La sombra que proyectan jacarandas, palmeras y un viejo pimentero podría convertirse en asfalto si prospera el proyecto del Ayuntamiento de Santa Cruz para demoler la iglesia de San Gerardo y transformar su entorno en 80 plazas de estacionamiento.
Es la advertencia que han lanzado los colectivos Los Árboles Hablan, Barrio de la Salud Verde e Iniciativas 10, que comparecieron para poner cifras y contexto a una actuación que, aseguran, “no se ha explicado con transparencia”.
Aparcamientos sí y árboles también
Miguel Ángel Hernández, portavoz vecinal, relató que conocieron el proyecto “por la prensa”, en una publicación de noviembre de 2025 en la que, subrayó, “no se mencionaba en ningún momento la tala de árboles”.
Comenta, además, que fue después, en reuniones vecinales, cuando muchos residentes descubrieron el alcance real de las obras. “No estamos en contra del aparcamiento, el barrio lo necesita, pero no a costa de eliminar zonas verdes consolidadas”, ha insistido.
Árboles afectados
El área afectada por las actuaciones municipales incluye tanto la parcela de la antigua iglesia como espacios ajardinados anexos y la plaza Pedro Schwartz. En total, comentan que se verán afectados una veintena de ejemplares de gran porte -entre ellos jacarandas, una araucaria, palmeras de distintas especies y dos palmeras canarias protegidas- además de arbustos y vegetación asociada.
Por otro lado, y según expuso Carmen De la Rosa, del colectivo Los Árboles Hablan, el análisis del proyecto municipal revela “contradicciones internas”. Mientras la documentación general minimiza la existencia de zonas verdes, la separata específica de jardinería sí contempla talas, podas y trasplantes. “No se reconoce adecuadamente el valor del arbolado existente, pero al mismo tiempo se planifica su eliminación”, resumió.
Encargaron su propio informe
Para respaldar sus críticas, los colectivos encargaron un informe ambiental que cuantifica el impacto de la intervención. La desaparición del arbolado supondría, entre otros efectos, dejar de captar entre 440 y 620 kilos de CO2 al año, reducir la producción de oxígeno en más de dos toneladas anuales y perder hasta 400 kilos de filtrado de contaminantes. A ello se suma un incremento de la temperatura superficial de entre 3 y 5 grados, menor infiltración de agua y pérdida de biodiversidad urbana.
“El arbolado no es decorativo, es infraestructura ambiental”, ha defendido De la Rosa, que alertó también de consecuencias en salud pública, ya que, según expuso, habrá mayor exposición a olas de calor, empeoramiento de patologías respiratorias y cardiovasculares y un impacto negativo en el bienestar psicológico.
Los vecinos plantean alternativas
Los colectivos cuestionan además la base técnica del proyecto. Denuncian la ausencia de estudios individualizados sobre el estado de cada árbol y la falta de una evaluación comparativa de alternativas que permita valorar opciones menos lesivas. “La pérdida del arbolado maduro es desproporcionada respecto al beneficio que se obtiene”, concluye el informe.
Frente a la propuesta municipal, los vecinos plantean alternativas. Sobre la mesa, varios solares del barrio sin arbolado -en calles como Cornisa, Guayañime o José Luis Miranda, además de una antigua cancha y espacios próximos al barranco de Molina- que podrían albergar aparcamientos sin sacrificar zonas verdes. A más largo plazo, defienden la construcción de un parking subterráneo que dé respuesta estructural a la falta de estacionamiento.
Marco legal
La reivindicación se extiende también a la plaza Pedro Schwartz, puesto que si se actúa para mejorar la accesibilidad, piden que sea “para ganar verde”, con más sombra y conservación de los ejemplares existentes, incluido un drago protegido.
El debate no es solo urbanístico, máxime teniendo en cuenta que los colectivos apelan a un marco legal que, sostienen, ampara la conservación del arbolado: desde la ley estatal de cambio climático hasta la reciente normativa canaria de protección del arbolado urbano, pasando por ordenanzas municipales y directrices europeas de infraestructura verde. En este punto, los vecinos indican que pondrán en marcha las iniciativas necesarias e, incluso, no descartan movilizaciones.
Mientras tanto, en las ramas de esos árboles que siguen en pie, continúan anidando aves y moviéndose polinizadores. Un ecosistema cotidiano que, de ejecutarse el proyecto tal como está planteado, podría desaparecer bajo una capa de asfalto provisional con vocación -temen los vecinos- de quedarse mucho más tiempo del anunciado.
