Pedro Quevedo, por Farruqo.
Pedro Quevedo, por Farruqo.

Pedro Quevedo, el político que aprendió a resistir en una piscina

Médico antes que político, nacido en Caracas, criado entre Canarias y Euskadi, fundador de Nueva Canarias y protagonista de una de las negociaciones parlamentarias más decisivas de la última década, Quevedo ha construido su carrera desde la resistencia

Martín Alonso

En el waterpolo existe una paradoja que explica casi todo. El espectador sigue el balón, celebra los goles y protesta las expulsiones. Sin embargo, el verdadero partido transcurre bajo el agua. Allí, donde nadie mira, las piernas no dejan de trabajar un solo segundo para mantenerse a flote. Quien deja de moverlas, se hunde. Quien pierde la calma, pierde el partido.

Pedro Quevedo Iturbe aprendió esa lección siendo apenas un muchacho.

Décadas después, cuando su nombre ocupó portadas de toda España porque el Gobierno de Mariano Rajoy necesitaba exactamente un voto para aprobar los Presupuestos Generales del Estado, muchos descubrieron al político. En Canarias, sin embargo, quienes lo habían tratado durante años reconocían al mismo jugador de siempre: alguien que rara vez levantaba la voz, que prefería desgastar antes que golpear y que parecía sentirse más cómodo negociando durante horas que pronunciando un gran discurso.

La política terminó convirtiéndolo en el célebre diputado 176. El waterpolo, probablemente, ya le había enseñado mucho antes cómo sobrevivir en ese tipo de partidos.

Venezuela

Nació en Caracas el 11 de marzo de 1956. Venezuela era entonces una tierra de oportunidades para miles de familias españolas que habían cruzado el Atlántico buscando un futuro mejor. Su padre, canario, trabajaba allí vinculado al sector marítimo. Su madre, Ana Iturbe, había llegado desde el País Vasco. Sus caminos terminaron cruzándose al otro lado del océano, donde formaron una familia que apenas unos años después regresaría definitivamente a Canarias.

Pedro tenía tres años cuando dejó atrás Venezuela. Apenas conserva recuerdos propios de aquella etapa, pero sí la conciencia de pertenecer a una generación de hijos de la emigración para quienes el Atlántico nunca fue una frontera, sino un puente entre dos mundos.

El primero fue Canarias. El segundo, Euskadi.

Su madre nunca permitió que esa mitad de la familia quedara reducida a un apellido. Cada verano significaba volver a Bilbao, a Plentzia, a los caseríos, a las reuniones familiares y a una manera muy distinta de entender la vida. Mientras el paisaje grancanario se construía entre barrancos, luz y océano, el norte le ofrecía montes húmedos, bosques y una cultura profundamente arraigada en la tierra.

Aquellos viajes terminaron formando parte de su educación sentimental.

Medicina

Con el paso de los años estudiaría incluso en Bilbao. Cursó allí el COU y comenzó Medicina antes de regresar definitivamente a Canarias para completar la carrera en la Universidad de La Laguna, donde se licenció en 1981.

Pedro Quevedo delante de la guagua con mensaje reivindicativo contra el genocidio en Palestina. /EFE. /Quique Curbelo
Pedro Quevedo delante de la guagua con mensaje reivindicativo contra el genocidio en Palestina. /EFE. /Quique Curbelo

La medicina acabaría marcando su vida tanto como la política. No fue un título universitario más. Ejerció durante años como médico, especialmente en Atención Primaria y en Urgencias, dos lugares donde resulta imposible esconderse detrás de un despacho. Allí aprendió que un diagnóstico empieza mucho antes de una prueba clínica. Empieza escuchando.

Escuchar. Una palabra sencilla que aparece una y otra vez cuando personas de ámbitos muy distintos describen a Pedro Quevedo. Escucha antes de responder. Escucha incluso cuando ya conoce la respuesta. Escucha porque, como ocurre en una consulta médica, muchas veces la información importante llega cuando el otro cree que la conversación ya ha terminado.

Profesor en la ULPGC

Después llegarían el doctorado en Microbiología Clínica, la docencia como profesor asociado en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y las responsabilidades en el Colegio Oficial de Médicos. También participó en la creación del Sindicato Canario de la Salud, convencido de que la sanidad necesitaba defenderse no sólo desde las consultas, sino también desde las instituciones.

Nada hacía pensar entonces que terminaría dedicando prácticamente toda su vida a la política. O quizá sí. Porque la política llevaba tiempo rondándolo.

Había despertado durante los años universitarios, en una España que todavía aprendía a caminar en democracia. Participó en movimientos progresistas, colaboró en distintas organizaciones del nacionalismo canario y fue incorporándose, poco a poco, a una actividad pública que nunca abandonaría.

Pero incluso entonces seguía existiendo otro Pedro Quevedo, bastante alejado del retrato convencional del político profesional.

Escuela de disciplina

Quienes compartieron aquellos años recuerdan a un joven inquieto, aficionado al deporte y con una curiosidad casi inagotable por aprender. El waterpolo había ocupado una parte importante de su juventud. No era simplemente una actividad física. Era una escuela de disciplina.

A diferencia de otros deportes, el waterpolo apenas concede pausas. No existe un momento en el que el cuerpo pueda descansar completamente. Incluso cuando parece que el jugador está quieto, sigue realizando un esfuerzo enorme para mantenerse sobre la superficie.

Pedro Quevedo, concejal de Desarrollo Local, Empleo, Solidaridad, Turismo, Movilidad y Ciudad de Mar / AYUNTAMIENTO DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
Pedro Quevedo, durante una rueda de prensa en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. / AH

Con los años descubriría que la política funciona de una manera parecida. Los grandes discursos ocupan apenas unos minutos. Las votaciones, unos segundos. Las fotografías duran un instante. El trabajo verdadero transcurre lejos de los focos. En llamadas telefónicas. En reuniones. En conversaciones discretas. En documentos corregidos una y otra vez. En pactos que empiezan con un café y terminan de madrugada.

Quizá por eso nunca terminó de sentirse cómodo con la política convertida en espectáculo.

Román Rodríguez

Quienes han compartido despacho con él suelen describir a una persona que rehúye los gestos grandilocuentes y que prefiere dejar hablar al interlocutor antes de enseñar sus cartas. Esa manera de actuar terminaría convirtiéndose en una de sus principales señas de identidad.

También comenzó entonces otra relación que marcaría buena parte de la política canaria durante las siguientes décadas. La de Pedro Quevedo y Román Rodríguez.

Los dos coincidieron durante su etapa universitaria en La Laguna. Compartían formación sanitaria, inquietudes políticas y una determinada manera de entender el nacionalismo canario. Aquella amistad acabaría sobreviviendo a gobiernos, derrotas electorales, rupturas partidarias y algunos de los momentos más complejos de la política autonómica.

No era una relación basada únicamente en la estrategia. Existía confianza. Y eso, en política, suele durar menos que una legislatura.

Nueva Canarias 

Cuando Román Rodríguez llegó a la Presidencia del Gobierno de Canarias, Pedro Quevedo pasó a desempeñar una de las responsabilidades más delicadas del Ejecutivo: la Portavocía del Gobierno. No era un cargo pensado para el lucimiento personal. Exigía explicar decisiones difíciles, administrar crisis y ejercer de puente permanente entre la acción política y la opinión pública.

A comienzos del nuevo siglo, sin embargo, la política canaria empezó a moverse. Las diferencias internas dentro de Coalición Canaria terminaron provocando una fractura que cambiaría el mapa político del Archipiélago. Pedro Quevedo fue uno de los dirigentes que decidió abandonar aquel proyecto para empezar prácticamente desde cero junto a Román Rodríguez y otros compañeros.

Pedro Quevedo durante la presentación de su candidatura junto a Román Rodríguez. / EFE / Elvira Urquijo A.
Pedro Quevedo durante la presentación de su candidatura junto a Román Rodríguez. / EFE / Elvira Urquijo A.

Fundar un partido político nunca consiste únicamente en registrar unas siglas. Significa convencer. Recorrer municipios. Escuchar agravios. Reunir sensibilidades muy distintas. Aceptar derrotas. Volver a empezar.

Paciencia

Nueva Canarias nació en 2005 con esa vocación de construir un espacio propio dentro del nacionalismo progresista del Archipiélago. Aquel desafío exigía paciencia. Y si algo había aprendido Pedro Quevedo muchos años antes, mientras trataba de mantenerse sobre el agua en una piscina, era que la paciencia también puede convertirse en una forma de resistencia.

La paciencia terminaría llevándolo mucho más lejos de lo que probablemente imaginó cuando ayudó a levantar Nueva Canarias desde sus cimientos.

El partido fue creciendo poco a poco, sin la velocidad de las grandes formaciones, pero consolidando un espacio político propio. Mientras otros buscaban el golpe de efecto, Quevedo seguía cultivando un perfil discreto. No era el dirigente que más titulares acumulaba ni el que convertía cada intervención en un espectáculo parlamentario. Prefería otra forma de hacer política, menos visible y bastante más laboriosa.

Quizá porque seguía conservando una cierta mirada de médico. Ese hábito nunca lo abandonó.

De ahí que muchos de sus adversarios políticos, incluso quienes discrepan profundamente de sus posiciones, coincidan en reconocerle una capacidad poco frecuente para negociar sin convertir la negociación en una batalla personal.

Arte de huir

Hay otra virtud que quienes lo conocen suelen mencionar con una sonrisa. Pedro Quevedo posee un talento casi inexplicable para desaparecer de las reuniones eternas sin dejar tras de sí un solo gesto de enfado. Se marcha con educación, deja la impresión de que atenderá una cuestión urgente y, cuando los demás levantan la vista, hace ya varios minutos que ha escapado del salón sin que nadie se sienta ofendido. Es un detalle menor, pero dice bastante de una personalidad que nunca ha confundido la cortesía con la obligación de permanecer donde ya no aporta nada.

En 2011 dio el salto al Congreso de los Diputados.

Pedro Quevedo (NC) y Ana Oramas (CC) en el Congreso de los Diputados / EFE
Pedro Quevedo (NC) y Ana Oramas (CC) en el Congreso de los Diputados / EFE

Llegaba a Madrid representando a una formación pequeña, integrada en el Grupo Mixto, ese peculiar espacio parlamentario donde conviven partidos de ideologías, territorios e intereses completamente distintos. Quien consigue desenvolverse allí aprende rápido una lección esencial: la política española no siempre se decide en los grandes grupos. A veces basta un solo escaño para alterar el equilibrio de todo un país.

Eso ocurrió seis años después.

Apoyo a Rajoy

España atravesaba una de las legislaturas más inestables de su historia reciente. Mariano Rajoy gobernaba en minoría y necesitaba sumar apoyos para sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado. Las cuentas públicas dependían de un puñado de votos. Uno de ellos pertenecía a Pedro Quevedo.

De repente, un diputado elegido por una circunscripción insular pasaba a ocupar el centro del tablero político nacional. Las llamadas comenzaron a multiplicarse. También los viajes. Y las reuniones.

La Moncloa dejó de ser una imagen televisiva para convertirse durante varias semanas en un escenario casi cotidiano. Allí acudió en distintas ocasiones junto a Román Rodríguez para negociar un acuerdo que permitiera mejorar la posición de Canarias en los Presupuestos del Estado.

Aquellas conversaciones se prolongaban durante horas. Expedientes, cifras, inversiones, convenios, partidas económicas, transportes, carreteras, políticas sociales... Todo acababa sobre la mesa en beneficio de Canarias.

Negociación

Después, cuando las reuniones terminaban, todavía quedaban conversaciones más distendidas alrededor de una copa en el complejo presidencial. No era un espacio para las fotografías oficiales. Era el lugar donde muchas veces continuaban las conversaciones cuando desaparecían los asesores y se relajaba el protocolo.

Resulta difícil imaginar una imagen más alejada del ruido político que hoy domina tantas negociaciones. Sin mensajes publicados cada pocos minutos. Sin retransmisiones permanentes. Solo horas de conversación. El acuerdo terminó llegando.

Pedro Quevedo, candidato de Nueva Canarias a la alcaldía de Las Palmas de Gran Canaria, durante acto de la campaña electoral. / NC
Pedro Quevedo, durante un acto de la campaña electoral de 2023. / NC

Nueva Canarias respaldó aquellos Presupuestos y Pedro Quevedo pasó a ser conocido en toda España como el diputado 176. Durante unos meses, prácticamente cualquier análisis político nacional incluía su nombre. El hombre que representaba a un partido con un único escaño había terminado condicionando la estabilidad del Gobierno de España.

Nunca pareció sentirse especialmente cómodo con aquella popularidad. Quizá porque sabía que la política tiene una memoria muy corta. Hoy eres imprescindible. Mañana vuelves a ser un diputado más.

Las Palmas de Gran Canaria

Esa normalidad explica también que, mientras los focos nacionales apuntaban hacia Madrid, él mantuviera un fuerte vínculo con la política municipal de Las Palmas de Gran Canaria, donde ha desarrollado buena parte de su trayectoria institucional.

Nueva Canarias acumula ya once años como parte del gobierno municipal junto a PSOE y Podemos. Si el partido canarista tiene esa fuerza en el ayuntamiento capitalino es, para bien o para mal, en buena medida gracias a la figura de Quevedo, que no ha perdido habilidad política ni siquiera en un momento de crisis como la ruptura de su partido para dar paso a la formación de Primero Canarias.

En medio de ese cisma, ajeno al ruido, fue capaz de recuperar el control de Guaguas Municipales pese a perder la concejalía de Movilidad. 

Adiós al tabaco

Fuera de la política existe otro Pedro Quevedo mucho menos conocido. Hace unos meses decidió dejar definitivamente el tabaco y mantener viejas rutinas. El gimnasio. Las pistas de pádel del Real Club Náutico de Gran Canaria.

No hay en ello ningún afán por proyectar una imagen determinada. Más bien parece la consecuencia lógica de quien ha decidido cuidarse después de muchos años dedicados casi por completo al trabajo.

Barón Rojo

La música ocupa otro lugar importante. No responde a un gusto convencional. En su colección conviven Barón Rojo, una de las bandas fundamentales del rock español, compositores clásicos y grupos procedentes de Escandinavia. Pocas listas de reproducción mezclan universos tan distintos con tanta naturalidad.

Quizá esa diversidad también explique parte de su personalidad.

Imagen de Pedro Quevedo y Carolina Darias en Fitur / AYUNTAMIENTO DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA (1)
Imagen de Pedro Quevedo y Carolina Darias en Fitur / AYUNTAMIENTO DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA (1)

Hay días en los que cambia el despacho por una guitarra. Pocos saben que suele tocar junto a su peluquero, antiguo integrante del grupo grancanario Los Lola. No lo hace para exhibirse. Lo hace porque la música, como el deporte, ofrece un territorio donde desaparecen durante un rato los debates parlamentarios, los titulares y las negociaciones.

Menús en el Samoa

Tampoco ha renunciado a pequeños rituales cotidianos. Entre ellos, acercarse al restaurante Samoa, uno de esos establecimientos clásicos de Alcaravaneras donde todavía sobreviven la cocina y el ambiente de una ciudad que cambia mucho más despacio que la política.

Después de tantos años de vida pública, quizá sea precisamente eso lo que más llama la atención de Pedro Quevedo. No parece haber desarrollado esa necesidad de vivir permanentemente bajo los focos. Nunca ha construido un personaje. Nunca ha necesitado parecer otra persona distinta de la que era antes de entrar en política.

Continúa hablando de medicina con la misma pasión que de presupuestos. Puede detenerse a comentar un concierto de música clásica y, unos minutos después, discutir sobre financiación autonómica. Sigue sintiendo la misma curiosidad por aprender que cuando era estudiante.

Resistencia y disciplina

Y conserva un humor tranquilo, casi británico por momentos, que suele aparecer cuando las conversaciones abandonan la solemnidad. Quizá por eso resulte tan difícil resumirlo únicamente como político. Antes fue médico. Profesor. Sindicalista. Portavoz del Gobierno de Canarias. Fundador de Nueva Canarias. Diputado nacional. Concejal. Pero ninguna de esas etiquetas termina de explicar del todo al personaje.

Pedro Quevedo en la presentación de Gran Canaria Adventure / ACFIPRESS
Pedro Quevedo, en la presentación de Gran Canaria Adventure / ACFIPRESS

Porque, en realidad, el hilo que une todas esas etapas comenzó muchos años antes, en una piscina. Allí aprendió que las victorias nunca dependen únicamente del talento. Dependen de la resistencia. De la disciplina. De la capacidad para conservar la calma cuando alrededor todo parece acelerarse.

El público solo ve el balón. Los compañeros distinguen quién lleva el peso del partido. En política ocurre algo parecido. Los titulares suelen quedarse con el gol. Muy pocas veces cuentan el esfuerzo silencioso que permitió llegar hasta él.

Pedro Quevedo nunca ha parecido demasiado preocupado por esa diferencia. Quizá porque hace mucho tiempo comprendió que los partidos importantes rara vez se ganan sobre la superficie. Los gana quien sigue moviendo las piernas cuando nadie está mirando.

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