta semana a trabajar en el tramo que conecta con el conjunto del Parque Doramas, uno de los pocos pulmones verdes de la capital grancanaria que conservan su aspecto de antes.

Territorio comanche

El objetivo principal es salvar la estructura original combinando la ingeniería con el respeto a la fisionomía histórica del monumento y sus jardines, realizados entre escalares y grandes muros de piedra antigua, con la finalidad de conectar la parte baja de la ciudad con Altavista. Esa zona, al calor del boom urbanístico, la pobreza y el paso del tiempo, llegó a convertirse en un importante núcleo de chabolas.

Jardines de Rubió i Tudurí, en el Parque Doramas, Las Palmas de Gran Canaria. / AH
Jardines de Rubió i Tudurí, en el Parque Doramas, Las Palmas de Gran Canaria. / AH
 

En lo alto del barranquillo luce ahora un original mirador y la sempiterna cruz roja de la Iglesia Coreana, pero los jardines, las escaleras y las fuentes, con los restos de la vieja terraza El Cielo, son territorio comanche desde hace décadas: la suciedad y las personas sin hogar hacen urgente una intervención integral que rescate un espacio que no termina de integrarse en la ciudad actual.

En julio del año pasado, cerca de donde ahora trabajan los obreros, la policía halló el cadáver de una persona. Por Paseo de Chil pasan a diario miles de coches, pero las escaleras y los jardines son poco transitados, casi siempre por la noche y para nada bueno. El mal olor del cuerpo en descomposición no sólo alertó al vecino que llamó a la policía: también sirve para hacerse una idea del abandono del parque.

Blindaje subterráneo

Es, en cualquier caso, una hermosa ladera sujetada por la historia que necesita más cariño municipal y ciudadano. Dada la complejidad del terreno, los trabajos para arreglar el tramo más deteriorado han comenzado con una intervención quirúrgica en la trasera del muro en mal estado.

El equipo de TOP Canarias, con más de dos décadas de experiencia en la estabilización de taludes y actuaciones en zonas de difícil acceso, ha empezado a excavar para instalar pilotes de acero.

El plan es crear una especie de estructura interna invisible que asegure de forma definitiva el empuje de la tierra y frene los desprendimientos provocados por las filtraciones de humedad que amenazan la estabilidad del paseo.

Piedra a piedra

Una vez que el terreno quede estabilizado y sea seguro trabajar en la superficie, se iniciará la fase más delicada del proyecto: la reconstrucción del histórico muro.

Sólo hay que acercarse a la obra para comprobar que la restauración será laboriosa debido al grave estado de deterioro que presenta la cantería, castigada por el paso del tiempo y las humedades.

El concejal de Vías y Obras y Alumbrado, Carlos Díaz, en los trabajos de los muros del Paseo de Chil. AYUNTAMIENTO LPA
El concejal de Vías y Obras y Alumbrado, Carlos Díaz, en los trabajos de los muros del Paseo de Chil. / AYUNTAMIENTO LPA

Los operarios tendrán que reparar el muro piedra por piedra, devolviendo al entorno el aspecto natural y noble que tenía el tramo afectado: los improvisados bloques de cemento no sólo se comen casi un metro de acera, sino que rompen toda la estética del conjunto.

Un grande de la jardinería

Y es que el diseño de los jardines del Parque Doramas es el resultado de la colaboración entre el talento local y uno de los grandes referentes del paisajismo español del siglo XX: Nicolau Maria Rubió i Tudurí.

Rubió fue un arquitecto, urbanista y paisajista menorquín que alcanzó un gran reconocimiento por haber dirigido los jardines públicos de Barcelona, creando toda una filosofía y un estilo de vida que bebe del jardín mediterráneo.

Dejó su huella en Maspalomas y asesoró en los años 50 y 60 al Ayuntamiento de Las Palmas, colaborando en el diseño de sus jardines y los del Cabildo de Gran Canaria, según explica la arquitecta y paisajista Flora Pescador, que hace dos años dedicó una ponencia a Rubió i Tudurí en la Sociedad Económica de Amigos del País.

Un legado vivo

A la capital grancanaria trajo el concepto del jardín noucentista, que surgió en Cataluña a principios del siglo XX y es un estilo paisajista que recupera el clasicismo mediterráneo, la ordenación geométrica y la sobriedad, en contraposición a la exuberancia modernista, con terrazas, pérgolas, estanques y una vegetación cuidada que dialoga con la arquitectura, como demuestran sus intervenciones en la Plaza Manuel Becerra, el Castillo de La Luz y los jardines de Paseo de Chil, entre otras.

De hecho, en el propio parque Doramas, que fue proyectado por el arquitecto canario Miguel Martín-Fernández de la Torre junto al Pueblo Canario y la reforma del Hotel Santa Catalina, la zona de las fuentes y saltos de agua que imitan cascadas naturales se conoce formalmente como los Jardines Rubió en su honor.

Suya fue la idea de abrir un corredor verde desde el Paseo de Chil hasta el mar, de unir la ciudad alta con la baja a través de ese parque y de llenar la capital grancanaria de palmeras. Todo un salto transversal que anticipó la llegada del turismo.