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Cofradía de Pescadores de San Andrés, Santa Cruz de Tenerife |AH

Los vecinos de San Andrés no se rinden y escriben a Pedro Sánchez para que les ayude a salvar la Cofradía

La antigua Cofradía de Pescadores de San Andrés sigue en ruinas y los vecinos recogen firmas para evitar el derribo y lograr que el edificio se convierta en museo de la pesca

Este pasado mes de junio, vecinos de San Andrés dieron un paso más en su intento por salvar la antigua Cofradía de Pescadores y remitieron una carta al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para pedirle que interceda y evite el derribo de un edificio que consideran parte viva de la memoria marinera del barrio. 

En declaraciones a Atlántico Hoy, representantes vecinales comentan que harán lo que consideren necesario para salvarlo y lo hacen mientras el inmueble sigue degradándose y crece la sensación de que, si nadie lo remedia, el derribo acabará imponiéndose a la historia

Estado actual de lo que era la terraza del restaurante de la Cofradía |AH

Recogida de firmas

A pesar de lo expresado, la Cofradía de Pescadores de este barrio de Santa Cruz de Tenerife resiste, entre el abandono y la esperanza, en el corazón de un pueblo que se niega a verla caer. 

Mientras los vecinos recogen firmas de apoyo para evitar el temido final de la edificación, también empujan hacia la idea de convertirlo en un museo, no solo para exhibir las artes de la pesca, sino también para inmortalizar el recuerdo de todos aquellos que ayudaron a levantar el barrio con el fruto de la mar.

Un edificio que duele

Si nada lo remedia, el futuro de la antigua Cofradía de Pescadores de San Andrés pasa por la demolición”, comenta a este medio Marcos Cova, miembro de la Asociación de Vecinos El Pescador, mostrando la preocupación de parte de la vecindad que ya ha logrado reunir casi mil firmas, entre apoyos físicos y a través de Change.org, para intentar frenar el derribo. 

El estado actual de la cofradía hiere a cualquiera que lo mire con ojos de vecino. Basura acumulada, mobiliario destrozado y señales de abandono conviven en un espacio que, hace no tanto, fue punto de encuentro y vida comunitaria junto a la playa de Las Teresitas. La imagen contrasta con el valor sentimental y patrimonial que tiene para San Andrés, un pueblo de tradición marinera que no quiere perder otra pieza de su identidad.

Otra de las estancias de la Cofradía rodeada de basura |AH

La voz vecinal

Cova resume con claridad el sentir del barrio, destacando que la intención es enviar las firmas a la Dirección de Costas y el Mar, perteneciente al Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico con el fin de que reconsidere su postura sobre el inmueble. Aunque los rumores que les llegan no son halagüeños, la vecindad no se resigna y confía en que aún haya margen para evitar el derribo.

Desde la Asociación también han remitido una carta al presidente del Gobierno central, Pedro Sánchez, para pedirle que interceda en este asunto. “Ya nos agarramos a lo que sea”, expresan, con una mezcla de cansancio y determinación que retrata bien el pulso de esta lucha vecinal. No piden un imposible ya que reclaman que se escuche una propuesta razonable para un edificio que aún podría tener utilidad pública.

Un museo para San Andrés

La propuesta que más fuerza ha cobrado es la de reconvertir la antigua Cofradía en un museo o centro de interpretación de la pesca. No se trata solo de salvar paredes, sino de conservar una memoria colectiva que forma parte de la historia del barrio. La idea es que el edificio sirva para contar la pesca tradicional, el trabajo en el mar y el modo de vida que marcó a generaciones enteras.

La asociación vecinal también plantea que el espacio pueda acoger al Club Antequera y a otros colectivos vinculados al mar, de manera que el inmueble no quede como una pieza decorativa, sino como un lugar útil, vivo y compartido. Esa mirada encaja con el espíritu del barrio, donde cada rincón parece pedir continuidad más que el derribo. 

Memoria y futuro

La antigua cofradía se levanta junto a la playa de arena amarilla que cada día recibe a vecinos y visitantes. Ese contraste entre la belleza del entorno y la ruina del edificio hace todavía más urgente el debate sobre su destino. En ese lugar hubo actividad, conversación, meriendas, encuentros y vida social, un recuerdo muy diferente a la realidad actual.

Edificio de la Cofradía entre la playa de Las Teresitas y la de Hoya Fría |AH

Los vecinos insisten en que el problema no es solo administrativo, sino también cultural. Aseguran que la falta de relevo generacional ha ido apagando una forma de vivir ligada a la pesca, como sucede también en el campo, donde sostener el oficio se vuelve cada vez más difícil. Y precisamente por eso consideran imprescindible preservar, al menos, el testimonio material de esa historia.