Quienes estos días han intentado cruzar Las Palmas de Gran Canaria en dirección Norte conocen bien la escena. Esperar varios ciclos del mismo semáforo antes de poder avanzar. Encadenar retenciones en la Carretera del Centro, Primero de Mayo, Almatriche, la Avenida Marítima, Rafael Cabrera o el Paseo del Chil. Buscar, sin éxito, a un agente de la Policía Local regulando el tráfico en alguno de los cruces más conflictivos. Y comprobar que los semáforos siguen funcionando como si fuera un día cualquiera, pese a que alrededor de 130.000 vehículos que antes utilizaban la Circunvalación atraviesan ahora el casco urbano como consecuencia del cierre del viaducto del Guiniguada, en la GC-3.
La imagen resume el enorme desafío al que se enfrenta la ciudad. Pero también pone el foco sobre la capacidad del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria para gestionar una situación excepcional en un momento especialmente delicado para los servicios encargados de la movilidad. El Consistorio afronta esta crisis sin jefe del Servicio de Tráfico, con una plantilla insuficiente para cubrir todas las necesidades del departamento y con la Policía Local inmersa en un conflicto con el gobierno municipal por los impagos que denuncian los agentes.
Carencias estructurales
Fuentes municipales consultadas por Atlántico Hoy describen un Servicio de Tráfico con importantes carencias estructurales. La jefatura permanece vacante —a la espera de que se resuelva el concurso de méritos convocado— y varias plazas continúan sin cubrir, mientras los funcionarios y el personal administrativo trabajan con una carga de trabajo que limita la capacidad de respuesta ante incidencias de gran magnitud.
Las deficiencias no son únicamente de personal. También alcanzan a los medios técnicos con los que opera el servicio. Según las fuentes consultadas, el Ayuntamiento carece de un sistema moderno que permita modificar en tiempo real los ciclos semafóricos desde un centro de control. Cada cambio debe realizarse de forma manual. Y recalcan un detalle: "en la oficina donde se ubica el Servicio de Tráfico no tienen fibra óptica, aún están con ADSL".
"El servicio es tercermundista", resume una de las fuentes consultadas. Según explica, cualquier modificación obliga a desplazar a un operario hasta el semáforo correspondiente, abrir el armario de control instalado junto a la intersección y reprogramar allí los tiempos de paso. La renovación tecnológica del sistema quedó ligada al desarrollo de la MetroGuagua, por lo que la ciudad continúa dependiendo de un modelo que dificulta adaptar la regulación del tráfico a situaciones extraordinarias como la actual.
Tiempos semafóricos sin ajustar
La consecuencia es visible para cualquier conductor. Cruces diseñados para absorber el tráfico habitual de la ciudad soportan desde hace días un volumen muy superior de vehículos sin que los tiempos semafóricos puedan ajustarse con la rapidez que exige una situación cambiante. El resultado son largas colas que se desplazan de un punto a otro del municipio conforme avanzan las horas.
A ese escenario se suma el conflicto abierto entre el Ayuntamiento y la plantilla de la Policía Local. Los representantes de los agentes mantienen un pulso con el grupo de gobierno por diversos impagos y otras reclamaciones laborales, una tensión que coincide con uno de los momentos en los que la presencia de efectivos regulando manualmente la circulación adquiere una mayor importancia para aliviar los principales puntos de congestión.
Malestar de la patronal
Las consecuencias ya han comenzado a sentirse fuera del ámbito estrictamente urbano. La Federación de Empresarios de Transportes de Canarias (FET) ha advertido de que las retenciones están afectando de forma directa a la distribución de mercancías hacia el norte de Gran Canaria. Según la patronal, los tiempos de viaje se han incrementado de forma significativa y el consumo de combustible de los vehículos pesados ha aumentado cerca de un 25% como consecuencia de la circulación lenta, las constantes detenciones y los desvíos obligatorios.

El secretario general de la FET, José Ángel Hernández, considera imprescindible reforzar la gestión del tráfico mientras permanezcan las restricciones en la Circunvalación.
"Consideramos imprescindible que se doten y refrenden medidas de control permanente del tráfico en puntos claves como Torre Las Palmas, Plaza de América o las conexiones del túnel de San José y se adapten las programaciones de los semáforos para dar la máxima fluidez al tráfico que circula en dirección norte, ya que las conexiones marítimas del Puerto de la Luz también se están viendo afectadas", señala.
Debilidad municipal
La petición de los transportistas pone de manifiesto precisamente una de las mayores debilidades del sistema municipal ante una obra planificada por el Cabildo de Gran Canaria con meses de antelación —y para subsanar un error que se cometió cuando se ejecutó la Circunvalación: no impermeabilizar los viaductos—. La adaptación de los ciclos semafóricos, una de las medidas que más podría contribuir a mejorar la fluidez del tráfico, se encuentra limitada por una infraestructura tecnológica obsoleta y por un servicio que, según las fuentes consultadas, carece tanto del personal como de las herramientas necesarias para responder con la rapidez que exige una crisis de movilidad de esta magnitud.
Con miles de vehículos adicionales atravesando diariamente la capital y sin una solución inmediata al cierre del viaducto del Guiniguada, Las Palmas de Gran Canaria afronta una prueba inédita en los últimos años. El comportamiento de la red viaria será determinante durante las próximas semanas, pero también la capacidad de un Ayuntamiento que debe gestionar una emergencia circulatoria con un Servicio de Tráfico debilitado y una Policía Local enfrentada al propio Consistorio.
Añadir AtlánticoHoy como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
