Juan Ramírez Said, por Farruqo.
Juan Ramírez Said, por Farruqo.

Juan Ramírez Said, el empresario que nunca dejó de conducir el camión de Tejeda

El CEO de Contactel Teleservicios y presidente del Círculo de Empresarios de Gran Canaria construyó su carrera con una idea aprendida junto a su padre en la Cumbre: trabajar duro, ayudar a los demás y pensar siempre más allá del beneficio inmediato

Martín Alonso

Cada vez que Juan Ramírez Said habla de empresa, en realidad está hablando de Tejeda. De un camión. De su padre. De una forma de entender el mundo nacida entre las montañas de la Cumbre grancanaria, donde el prestigio no lo daba el cargo, sino la palabra; donde ayudar a un vecino formaba parte natural del día y donde el futuro se construía sin prisas, pero sin descanso.

El resto llegó después.

La ingeniería en telecomunicaciones, Andersen Consulting, Estados Unidos, el sector público, Contactel, INETEL Technologies o la presidencia del Círculo de Empresarios de Gran Canaria pertenecen a una biografía profesional brillante. Sin embargo, para entender al empresario conviene regresar al muchacho que recorría las carreteras del centro de Gran Canaria sentado al volante de un camión. Allí aprendió lecciones que no aparecían en los libros y que tampoco encontraría años más tarde en la Universidad.

Raíces

Juan Ramírez Said nació en Las Palmas de Gran Canaria y creció en Zárate, pero una parte esencial de su identidad se encuentra en Tejeda, el lugar de procedencia de su familia paterna. En la Cumbre se sintió libre. El campo le enseñó una manera de relacionarse con el trabajo, con la comunidad y con el tiempo. Nada se conseguía de inmediato. Había que sembrar, esperar, cuidar y confiar en que el esfuerzo terminara ofreciendo frutos.

También descubrió que ninguna persona valía más por tener un puesto, una cuenta corriente o un apellido. La gente era juzgada por su capacidad para cumplir, por su disposición a ayudar y por el respeto con el que trataba a los demás. Décadas después, esa misma idea explicaría buena parte de su manera de dirigir empresas y de relacionarse con los trabajadores.

Acompañaba a su padre y lo ayudaba como conductor. Transportaba mercancías, conocía a vecinos de distintos puntos de la isla y se asomaba a realidades que no siempre coincidían con la suya. El camión era una herramienta de trabajo, pero también un observatorio. Desde aquella cabina aprendió a escuchar, a comprender otras formas de vivir y a asumir que detrás de cada necesidad existía una persona.

Ahorros para la Universidad

El trabajo le permitió además reunir un dinero extra para costearse los estudios. Su llegada a la Universidad fue posible por el esfuerzo familiar y, en buena medida, por el sistema público de becas. No es un detalle menor en su historia. Ramírez Said pertenece a una generación que pudo abrirse camino gracias al trabajo, pero también gracias a una estructura pública que ofrecía oportunidades a quienes no podían permitirse estudiar sin ayuda.

Juan Ramírez Said, presidente del Círculo de Empresarios de Gran CanariaCÍRCULO DE EMPRESARIOS DE GRAN CANARIA
Juan Ramírez Said, presidente del Círculo de Empresarios de Gran Canaria CÍRCULO DE EMPRESARIOS DE GRAN CANARIA

Antes de iniciar Ingeniería de Telecomunicaciones pasó por el Colegio San Agustín y por la Universidad Laboral, donde cursó BUP y COU. De esa etapa conserva amistades que han sobrevivido al paso de las décadas, a los cambios profesionales y a los distintos caminos que cada uno eligió. Algunos de aquellos compañeros terminaron desarrollando carreras políticas. Otros se dedicaron a ámbitos muy alejados de la vida pública. Todos continúan conectados a través de un grupo de WhatsApp que mantiene viva la conversación iniciada cuando ninguno sabía todavía en qué se convertiría.

Piloto de aviones

Ramírez Said sí tenía una vocación temprana, aunque no estaba vinculada a los ordenadores ni a las telecomunicaciones. Quería ser piloto de aviones. El sueño se quebró cuando tenía siete años, después de una operación en la vista que cerró la posibilidad de emprender aquella carrera.

El cielo, sin embargo, nunca desapareció por completo.

Con el paso del tiempo encontró otras formas de acercarse al vuelo. Durante una etapa se aficionó al aeromodelismo y todavía hoy acumula horas en simuladores. Quizá esa fascinación explique también su tendencia a mirar lejos. Un piloto no puede limitarse a observar lo que tiene inmediatamente delante; necesita anticiparse, interpretar señales y tomar decisiones antes de que aparezca el problema. En los negocios, Ramírez Said ha aplicado una lógica parecida.

Cuando baja de las nubes busca el mar.

Posee el título de patrón y encuentra en la navegación a vela un espacio donde desconectar de la intensidad de la gestión empresarial. También mantiene intacta su relación con el deporte. Antes de que el voleibol grancanario conquistara España bajo el nombre de Guaguas, defendió los colores del CV Calvo Sotelo. Hoy cambia la red por la raqueta. Continúa jugando al pádel, siempre que la agenda se lo permite, y es de los aficionados que sigue con atención el circuito profesional de tenis.

40 años de carrera

Su carrera profesional comenzó en 1985, cuando la tecnología todavía no ocupaba el centro de la vida cotidiana y la transformación digital no era una expresión repetida en consejos de administración, discursos políticos o campañas publicitarias. La informática pertenecía entonces a un territorio mucho más reducido, dominado por especialistas capaces de intuir un futuro que la mayoría aún no alcanzaba a imaginar.

Ramírez Said fue uno de ellos.

El presidente del Círculo de Empresarios de Gran Canaria, Juan Ramírez, en el centro de la imagen, durante la reunión de trabajo en Astican. / AH
El presidente del Círculo de Empresarios de Gran Canaria, Juan Ramírez, en el centro de la imagen, durante una reunión de trabajo en Astican. / AH

Su talento lo llevó hasta Andersen Consulting, una de las grandes firmas internacionales del sector, donde participó en proyectos con radio de acción en Nueva Jersey y Nueva York. La experiencia estadounidense le permitió conocer estructuras empresariales más avanzadas, otros métodos de trabajo y una economía que ya empezaba a comprender el alcance que tendría la revolución tecnológica.

Regreso a Canarias

Pudo haber orientado su carrera hacia los grandes centros internacionales de decisión. En cambio, mantuvo la mirada puesta en Canarias. Regresó convencido de que las Islas no debían limitarse a recibir tecnología desarrollada fuera, sino que podían crear conocimiento, empresas y empleo cualificado desde su propio territorio.

Su paso por entidades públicas canarias, entre ellas Inside, confirmó esa vocación. Allí participó en iniciativas relevantes para el Archipiélago y desarrolló una capacidad que terminaría siendo decisiva en su carrera: traducir el conocimiento técnico en proyectos útiles, viables y comprensibles para quienes debían utilizarlos.

Decisión clave

No le bastaba con que una solución fuera innovadora. Tenía que funcionar. Debía resolver un problema concreto y mejorar la vida de las personas o la actividad de las organizaciones. Aquella visión práctica procedía, de algún modo, del mismo lugar que el resto de sus convicciones: del camión de Tejeda, donde cualquier tarea tenía un sentido inmediato y cualquier esfuerzo debía servir para algo.

En 1999 tomó la decisión que marcó definitivamente su trayectoria.

Animado por su mujer, abandonó la seguridad del sector público y fundó Contactel Teleservicios. El salto exigía algo más que conocimientos tecnológicos. Requería valentía, intuición y la capacidad de asumir que no existían garantías. El mercado de los servicios de atención al cliente apenas empezaba a desarrollarse en Canarias y el concepto de empresa tecnológica distaba mucho de tener la dimensión actual.

Los miembros y vocales del Circulo de Empresarios, durante una visita a las instalaciones de Astican, acompañados por la presidenta de la Autoridad Portuaria de Las Palmas, Beatriz Calzada. / AH
Los miembros y vocales del Circulo de Empresarios, durante una visita a las instalaciones de Astican, acompañados por la presidenta de la Autoridad Portuaria de Las Palmas, Beatriz Calzada. / AH

Crear en Canarias

Ramírez Said no buscaba únicamente levantar una compañía rentable. Su ambición era crear desde Canarias una organización capaz de competir, innovar y generar empleo sin renunciar a sus raíces. Quería demostrar que una empresa nacida en las Islas podía crecer sin convertirse en una simple sucursal de decisiones tomadas a miles de kilómetros.

Los primeros pasos estuvieron llenos de incertidumbre. También de gestos de confianza que nunca ha olvidado.

Germán Suárez fue una de las personas que lo orientaron en aquella etapa. Ramírez Said lo considera un padre empresarial, una referencia a la que acudió en busca de consejo cuando las decisiones tenían más preguntas que respuestas. Otros empresarios también apostaron por sus ideas cuando todavía no existía una trayectoria que sirviera como garantía.

Uno de ellos llegó a invertir un buen puñado de millones de pesetas después de mantener una conversación telefónica con él. Ni siquiera se conocían personalmente. Bastó la explicación del proyecto, la seguridad con la que defendió la propuesta y la confianza que transmitió al otro lado de la línea.

Aquella llamada anticipó, casi sin saberlo, el futuro de Contactel.

Sin atajos

La empresa que nació alrededor de una idea y de un teléfono acabaría gestionando, años después, millones de conversaciones entre ciudadanos, clientes, compañías e instituciones. Pero en 1999 todo estaba por construir. Había que captar clientes, formar equipos, desarrollar tecnología y convencer al mercado de que Canarias podía albergar una empresa de servicios avanzados con capacidad para crecer.

Ramírez Said afrontó aquel proceso como había aprendido a hacerlo en Tejeda: trabajando sin atajos, tratando a todo el mundo por igual y mirando más allá del siguiente contrato.

El camión había cambiado de carretera. La forma de conducir seguía siendo la misma.

Juan Ramírez Said, durante una rueda de prensa del Círculo de Empresarios de Gran Canaria. / AH
Juan Ramírez Said, durante una rueda de prensa del Círculo de Empresarios de Gran Canaria. / AH

Compañía referente 

Veintiséis años después de aquella apuesta, Contactel Teleservicios se ha convertido en una de las referencias de las tecnologías de la información y la comunicación en Canarias. Reducir la compañía a la etiqueta de call center sería quedarse únicamente con la parte visible del proyecto. Detrás existe una organización especializada en servicios de atención al cliente, soluciones tecnológicas y gestión de procesos que atiende cada día a miles de ciudadanos.

Por sus plataformas pasan servicios tan conocidos como el 012 del Gobierno de Canarias, Binter, Canaryfly o Hospitales Universitarios San Roque, entre otros muchos. Son millones de conversaciones al año. Millones de oportunidades para resolver un problema, responder una duda o acompañar a una persona al otro lado del teléfono.

El cliente, en el centro

Quizá por eso una de las frases que más repite Juan Ramírez Said dentro de la empresa resulta tan reveladora: "Todos trabajamos para el operador". La expresión podría interpretarse como un principio comercial, pero en realidad encierra una forma de entender cualquier organización. El cliente ocupa el centro de todas las decisiones. El resto —directivos, departamentos, organigramas o cargos— solo tiene sentido si consigue que esa experiencia sea mejor.

Con el tiempo, aquella filosofía también terminó dando forma a un proyecto empresarial todavía mayor. La integración entre Inerza y Contactel permitió crear INETEL Technologies, hoy el principal grupo empresarial TIC de capital cien por cien canario. Una operación estratégica que consolidó una idea que Ramírez Said había defendido desde el comienzo de su carrera: Canarias no tiene por qué limitarse a consumir tecnología desarrollada fuera; también puede crearla, exportarla y convertirla en empleo de alto valor añadido.

Cena de Navidad de 2002

Sin embargo, quienes mejor conocen al empresario rara vez hablan primero de cifras de facturación, contratos o crecimiento. Prefieren contar pequeñas escenas que explican mejor su manera de dirigir.

Una de ellas ocurrió en 2002.

La empresa celebraba una de sus primeras cenas de Navidad en el Real Club Victoria. Ramírez Said decidió sentarse junto a un grupo de trabajadores como uno más. Durante buena parte de la noche hablaron de la vida, de la empresa, de sus familias y de cualquier asunto menos de jerarquías. La conversación fue tan natural que, cuando alguien propuso que cada uno dijera en qué departamento trabajaba, varios de los presentes tardaron unos segundos en asumir que aquella persona con la que llevaban horas compartiendo mesa era el fundador y consejero delegado de Contactel.

Al principio pensaron que les estaba gastando una broma.

No era una estrategia de liderazgo diseñada por ningún consultor. Simplemente actuaba como le habían enseñado en Tejeda, donde nadie preguntaba primero qué cargo ocupaba el otro antes de empezar a conversar.

Óliver Alonso, CEO de Domingo Alonso Group, y Juan Ramírez Said. / AH
Óliver Alonso, CEO de Domingo Alonso Group, y Juan Ramírez Said. / AH

Valor para Canarias

Ese rechazo a las barreras innecesarias sigue definiendo su manera de trabajar. Quienes comparten el día a día con él aseguran que dedica el mismo tiempo a escuchar a un colaborador que a negociar con un gran cliente. Es firme cuando considera que debe serlo, pero no entiende la autoridad como un privilegio, sino como una responsabilidad.

Esa misma lógica explica otra de las constantes de su trayectoria empresarial.

Ramírez Said nunca ha entendido que el único objetivo de una empresa sea ganar dinero. Naturalmente busca que sus proyectos sean rentables; de lo contrario, dejarían de existir. Pero antes de cerrar una operación suele hacerse una pregunta distinta: ¿qué aporta esta decisión a Canarias?

Círculo de Empresarios

La respuesta condiciona muchas de sus decisiones. Siempre que resulta posible apuesta por proveedores del Archipiélago frente a alternativas más económicas llegadas desde fuera. No responde a un gesto romántico ni a una cuestión identitaria. Lo interpreta como una inversión en el tejido productivo de unas islas cuya economía necesita empresas capaces de fortalecerse mutuamente.

Ese compromiso también ayuda a explicar la implicación institucional que lo llevó a asumir la presidencia del Círculo de Empresarios de Gran Canaria. Quienes han seguido su trayectoria saben que rara vez separa el éxito de una empresa del progreso colectivo. Para él, ambos conceptos forman parte de la misma conversación.

Historia, series, gastronomía

Fuera de los despachos aparece una personalidad menos conocida.

La curiosidad tampoco termina cuando acaba la jornada laboral. Le apasionan la historia y la política, especialmente todo lo relacionado con la figura de John Fitzgerald Kennedy. Quizá por eso disfruta de series como House of CardsEl Ala Oeste de la Casa Blanca o The Crown, donde el poder aparece siempre acompañado de sus contradicciones.

Su círculo más cercano dibuja además a una persona poco dada a los artificios. Disfruta tanto de un arroz a la cubana preparado en casa como de repetir, casi por tradición, en el mismo restaurante cuando viaja a Madrid: Nuevo Gerardo, en la calle Alberto Alcocer. Se casó un sábado y el lunes ya estaba de nuevo trabajando. No por obligación, sino porque entiende el trabajo como una extensión natural de su manera de vivir.

Nieto de un palestino, padre de una hija y de un hijo, responsable de un grupo empresarial que da empleo a alrededor de 1.500 personas, Juan Ramírez Said podría resumir su trayectoria mediante cargos, balances o reconocimientos.

Sería una descripción correcta. Pero no sería la más precisa.

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Manuel Afonso, director territorial de CaixaBank en Canarias; José Valle, presidente del Círculo de Empresarios de Lanzarote; Juan Ramírez Said; y José Miguel González, director de Consultoría de Corporación 5. / AH

Cabina del camión

La verdadera biografía de Juan Ramírez Said probablemente no empezó el día que fundó Contactel ni el que asumió la presidencia del Círculo de Empresarios de Gran Canaria. Comenzó muchos años antes, en la cabina de un camión que atravesaba las carreteras de Tejeda mientras un padre enseñaba a su hijo que trabajar consistía, sobre todo, en cumplir la palabra, ayudar a quien lo necesitara y dejar el lugar un poco mejor de como uno lo había encontrado.

El camión desapareció hace mucho de su rutina diaria. La forma de conducir la vida, no.

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