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Una persona se pesa en una báscula / EUROPA PRESS
Una persona se pesa en una báscula / EUROPA PRESS

Perder peso antes de una operación puede reducir riesgos y acelerar la recuperación

La alimentación y el estado nutricional también marcan diferencias importantes, tanto durante la operación como en la recuperación posterior

Fernando Baquero

Antes de una cirugía, cada detalle cuenta. La preparación para una intervención quirúrgica empieza mucho antes de entrar en el quirófano. Y aunque las pruebas diagnósticas y las valoraciones médicas suelen acaparar la atención, hay otro factor que puede influir de forma decisiva en el resultado de la intervención: el estado nutricional del paciente.

Los especialistas recuerdan que llegar al quirófano con una composición corporal adecuada y un buen estado de salud metabólica puede ayudar a reducir complicaciones y favorecer una recuperación más rápida.

“La forma en la que una persona llega a una cirugía puede influir tanto en el desarrollo de la intervención como en la recuperación posterior”, señala Andrea López, especialista en Nutrición del Hospital Quirónsalud Tenerife. Por eso, añade, "trabajar previamente en la composición corporal y en los hábitos de alimentación puede marcar una diferencia significativa".

El impacto del exceso de peso

El exceso de peso va mucho más allá de una cuestión estética, en opinión de la especialista. “No solo supone una carga mecánica para el organismo, sino que genera un estado inflamatorio crónico que puede complicar el proceso quirúrgico y dificultar la recuperación˝, asegura.

López recuerda además que la obesidad suele ir acompañada de otras patologías que aumentan el riesgo durante una intervención. “Es frecuente que estos pacientes presenten diabetes, hipertensión arterial o apnea del sueño, condiciones que obligan a extremar las precauciones antes, durante y después de la cirugía˝, afirma.

Cirugías más complejas y más riesgos

El exceso de grasa corporal también puede hacer más compleja la labor del equipo médico. “Cuando existe una elevada acumulación de tejido adiposo, determinadas intervenciones requieren más tiempo y presentan una mayor dificultad técnica˝, explica Andrea López.

A ello se suman riesgos como un mayor sangrado durante la cirugía, complicaciones anestésicas, infecciones postoperatorias, problemas respiratorios o retrasos en la cicatrización de las heridas. “Todo esto puede traducirse en recuperaciones más lentas y estancias hospitalarias más prolongadas˝, apunta.

Aunque una buena alimentación es recomendable para cualquier paciente, la especialista destaca que existen determinadas intervenciones en las que optimizar la composición corporal adquiere una relevancia especial.

"”Lo vemos con frecuencia en cirugías traumatológicas, como las prótesis de rodilla o cadera, pero también en cirugía digestiva, abdominal, cardiovascular o bariátrica˝, explica.

En estos casos, añade, “reducir el porcentaje de grasa corporal mientras se preserva la masa muscular facilita el trabajo quirúrgico y permite que la recuperación funcional sea más rápida y segura”.

Más que adelgazar

Uno de los mensajes en los que más insiste Andrea López es que el objetivo no debe ser únicamente perder peso antes de una operación. “Cometeríamos un error si nos centráramos exclusivamente en la báscula. Lo realmente importante es mejorar el estado nutricional global del paciente˝, afirma.

En este sentido, recuerda que “una persona puede adelgazar varios kilos y, sin embargo, presentar carencias nutricionales que dificulten la cicatrización, aumenten el riesgo de complicaciones o retrasen la recuperación˝. Por eso, recalca, “el objetivo es llegar bien nutrido al quirófano, no simplemente llegar con menos peso˝.

Una alimentación que prepara al organismo

Una pauta nutricional adecuada puede aportar beneficios en distintos niveles. "Cuando mejoramos la alimentación, reducimos la inflamación sistémica, favorecemos un mejor control glucémico y cardiovascular y ayudamos a que el organismo afronte mejor el estrés que supone una cirugía", explica López.

La especialista añade que una pérdida de peso bien planificada también puede mejorar la respuesta a la anestesia y favorecer una cicatrización más eficiente. "La obesidad dificulta la correcta oxigenación de los tejidos y aumenta el riesgo de infección. Cuando mejoramos el estado metabólico del paciente, también mejoramos su capacidad de recuperación", señala.

Evitar las prisas y las dietas milagro

En las semanas previas a una intervención, muchas personas intentan adelgazar rápidamente. Sin embargo, la nutricionista advierte de que esta estrategia suele ser contraproducente. Por ello, recomienda que cualquier proceso de pérdida de peso esté supervisado por profesionales sanitarios.

“Las dietas milagro o excesivamente restrictivas pueden provocar una pérdida importante de masa muscular y generar déficits nutricionales en un momento en el que el cuerpo necesita exactamente lo contrario: estar fuerte y preparado para afrontar la cirugía˝, recalca.

La masa muscular también importa

La especialista recuerda que preservar la masa muscular es tan importante como reducir el exceso de grasa corporal. “El músculo desempeña un papel fundamental durante la recuperación y contribuye a mantener la funcionalidad del paciente después de la intervención˝, indica.

Además, destaca la importancia de asegurar una correcta ingesta de proteínas y de nutrientes como el hierro, la vitamina D, la vitamina C, el zinc y las vitaminas del grupo B. "Todos ellos participan en procesos clave como la cicatrización, la reparación de tejidos y la respuesta inmunitaria. Son elementos que pueden parecer pequeños, pero que tienen un impacto muy relevante en la recuperación del paciente", concluye.

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