Ana (nombre ficticio) recuerda que hace algunos años, incluso antes de la gran crisis económica de 2008, los imprevistos de la pequeña economía doméstica la situaron frente a la puerta del Monte de Piedad de Santa Cruz de Tenerife. Llevaba en el bolso una pequeña sortija de oro que había pertenecido a su madre, además de una cadena y un colgante, recuerdos de su juventud.
Comenta que no iba en busca de una venta, sino de una ayuda. Su hija entraba en la universidad y los gastos del primer trimestre la habían pillado sin margen. En unos minutos, tras la tasación y la firma del préstamo, salió con el dinero justo para cubrir las necesidades educativas. “No es fácil desprenderse de algo con valor sentimental, pero sabía que más adelante podría recuperarlo”, comenta con la vista puesta en el pasado.
Generación tras generación
Otro ejemplo es el que menciona J.G., quien también explica a Atlántico Hoy la gran ayuda que ha supuesto para su familia, generación tras generación, la existencia del Monte de Piedad.
“Desde generaciones anteriores en mi familia hemos financiado desde la compra de vehículos hasta estudios y vacaciones. No entiendo por qué, pero muchísima gente desconoce la existencia de esta oficina”, apunta.
Visión más social
Indica esta persona que el funcionamiento de los montes de piedad son muy claros y sencillos. “La oficina le tasa sus piezas y sobre la marcha le presta el 50% de esa tasación en préstamo a un año, a un interés 3 veces más bajo que un compro-oro”, añadiendo que en estas operaciones se cuentan con “todas las garantías del mundo”.
Asimismo, apunta que esta modalidad de préstamo permite alargar los tiempos para recuperar la joya, “con solo avisar, los empleados se encargan de mantener las piezas hasta que el cliente pueda renovar”. “Es una visión muchísimo más social y con vocación de ayudar, frente a la visión de negocio que tienen otros, que especulan a unos niveles alarmantes”, afirma.
Refugio silencioso
El Monte de Piedad de Santa Cruz de Tenerife lleva más de un siglo siendo ese refugio silencioso para miles de tinerfeños en apuros.
En la discreta fachada de estas oficinas, muchísimas personas han encontrado una solución a sus problemas, confiado un anillo, una pulsera o un reloj para afrontar facturas, estudios o un imprevisto, siempre con la ilusión de volver a recuperarlos.
Más de cien años
Nació a finales del siglo XIX como parte de la Caja General de Ahorros y Monte de Piedad, una iniciativa con raíz social para apoyar a los trabajadores de la isla, en una época sin banca accesible para todos.
En los años 50 y 60 vivió su auge, con miles de libretas de ahorro y empeños que ayudaron a muchas familias chicharreras a salir adelante, incluso financiando viviendas junto al Instituto de Crédito.
Servicios distintos
Los montes de piedad y las tiendas de compro oro comparten escenario -las joyas- pero ofrecen servicios muy distintos al ciudadano.
Mientras los escaparates de “compro oro” se han multiplicado en los últimos años, el papel de los montes de piedad sigue siendo mucho menos conocido pese a su larga tradición.
Préstamo frente a venta
La primera diferencia clave está en la naturaleza de la operación. En un monte de piedad la persona empeña su joya y recibe un préstamo con ese objeto como garantía. Si devuelve el dinero más los intereses pactados, recupera la pieza.
En cambio, en una tienda de compro oro lo que se realiza es una venta: el cliente entrega la joya a cambio de un precio y, salvo casos muy excepcionales con condiciones muy gravosas, se desprende de ella de forma definitiva.
Finalidad
Los montes de piedad nacen con una clara vocación social: facilitar crédito a quienes tienen difícil acceso a la banca tradicional, con una operativa regulada y un enfoque de inclusión financiera.
Las tiendas de compro oro, por su parte, persiguen un objetivo estrictamente comercial: comprar oro para revenderlo o fundirlo, sin un mandato social explícito detrás de su actividad.
Tratamiento de la joya
El tratamiento de la joya y las condiciones económicas cambia de un modelo a otro. En el monte de piedad la pieza se valora como garantía, se cuida su conservación y, si finalmente no se rescata, suele destinarse a subasta; los intereses del préstamo tienden a ser moderados y el posible excedente obtenido en la puja puede revertir en el cliente.
En el compro oro, en cambio, la joya se paga casi exclusivamente por el peso del metal, se presta poca atención al diseño o a las piedras y lo habitual es que acabe fundida en poco tiempo, con condiciones de recompra -cuando existen- mucho menos favorables para el consumidor.
Actividad estable
En Canarias, los montes de piedad mantienen una actividad estable, sin grandes caídas ni explosiones de demanda respecto a años anteriores.
El servicio lo prestan principalmente el Monte de Piedad de CaixaBank, con sede en Santa Cruz de Tenerife, y el Monte de Piedad de la Fundación La Caja de Canarias, con larga trayectoria en la provincia de Las Palmas.
7,6 millones de euros
La memoria de actividad de 2023 de este último refleja que el volumen de operaciones y de negocio se mueve en cifras similares al ejercicio previo, con más de 7,6 millones de euros tramitados y un peso creciente de las subastas de joyas a través de plataformas online especializadas.
Aunque la competencia de las casas de compro oro y las variaciones en el precio del metal han presionado los márgenes, estas entidades han respondido ajustando valoraciones para seguir siendo competitivas.
En conjunto, puede decirse que, a diferencia de otros productos financieros, los montes de piedad en Canarias continúan funcionando como una vía de financiación prendaria relativamente estable, que combina la atención presencial tradicional con herramientas digitales como las subastas por internet, y mantiene su espacio pese al auge de otros actores del mercado del oro.