En 2023, los vecinos de La Paterna vieron los cielos abiertos con la promesa del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria de mejorar sus viviendas con un proyecto de rehabilitación. No obstante, en estos casi tres años, todo se ha convertido en una pesadilla para los residentes de calles como Ruperto Chapí y Federico Chueca.
Las obras, en lugar de mejorar sus vidas, “han causado un montón de problemas”, cuenta Eduardo Padrón, presidente de la comunidad de vecinos de uno de los alrededor de 20 portales afectados. Casas inundadas, ascensores sin luz, tierra amontonada y materiales de obras que ocupan las calles son algunas de las dificultades a las que se llevan enfrentando los habitantes de este barrio de la ciudad, que ya están “hartos”.
Un buen proyecto, mala ejecución
Las acciones en estas viviendas se enmarcan dentro del Plan Entornos Residenciales de Rehabilitación Programada (ERRP), que suma una financiación de 19,2 millones de euros — un 70% de fondos europeos NextGenerationEU y un 30% de fondos propios del Ayuntamiento —.
Durante 2023 y años siguientes, se han adjudicado los contratos de los diferentes bloques del barrio para hacer mejoras desde eficiencia energética, con la instalación de paneles fotovoltaicos; accesibilidad, poniendo ascensores, y mejora de la fachada con la aplicación de pinturas térmicas.
Y aunque todo suena genial en el papel, la ejecución, según los vecinos, no ha sido la adecuada. “La primera fase la empezaron hace tres años y todavía no la han acabado. Sin terminarla, se pusieron a hacer las demás y no han hecho ningún arreglo”, cuenta Padrón a este medio.

Casas inundadas
En su portal, por ejemplo, el personal de las obras no realizó bien el sellado de los balcones y a muchos vecinos se les ha inundado parte de la casa tras el paso de las lluvias. “El agua entraba tanto por arriba como por debajo y hay vecinas hasta a las que se les ha estropeado el parqué”, señala el presidente de la comunidad.
Y es que el agua ha sido un problema generalizado para todos los portales, sobre todo para los de la calle Federico Chueca, donde la empresa adjudicataria procedió a la retirada de las cubiertas de uralita y puso, como única protección, unos plásticos negros provisionales que han resultado ser insuficientes.

"Un sinvivir"
“Mucha gente está durmiendo en el salón o hay incluso a quién le han ofrecido ir a un hotel porque sus dormitorios están inundados. El agua cae a chorros y ha llegado hasta a dos plantas por debajo”, explica Carlos Hernández, residente de una de las calles afectadas, que apunta que gran parte de los vecinos se trata de personas mayores.
Darío Rodríguez es uno de los afectados de la calle Francisco Chueca. "Cuando quitaron las cubiertas, coincidió con la borrasca Emilia y empezamos a tener filtraciones. Tuvimos que achicar agua y quitar el plafón de las habitaciones, por lo que no tenemos luz en la habitación. Se estropeó la ropa de cama, el colchón, el ropero...", cuenta.
Todo ello "ha sido un sinvivir" para los vecinos, que han seguido sufriendo filtraciones con cada borrasca y lluvias que han ido transcurriendo durante diciembre y enero.

Ascensores inutilizables
Otro de los grandes dilemas de este proyecto son los ascensores. De los que había planteado instalar, “solo hay cuatro montados y no tienen luz”, por lo que “no están funcionando”, expone Hernández.
Tanto en su calle como en la de Padrón, se encuentran los huecos e infraestructuras necesarias para colocar los ascensores, pero no se ha hecho en estos años de obras. “La estructura de los ascensores está oxidada incluso antes de usarse”, indica Padrón, explicando que “la lluvia ha empeorado todo” y estos espacios están llenos de agua.
Basura, barro y materiales
Además de las casas, las calles también sufren las repercusiones de las obras. “La calle está hecha un basurero”, según Hernandez, que critica como pasaron “todas las navidades con tierra amontonada y todo lleno de barro”, además de los charcos que se formaron con las lluvias, que llegaron a ser "de un color verdoso", según Rodríguez. "Era insalubre vivir ya en este calle", critica.
A ello se suma los restos de las obras y el material, que “incluso ha dado problemas a las ambulancias para acceder y poder atender a los vecinos”, añade Hernández, y ha supuesto falta de aparcamientos, incluye otro de los vecinos afectados.
Quejas al Ayuntamiento
Ante esta situación, los vecinos ya se han quejado a Geursa, empresa a la que corresponde la dirección de obra de todos los proyectos, y al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria “múltiples veces por escrito”.
Rodríguez expone que "se le ha enviado fotos y escrito a Geursa muchas veces. Y todas las veces que vienen los técnicos con la constructora dicen que nos van a dar el seguro, pero a día de hoy no nos han dado ningún tipo de solución a los vecinos. En mi caso, me he visto en la obligación de meterlo en manos de abogados".
“Nos han mentido, no han cumplido nada y es todo un desastre”, denuncia Padrón, para quien, al igual que sus vecinos, las obras están suponiendo “un sinfín”. “Solo pedimos que hagan las cosas bien”, demanda.
A la carrera y mal
Hernández comparte estas mismas quejas y enfado: “Están haciendo locuras. Se han dejado ir con el presupuesto, se les ha venido el tiempo encima para cumplir los plazos y ahora están haciendo todo a la carrera”.
Con la desesperanza y el hastío de tres años de “chapuzas”, propias de Manolo y Benito en Manos a la obra, el vecino cree que “van a tardar meses y meses en solucionar todo”. “Solo con los techos de las casas, hay que esperar a que se sequen para poder arreglarlo y estar con la trapisonda de los seguros”, apunta. Todo esto ha sido “un abuso” para el que quieren una respuesta y acción.