La política canaria ha entrado en ese tiempo espeso en el que casi todo ocurre sin que nada sea aún definitivo. No hay campañas, pero sí movimientos. No hay listas cerradas, pero sí nombres que se repiten en conversaciones discretas, encuestas internas y reuniones orgánicas.
A poco más de un año de las elecciones de mayo de 2027, los partidos han comenzado a diseñar su arquitectura electoral en un escenario más complejo que el de 2023, condicionado por la fragmentación, la incertidumbre en los pactos y la tensión interna que siempre acompaña a la elaboración de candidaturas.
En ese proceso, cada formación proyecta una estrategia distinta, aunque todas comparten un mismo diagnóstico: la gobernabilidad será más difícil y dependerá menos de mayorías claras que de la capacidad para coser alianzas en un mapa cada vez más atomizado.
Coalición Canaria
Coalición Canaria afronta el ciclo electoral desde una posición de fuerza relativa. Tras el golpe de 2019, la recuperación de poder institucional en 2023 no solo le devolvió gobiernos, sino algo más valioso: cohesión interna y estabilidad orgánica. Hoy, el partido funciona con una estructura más ordenada, menos cuestionada y con liderazgos asentados.

El esquema de candidaturas refleja esa tranquilidad. Fernando Clavijo será el candidato a la Presidencia del Gobierno, sin discusión interna. En los cabildos, Rosa Dávila, Sergio Rodríguez, Oswaldo Betancort y Lola García representan la continuidad de un modelo que el partido considera exitoso.
Y en Santa Cruz de Tenerife, José Manuel Bermúdez apunta a repetir como candidato a la alcaldía de la capital, consolidando uno de los principales bastiones municipales del nacionalismo.
CC Gran Canaria
La incógnita de CC apunta hacia Gran Canaria. Allí, Coalición Canaria afronta la aparición de Primero Canarias. La escisión de Nueva Canarias no solo divide el voto nacionalista, sino que introduce un elemento de competencia directa en un espacio político ya fragmentado. Durante meses, la hipótesis de un pacto electoral entre ambas formaciones fue tratada como inevitable.
Hoy, esa posibilidad sigue viva, pero ya no se percibe como automática. Las relaciones personales y políticas a nivel local están marcando límites claros, y hay municipios donde el entendimiento se antoja improbable. Santa Lucía se ha convertido en símbolo de esas fricciones, donde los antecedentes recientes pesan más que las estrategias globales.

En paralelo, Coalición comienza a perfilar su presencia en la capital grancanaria, un territorio clave si aspira a ampliar poder. La irrupción de Esther Monzón en el debate municipal —con posicionamientos como la posible renuncia a la MetroGuagua en caso de gobernar— apunta a una estrategia de diferenciación clara. Mientras, Pablo Rodríguez consolida su liderazgo insular y se mantiene como referencia parlamentaria.
¿La alianza entre CC y Primero Canarias se cimentará a partir de la renuncia de espacios? ¿Cabildo para unos? ¿Parlamento para otros? ¿Juntos dónde sea posible? En la renunificación del nacionalismo canario en Gran Canaria aún queda mucha tela por cortar.
PSOE
Si Coalición Canaria llega con estabilidad, el PSOE lo hace con una contradicción estructural. Todo indica que volverá a ser el partido más votado, como ya ocurrió en 2019 y 2023, pero esa victoria puede volver a ser insuficiente para gobernar.
El problema no está en su suelo electoral, que se mantiene sólido, sino en el entorno político que lo rodea. El debilitamiento de los partidos a su izquierda reduce las opciones de reeditar mayorías progresistas, obligando a los socialistas a mirar hacia pactos más complejos o incluso improbables.

Ese contexto refuerza el liderazgo de Ángel Víctor Torres, que se mantiene como referencia indiscutida. Sin embargo, en el nivel insular y municipal aparecen matices que dibujan un partido menos homogéneo de lo que aparenta.
En Tenerife, Patricia Hernández volverá a intentar recuperar Santa Cruz, mientras que Luis Yeray Gutiérrez buscará consolidar su proyecto en La Laguna. El Cabildo tinerfeño abre una nueva etapa tras la espantada de Pedro Martín, con Tamara Raya y Mari Brito como principales referencias, en una pugna que refleja la recomposición interna del partido.
Gran Canaria concentra buena parte de las miradas. Carolina Darias afronta un desafío de alto desgaste: sostener la alcaldía de la capital en un contexto más adverso que en mandatos anteriores. En el Cabildo, la figura de Augusto Hidalgo genera incertidumbre, con la posibilidad de un salto a la política nacional que obligaría a redefinir el liderazgo insular.
En las islas no capitalinas, el PSOE también se enfrenta a decisiones estratégicas relevantes. Blas Acosta simboliza el dilema en Fuerteventura, entre continuidad o relevo —representado por Marlene Figueroa—. En Lanzarote, el partido maneja varias opciones —Dolores Corujo o Benjamín Perdomo— sin una definición clara, mientras que en La Palma Borja Perdomo emerge con fuerza tras asumir el control orgánico. En El Hierro, Alpidio Armas representa la continuidad en uno de los territorios donde el PSOE mantiene posición de poder.
Partido Popular
El Partido Popular llega a este ciclo con una ventaja que no tenía hace apenas unos años: gobierna y forma parte del Ejecutivo autonómico. Ese factor le permite proyectar imagen de gestión, pero también le obliga a gestionar contradicciones internas y externas.

La principal tensión estratégica del PP es clara: crecer sin ceder espacio a Vox y, al mismo tiempo, no cerrar la puerta a posibles pactos con la formación de ultraderecha. Ese equilibrio condiciona tanto el discurso como la elección de candidatos.
Manuel Domínguez será el candidato a la Presidencia, sin discusión. A partir de ahí, el mapa se vuelve más difuso. En Las Palmas de Gran Canaria, el partido ha optado por medir antes de decidir. Los nombres de Ángel Sabroso, Poli Suárez, Carlos Ester y Jimena Delgado aparecen en los sondeos internos, reflejando que no hay una apuesta cerrada.
En Tenerife, el liderazgo municipal en Santa Cruz no está definido, y dentro del partido gana fuerza la idea de un relevo, con Manuel Fernández emergiendo como posible candidato. En los cabildos, Lope Afonso en Tenerife es una apuesta consolidada, mientras que en Lanzarote Astrid Pérez podría protagonizar un movimiento estratégico para recuperar protagonismo institucional.
En Fuerteventura, Jéssica de León se perfila como candidata, y en La Palma el partido mantiene abiertas sus opciones. Pero es en Gran Canaria donde el PP se juega una de sus grandes apuestas. La candidatura al Cabildo sigue sin resolverse, y entre los nombres que circulan destaca uno con especial carga política: el posible regreso de Onalia Bueno como independiente.
La alcaldesa de Mogán, sin embargo, mantiene un discurso prudente que reivindica su proyecto insular y municipal —Somos Gran Canaria— sin atarse a siglas. Su figura simboliza, en cierto modo, la búsqueda del PP de perfiles capaces de ampliar su base electoral más allá del partido.
Primero Canarias y Nueva Canarias
La irrupción de Primero Canarias ha alterado profundamente el equilibrio del nacionalismo en Gran Canaria. Lo que durante años fue un espacio relativamente ordenado en torno a Nueva Canarias, hoy aparece fragmentado, competitivo y con difícil encaje postelectoral.
Teodoro Sosa se proyecta como candidato al Cabildo, con un perfil que combina gestión municipal y capacidad de influencia insular. En la capital, un último rumor agita el árbol: la posibilidad de que el candidato al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria sea Marcial Morales, que introduce un elemento de consenso que podría servir para aglutinar sensibilidades dentro del nacionalismo y contar con un amplio respaldo en el tercer sector.

Frente a ese empuje, Nueva Canarias llega a 2027 en una posición de debilidad inédita. La salida de cuadros y militantes ha erosionado su estructura, y el partido se enfrenta a una disyuntiva existencial: resistir o diluirse.
Los nombres que maneja reflejan continuidad más que renovación: Román Rodríguez —Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria—, Carmen Hernández —Cabildo de Gran Canaria— y Luis Campos —Parlamento—. Sin embargo, la clave no estará solo en las candidaturas, sino en su capacidad para integrarse en un espacio político más amplio.
La posibilidad de una alianza progresista a la izquierda del PSOE aparece como una de las pocas salidas estratégicas, aunque no está exenta de dificultades. En ese escenario, la decisión de Antonio Morales será determinante. Su continuidad o retirada puede marcar el futuro inmediato del nacionalismo progresista en la isla.
Vox
En este tablero en movimiento, Vox representa una incógnita de naturaleza distinta. Las encuestas le sitúan al alza, pero su implantación en Canarias sigue dependiendo en gran medida de decisiones que se toman fuera del Archipiélago.

Las candidaturas no están definidas y dependerán, como es habitual, de la dirección nacional. Esa dependencia limita su capacidad de anticipación, pero no reduce su impacto potencial. Su crecimiento puede ser decisivo en la configuración de mayorías, especialmente para un Partido Popular que necesitará decidir hasta qué punto está dispuesto a apoyarse en ese socio.
¿Alianza de izquierda?
En paralelo al reposicionamiento de los grandes partidos, en el espacio progresista a la izquierda del PSOE comienza a tomar forma —más como necesidad que como convicción, contexto en el que Drago Canarias se desmarca para andar su propio camino— la idea de una candidatura unitaria que agrupe a Podemos, Sumar, Izquierda Unida y Nueva Canarias.
No es un movimiento nuevo, pero sí más urgente que en ciclos anteriores. El desgaste electoral acumulado, la pérdida de representación institucional y la evidencia demoscópica de que concurrir por separado penaliza a todos han reactivado conversaciones discretas en las que el objetivo es claro: evitar la irrelevancia parlamentaria y recuperar capacidad de influencia en la gobernabilidad.

Sin embargo, el camino hacia esa hipotética confluencia está lejos de ser sencillo. Las diferencias estratégicas, las heridas acumuladas y, sobre todo, la disputa por el liderazgo y la confección de las listas siguen siendo los principales obstáculos. La unidad, con reparto de roles relevantes para autonómicas o generales, aparece como una posibilidad real sobre el papel, pero todavía frágil en la práctica.
Tensiones internas
A medida que se acerca 2027, el dibujo general empieza a tomar forma. Coalición Canaria busca consolidar su regreso al poder, el PSOE intenta convertir su hegemonía electoral en gobierno efectivo, el PP mide sus opciones entre crecimiento y riesgo, y el nacionalismo se fragmenta en Gran Canaria.
En medio de ese escenario, una certeza se impone sobre todas las demás: las próximas elecciones no se decidirán solo en las urnas, sino en la capacidad de los partidos para gestionar sus propias tensiones internas antes de llegar a ellas.

