Imagen de los presos en Fyffes./ CEDIDA POR RUBENS ASCANIO
Imagen de los presos en Fyffes./ CEDIDA POR RUBENS ASCANIO

90 años de Fyffes: el campo de concentración que Santa Cruz enterró bajo sus calles

Miles de opositores al franquismo vivieron allí hacinados, bajo el miedo constante a morir, en un espacio que las propias autoridades franquistas reconocían que doblaba su capacidad real

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El 10 de septiembre de 1936, las autoridades surgidas del golpe de Estado del 18 de julio habilitaron como centro de detención los almacenes bananeros de la compañía británica Fyffes, en Santa Cruz de Tenerife. Ese mismo día se trasladó hasta allí a los presos que hasta entonces se hacinaban en la prisión flotante (los barcos prisión fondeados en la bahía) y en la prisión anexa al Cuartel de Caballería, ya incapaces de absorber a tanta gente detenida tras el golpe.

Su nombre oficial fue Prisión Militar Costa Sur. Pero quienes conservan memoria familiar o académica de ella insisten en llamarla por lo que realmente fue: un campo de concentración. Por sus tres naves pasaron unas 4.000 personas a lo largo de los doce años en que funcionó como tal, y de allí salieron muchas de ellas hacia una desaparición de la que sus familias nunca volvieron a saber nada.

Hoy, aquel solar, situado en la avenida de los Reyes Católicos, en pleno centro de la capital tienerfeña, está completamente urbanizado. No hay placa que señale el lugar exacto donde estuvieron las naves, y quienes trabajan por recuperar esa memoria aseguran que ni siquiera se podrá investigar ya lo que hay bajo tierra.

Imagen editada por Atlántico Hoy que delimita la zona donde se situaba la prisión de Fyffes./ GRAFCAN
Imagen editada por Atlántico Hoy que delimita la zona donde se situaba la prisión de Fyffes./ GRAFCAN

De almacén bananero a campo de concentración

Los almacenes pertenecían a la Casa African Eastern, Spain, antes propiedad de la exportadora de plátanos Fyffes, y sus dueños los cedieron a los golpistas para su uso como centro de detención; el propio historiador Rubens Ascanio ha documentado que fue el patrón de exportadores Álvaro Rodríguez López quien cedió los primeros barcos para las detenciones masivas de julio de 1936.

Aquel 10 de septiembre, los presos de la flotante y del Cuartel de Caballería fueron trasladados allí, y los tres salones de la nueva prisión se bautizaron según sus primeros ocupantes: Caballería, Flotante y Guano, el antiguo almacén que conservó ese nombre —y ese olor— "hasta el final de su uso".

El nombre oficial que se le concedió Prisión Militar Costa Sur, pero, según explica Ascanio a Atlántico Hoy, popularmente se quedó con el de Fyffes "en las distintas versiones, más real o más ficcionada", y así se le siguió llamando hasta bien entrados los años 40.

Según recuerda Mercedes Pérez Schwartz, presidenta de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Tenerife (ARMHT), a Atlántico Hoy, en la presentación de un documental sobre memoria histórica un arquitecto tinerfeño confirmó que Fyffes ocupaba exactamente el solar donde hoy se alzan los grandes edificios de la avenida Reyes Católicos, en lo que entonces daba a las Ramblas.

Exterior de los cuarteles de la prisión de Fyffes./ Fotos Antiguas de Tenerife
Exterior de los cuarteles de la prisión de Fyffes./ Fotos Antiguas de Tenerife

Condiciones infrahumanas

El escritor José Antonio Rial, preso allí durante años antes de su exilio en Venezuela, describió el lugar como "un pútrido submundo de cloacas y canalillos, donde cientos de sujetos desarrapados se agitaban, inquietos y expectantes".

El grancanario Antonio Ojeda Medina, trasladado también a Fyffes, recordaba: "Estábamos hacinados en tres almacenes más de 3.000 hombres, invadidos por las chinches (...) Teníamos que dormir con los cuerpos casi pegados por la estrechez".

Los testimonios que ha reunido Rubens Ascanio y que ha trasladado a Atlántico Hoy coinciden en las pésimas condiciones higiénicas y en la dificultad para recibir noticias del exterior, en un vaivén constante entre los rumores esperanzadores sobre una posible liberación del archipiélago y las malas noticias que llegaban de los frentes de guerra. "Algunos testimonios hablan de envenenamientos de las comidas que provocaban diarreas y problemas digestivos bastante graves", añade.

Imagen de presos en Fyffes./ CEDIDA POR RUBENS ASCANIO
Imagen de presos en Fyffes./ CEDIDA POR RUBENS ASCANIO

"Había un miedo enorme a morir"

Apenas semanas después de su apertura ya se notaba el colapso: el diario La Prensa relató el 17 de noviembre de 1936 la celebración de la primera misa en la prisión, con unos 1.200 presos y "ellos mismos reconocían que estaban casi duplicando la capacidad real del espacio", apunta Ascanio—.

Con el tiempo llegaron a convivir hasta 1.400 personas a la vez con solo ocho baños y una docena de duchas. Ascanio cuenta la historia del dibujante Luis Ortiz Rosales, amigo cercano del poeta Domingo López Torres, quién salió de la prisión con una infección cerebral que muchos vinculan directamente a esas condiciones, y murió poco después.

Lo más atroz, según Ascanio, ocurría de noche. Desde mediados de agosto de 1936 hasta mediados de 1937 era práctica habitual leer por la noche listas con los nombres de los presos que iban a ser sacados de la prisión, sin que nadie supiera su destino.

"Había un miedo enorme a morir, que es una de las cosas más atroces", resume. Mercedes Pérez Schwartz conserva esa misma memoria desde el otro lado: a su abuelo, detenido en Paso Alto antes de ser trasladado a Fyffes, lo sacaban para llevarlo a limpiar las letrinas —"una forma de humillar y de desaparecer", dice ella.

Rubens Ascanio conserva, entre su documentación, una fotografía mejorada digitalmente del patio central de la prisión, que comparte en una página de Facebook dedicada a fotografías antiguas de Tenerife. Los comentarios, dice, "son muy emotivos": familiares que identifican a sus padres o abuelos entre los presos retratados. "Es bastante emocionante que por lo menos le pongan cara", resume.

Presos en la prisión de Fyffes./ CEDIDA POR RUBENS ASCANIO
Presos en la prisión de Fyffes./ CEDIDA POR RUBENS ASCANIO

La desparición de los republicanos

Un estudio encargado por el Gobierno de Canarias y la propia ARMHT, basado en once entrevistas y publicado en 2021, documenta 182 víctimas mortales de la represión franquista en Tenerife, repartidas en dos mecanismos bien distintos.

Por un lado, decenas de personas fueron formalmente juzgadas y fusiladas en la Batería del Barranco de El Hierro, en Santa Cruz —entre ellas, en enero de 1937, diecinueve militantes de la CNT—. Por otro, decenas más fueron "sacadas" de noche sin juicio alguno y jamás regresaron: son los desaparecidos.

Rubens Ascanio es tajante sobre su destino: "prácticamente el 100% acabaron en la fosa submarina que hay por fuera de San Andrés". Según afirma, existe un testimonio directo de quien pilotaba esa embarcación durante los primeros meses, el pescador Antonio Martín Brito, "Morín": horrorizado por lo que presenció, huyó de Tenerife en noviembre de 1937 hasta Marruecos en la misma barca, y su relato llegó a publicarse en la prensa del exilio republicano.

Inscripción en una escultura situada en la Avenida Reyes Católicos./ AH
Inscripción en una escultura situada en la Avenida Reyes Católicos./ AH

La memoria que no llega

Fyffes funcionó como campo de concentración durante unos doce años, hasta que a principios de los 50 entró en marcha la nueva prisión provincial que heredó su función; el edificio no fue derribado hasta avanzados los años 80, y no fue hasta 1999, impulsada por el Colegio Montessori, cuando se instaló la escultura que hoy es su único recuerdo público.

El solar en sí es uno de los pocos puntos de represión de la ciudad que probablemente nunca podrá investigarse: según Pérez Schwartz, se cree que allí podría haber restos de los presos encarcelados, pero la urbanización hace imposible localizarlos.

Tenerife es, según la viceconsejera de Justicia del Gobierno de Canarias, Carla Vallejo, la isla con más "oscurantismo" durante el franquismo, pero también la única donde aún no se ha exhumado a ninguna víctima, a diferencia de La Palma o Gran Canaria. "En Tenerife no hemos encontrado nunca nada", resume Pérez Schwartz.

Las peticiones para dar mayor visibilidad al lugar de Fyffes en sí llevan años sin prosperar: desde 2013 circula una demanda para rebautizar la avenida en su memoria, y en 2018 se propuso convertir el castillo de Paso Alto en un Museo de la Memoria Histórica, sin que ninguna de las dos iniciativas se haya ejecutado.

El 1 de septiembre, la Comisión Técnica de Memoria Histórica de Canarias dio cuenta de un proyecto de catalogación de los centros de detención de la isla. Ascanio cree que reunir esa documentación sería también "una forma de curación colectiva". Habrá que ver si, noventa años después, Fyffes encuentra por fin un lugar en ese catálogo.

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