“En política, siempre tienes que elegir entre lo que es correcto y lo que es posible”.
La frase que encabeza este texto, pronunciada en Borgen, no es solo una línea de guion: es una advertencia. Un recordatorio de que el poder no es un espacio de pureza, sino de decisiones imperfectas.
María Fernández ha construido su trayectoria precisamente en ese territorio incómodo, donde el idealismo convive con los límites de la realidad. Pero su historia no empieza ahí. Ni en un despacho, ni en una tribuna política. Empieza en una piscina.
Identidad entre dos orillas
María Fernández nació en Canarias, pero creció entre dos geografías emocionales. Las islas definieron su arraigo, mientras Galicia —tierra natal de sus padres— completó su identidad con otra forma de mirar el mundo.
Durante años, su vida se movió entre ambos territorios, entre veranos y navidades que consolidaron una identidad dual que ella misma resume con una expresión que no ha dejado de acompañarla: “hija del Atlántico”.
No es una fórmula retórica. Es una forma de entenderse como alguien capaz de habitar distintos espacios sin renunciar a ninguno. Una idea que, con el tiempo, también se trasladará a su forma de hacer política.
Disciplina, mérito, carácter
Antes de la política hubo una certeza: el esfuerzo. María Fernández fue durante años campeona de Canarias en natación. Representó al Archipiélago en competiciones nacionales e internacionales, incluidos campeonatos europeos y distintos open.
No es un capítulo anecdótico, sino el origen de su forma de estar en el mundo. La natación es un deporte de resistencia física, pero sobre todo mental. No hay atajos. No hay relato que sustituya al entrenamiento. Cada avance es el resultado de una acumulación silenciosa de horas.
Ahí se construye una ética: la del trabajo constante, la del sacrificio y la de una idea muy clara de justicia basada en el mérito. Esa lógica, tan evidente en el deporte, se vuelve mucho más compleja cuando entra en contacto con la política. Y es precisamente en esa transición donde empieza a definirse su perfil.
Derecho como escuela de realidad
Tras su etapa deportiva, María Fernández eligió el Derecho. Durante más de una década ejerció como abogada, en gran parte dentro del turno de oficio. Esa experiencia marcó un antes y un después. No tanto por lo jurídico, sino por lo humano.
El turno de oficio no es una teoría: es el contacto directo con las grietas del sistema. Ahí, los conceptos abstractos adquieren rostro. La desigualdad deja de ser un debate y se convierte en una vivencia concreta.
Ese paso por la abogacía no solo reforzó su vocación de servicio, sino que le permitió entender algo fundamental: la distancia entre el discurso público y la realidad cotidiana de muchas personas.
Salto a la política nacional
Su irrupción en la política institucional no se limita al ámbito autonómico. María Fernández también fue diputada en el Congreso —en la XIV Legislatura, entre 2002 y 2023—, una etapa que le permitió conocer desde dentro el funcionamiento de la política nacional.
El Congreso no es solo un espacio de debate, sino un lugar donde se negocian equilibrios, se construyen mayorías y se definen prioridades. Ahí, la política adquiere otra dimensión. Más estratégica, más expuesta, más condicionada por dinámicas que muchas veces trascienden lo estrictamente territorial.
Esa experiencia amplió su mirada y le permitió entender mejor cómo se articulan las decisiones que afectan a comunidades como Canarias en el marco del Estado. También le dejó una enseñanza clave: la política es, en gran medida, gestión de correlaciones de fuerza.
Territorio fragmentado
Si la política nacional le ofreció una visión global, su etapa como directora general de Transportes y Movilidad del Gobierno de Canarias —cargo al que llegó desùés de liderar los mejores resultados de Coalición Canaria en el Cabildo grancanario en 20 años— la sitúa en el terreno de la gestión concreta. Y no en cualquier ámbito. El transporte en Canarias es una cuestión estructural.
No se trata solo de mover personas, sino de garantizar derechos. De conectar territorios. De reducir desigualdades. En un Archipiélago fragmentado, la movilidad es una condición de posibilidad: determina el acceso al empleo, a la educación, a la sanidad.
Cada decisión en este ámbito tiene un impacto directo en la vida cotidiana de los ciudadanos.
Gratuidad del transporte
Uno de los hitos más relevantes en su etapa de gestión ha sido la implantación y consolidación de la gratuidad del transporte público para los residentes en Canarias. Una medida que no solo tiene un componente económico, sino también social y territorial.
Garantizar el acceso gratuito al transporte implica reducir barreras, facilitar la movilidad y avanzar en cohesión. Pero también exige una compleja arquitectura de financiación, coordinación institucional y sostenibilidad del sistema.
No es una decisión aislada, sino una política pública que requiere equilibrio entre distintos niveles de administración y una planificación a medio y largo plazo. En ese contexto, el papel de la dirección general ha sido clave para articular esa medida y adaptarla a las particularidades del archipiélago.
Porque en política, como sugiere Borgen, no basta con saber qué es lo correcto: hay que hacerlo viable.
Tensión entre lo ideal y lo posible
Toda su trayectoria puede leerse desde esa tensión. Desde la distancia entre el ideal y la gestión. María Fernández no pertenece a una generación de políticos ajenos a esa contradicción. Al contrario.
Su perfil se construye precisamente en ese equilibrio: mantener una mirada exigente sin perder de vista los límites del sistema. Ni la política es el espacio de la pureza, ni la gestión permite siempre aplicar soluciones ideales.
Y, sin embargo, es ahí donde se decide todo.
Cultura, series y aprendizaje
Su relación con las series no es anecdótica. Desde hace casi dos décadas, María Fernández se declara apasionada de este formato, con una trayectoria que comienza con The Wire y continúa con títulos como Juego de Tronos, Breaking Bad, Shameless o la propia Borgen.
Todas ellas comparten un elemento común: la exploración del poder y sus límites. No es solo entretenimiento, sino una forma de aproximarse a la complejidad de las decisiones en contextos reales.
En la tercera temporada The Wire, enfocada en la política, Marla Daniels, la esposa de Cedric Daniels. pronuncia una frase que condensa una idea incómoda sobre el poder: "You cannot lose if you do not play” (“No puedes perder si no juegas”). O lo que es lo mismo. Quien no entra en el sistema evita sus contradicciones, pero también renuncia a transformarlo. María Fernández eligió lo contrario. Eligió jugar.
La vida fuera de la política
Más allá del cargo, María Fernández mantiene una vida personal marcada por la cercanía y la diversidad de intereses. Valora el tiempo con sus amigos, las sobremesas largas, las conversaciones sin urgencia.
Practica surf y paddle, acude a festivales y conciertos, y mantiene una relación muy estrecha con la música. Su gusto es ecléctico: del rock al rap, del indie a la música clásica o el reguetón. Cada momento tiene su propia banda sonora.
Es hija única, pero ha construido una red afectiva sólida. Tiene una especial debilidad por los hijos de sus amigas, en ese papel de tita que combina afecto y complicidad. Además, durante años rescató y acogió animales, manteniendo hoy ese vínculo como parte de su vida cotidiana.
Leer para entender y decidir
Su relación con la lectura ha evolucionado con el tiempo. Tras años centrada en textos legales, su etapa política ha ampliado sus intereses hacia el ensayo. Filosofía, sociología, psicología, tecnología o innovación forman parte de su universo intelectual.
Leer, en su caso, no es un hábito pasivo, sino una herramienta para interpretar el contexto. Porque gobernar implica tomar decisiones en escenarios complejos, donde no hay respuestas simples.
Seguir nadando sin carril
Hay una imagen que resume su trayectoria: la de una nadadora que cambia la piscina por la política. Pero, en realidad, no abandona nada. Cambia el entorno. Sigue avanzando, resistiendo, dosificando esfuerzos. La diferencia es que, en política, el carril no está marcado.
Ya no hay referencias claras. Ya no basta con entrenar más que el resto. Ahí es donde la frase de Borgen adquiere todo su sentido. Porque, al final, gobernar es elegir. Entre lo correcto y lo posible.
María Fernández podría haber elegido quedarse fuera. No jugar. Pero decidió entrar. Y, como en la piscina, sigue nadando.
