Vegueta y Triana reciben cada vez más turistas, pero también empiezan a preguntarse cuánto espacio queda para quienes viven ahí y se trata de sus barrios. Las plazas alojativas del casco histórico de Las Palmas de Gran Canaria han crecido un 50,7% en apenas tres años, al pasar de 1.062 a finales de 2022 a unas 1.600 en 2025.
Un estudio de investigadores de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) compara esta transformación con la de Angra do Heroísmo, en Azores, otro casco histórico insular donde el turismo también ha crecido.
A pesar de sus semejanzas, las diferencias son las que dan una respuesta a los investigadores: no importa solo cuántos turistas llegan, sino cómo se introduce el turismo en el barrio.
Cada vez más plazas turísticas
En Vegueta-Triana, buena parte del crecimiento alojativo se ha producido mediante viviendas vacacionales y pequeños establecimientos insertados en edificios ya existentes. En 2022, 690 de las plazas disponibles correspondían al alquiler turístico de corta estancia, por encima de las vinculadas a hoteles y casas emblemáticas.
Este aumento ha hecho que el casco histórico pase de ser un lugar que muchos turistas visitaban durante unas horas a convertirse también en un espacio donde se alojan. Un proceso que, según el estudio, extiende la actividad turística hacia el tejido residencial.
¿Un barrio o "un gran hotel"?
Esa transformación es precisamente una de las preocupaciones que aparecen en las entrevistas realizadas por los investigadores a comerciantes, profesionales turísticos, trabajadores públicos y otros actores relacionados con ambos cascos históricos.
En Vegueta-Triana predominan las referencias a la pérdida de función residencial, el encarecimiento de la vivienda y una mayor presión turística sobre la vida cotidiana.
Una de las personas entrevistadas llega a describir Vegueta como un barrio que va camino de convertirse en “un gran hotel”. También aparecen quejas por la presencia continua de grupos turísticos y la sensación de saturación en algunos espacios, aunque no existe unanimidad sobre la gravedad del problema.
Alto número de restaurantes
La transformación también puede verse a pie de calle. En 2023 había 224 bares, cafeterías, restaurantes y establecimientos similares en Vegueta-Triana, unos 2,5 por cada 100 residentes. El estudio considera que su volumen supera de manera amplia la demanda que podría generar solo la población empadronada.
Los autores apuntan que esta concentración hostelera no nació con el reciente aumento del turismo. Triana y Vegueta ya eran zonas comerciales, culturales y de ocio. Sin embargo, las terrazas, el uso del espacio público y la orientación de parte de los negocios hacia los visitantes hacen cada vez más visible la turistificación.
Un barrio que pierde vecinos
A pesar de estos puntos, el estudio señala a su vez que el turismo no es el origen de todos los problemas residenciales. Vegueta y Triana ya venían perdiendo población y envejeciendo antes del actual crecimiento turístico.
Entre 2001 y 2021, ambos barrios pasaron conjuntamente de 7.536 a 7.206 habitantes, un 4,38% menos. Además, en 2021 había casi tres mayores de 65 años por cada menor de 15 en Vegueta-Triana, frente a alrededor de uno y medio por cada menor dos décadas antes.
El caso de Azores
La comparación con Angra do Heroísmo introduce una paradoja. Su casco histórico tenía en 2023 1.532 plazas alojativas para 2.594 residentes, unas 59 por cada 100 habitantes, una intensidad turística relativa incluso mayor que la de Vegueta-Triana.
La diferencia está en cómo se distribuyen. En Angra, el 63% de la capacidad alojativa está concentrada en hoteles, con 965 plazas, mientras el alojamiento turístico en viviendas suma 509. El turismo se encuentra así más concentrado en establecimientos hoteleros y menos disperso dentro del parque residencial.
Dos formas distintas de crecer
Y los efectos percibidos tampoco son idénticos. En Angra existen preocupaciones por la vivienda y la pérdida de población, pero el turismo se relaciona también con la rehabilitación del patrimonio y la revitalización económica. En Vegueta-Triana pesan más las referencias al vaciamiento residencial, el coste de la vivienda y la saturación cotidiana.
Eso no significa, según los investigadores, que un modelo sea bueno y otro malo. La principal conclusión es que los efectos dependen de la velocidad del crecimiento, el tipo de alojamiento y la capacidad de las administraciones para regular los cambios.
Qué puede aprender Vegueta-Triana
Es por ello que el estudio plantea reforzar la regulación del alojamiento turístico cuando entre en conflicto con la vivienda permanente, además de impulsar la rehabilitación y proteger el tejido residencial de los cascos históricos.
Porque el reto no pasa por dejar de recibir visitantes. La comparación con Azores apunta a algo más complejo como conseguir que el turismo ayude a mantener vivo el casco histórico sin que Vegueta y Triana dejen de ser barrios para convertirse en ese “gran hotel” que algunos ya temen.
Añadir AtlánticoHoy como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
