Imagen de Santa Cruz de Tenerife afectada por calima / EFE
Imagen de Santa Cruz de Tenerife afectada por calima / EFE

La Aemet pone freno a las previsiones sobre El Niño en Canarias: esto es lo que realmente puede provocar

Aemet explica que El Niño no tiene una influencia directa demostrada sobre Canarias, aunque la previsión estacional apunta a un otoño cálido y probablemente seco

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La Organización Meteorológica Mundial prevé que el fenómeno de El Niño continúe intensificándose durante los próximos meses y alcance su mayor fuerza hacia finales de año o comienzos de 2027. Su evolución vuelve a poner sobre la mesa una pregunta habitual cada vez que se desarrolla este fenómeno climático: ¿qué consecuencias puede tener en Canarias?

La respuesta, al menos de forma directa, es que pocas. La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) advierte de que no existe una relación suficientemente fuerte entre El Niño y el comportamiento del tiempo en las islas como para atribuirle un otoño o un invierno más cálido, seco o lluvioso. “En Canarias, El Niño no tiene una influencia directa”, explica a Atlántico Hoy el delegado territorial de AEMET en Canarias, David Suárez. A diferencia de otras regiones del planeta, especialmente las situadas alrededor del Pacífico, Australia, zonas de África o América, en el Archipiélago no se ha demostrado una señal estadística suficientemente importante que permita anticipar cómo será una temporada a partir únicamente de este fenómeno.

Otoño seco y cálido

Suárez insiste en que para conocer qué puede ocurrir en Canarias hay que atender principalmente a las previsiones estacionales y a los patrones atmosféricos que dominan el Atlántico. Y, de momento, esas previsiones sí dejan una señal clara para los próximos meses y es que Aemet considera que existe una alta probabilidad de que el trimestre comprendido entre septiembre, octubre y noviembre sea cálido en Canarias y que el escenario más probable sea también el de un otoño seco.

Sin embargo, el delegado territorial recalca que sería un error relacionar directamente esa previsión con El Niño. “Si tenemos un invierno más seco, no podríamos atribuirlo directamente a El Niño”, señala. Formaría parte de la propia variabilidad climática y de otros patrones atmosféricos que tienen un peso mucho mayor sobre las islas.

El Atlántico pesa más que el Pacífico

Uno de ellos es la Oscilación del Atlántico Norte, conocida como NAO, un patrón que describe las diferencias de presión atmosférica entre el anticiclón subtropical del Atlántico y las bajas presiones de latitudes más septentrionales. Su configuración puede favorecer o dificultar que las borrascas desciendan hacia latitudes cercanas a Canarias. “Lo que suele gobernar nuestro clima invernal es sobre todo la oscilación del Atlántico”, explica Suárez.

La posición y fortaleza del anticiclón también resultan determinantes. Un anticiclón situado más al norte puede actuar como bloqueo y modificar el recorrido habitual de las borrascas, permitiendo en determinados escenarios que algunas de ellas alcancen zonas más meridionales. Por eso, aunque El Niño pueda modificar la circulación atmosférica a escala global mediante las llamadas teleconexiones, esas alteraciones no llegan a Canarias de una forma suficientemente estable como para establecer una relación directa entre ambos fenómenos.

Un fenómeno que sí eleva la temperatura mundial

Esto no significa que El Niño sea completamente ajeno al clima de las islas. Suárez recuerda que una de sus consecuencias conocidas es el aumento de las temperaturas a escala planetaria. Durante los episodios de El Niño, las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental registran temperaturas superiores a las habituales. Esa enorme superficie oceánica libera más calor hacia la atmósfera y contribuye a elevar temporalmente la temperatura media mundial.

Ese efecto global puede formar parte del contexto climático en el que se encuentre Canarias, pero no permite afirmar que una determinada ola de calor, una sequía o un invierno especialmente cálido en las islas tenga como responsable directo a El Niño.

Fenómeno de El Niño / NOAA
Fenómeno de El Niño / NOAA
 

Menos huracanes en el Atlántico

Sí existe otra relación climática más conocida: la que mantiene El Niño con la actividad de huracanes en el Atlántico. Según explica el delegado de Aemet, las temporadas de El Niño suelen presentar una actividad ciclónica tropical inferior en la cuenca atlántica. El fenómeno favorece un aumento de la cizalladura del viento, es decir, variaciones en la dirección o velocidad del viento con la altura, que dificultan la organización y desarrollo de los ciclones tropicales.

“Normalmente cuando hay temporadas de El Niño la actividad ciclónica tropical es inferior”, señala Suárez. En este caso, sin embargo, existe otro matiz. Las previsiones indican que El Niño podría alcanzar su mayor intensidad a finales de 2026 o alrededor de enero y febrero de 2027, cuando la temporada oficial de huracanes del Atlántico ya habrá finalizado. Su periodo habitual se extiende hasta finales de noviembre.

Canarias, fuera de las zonas con una señal clara

Los efectos de El Niño sí están ampliamente documentados en otras partes del planeta. Puede aumentar la probabilidad de precipitaciones intensas e inundaciones en determinadas áreas de Sudamérica, África oriental o el sur de Estados Unidos, mientras que regiones como Australia o Indonesia pueden experimentar un mayor riesgo de sequía.

Canarias, sin embargo, no aparece entre las regiones donde esa influencia climática está claramente establecida. Por eso, pese a la intensidad que pueda alcanzar el actual episodio, desde Aemet llaman a diferenciar entre el contexto climático global y la evolución concreta del tiempo en las islas.

Las previsiones disponibles apuntan actualmente hacia un otoño cálido y probablemente seco en Canarias. Pero si finalmente llegan temperaturas especialmente altas o escasean las lluvias, El Niño no podrá señalarse automáticamente como responsable. “Decir que esa previsión está directamente afectada por El Niño en Canarias sería un error”, concluye Suárez.

¿Qué es exactamente El Niño?

El Niño es un fenómeno climático natural relacionado con el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial, especialmente en su zona central y oriental. Forma parte de un ciclo más amplio conocido como ENSO, por sus siglas en inglés, en el que se alternan tres fases: El Niño, La Niña y una situación neutral.

Cuando se desarrolla El Niño, ese calentamiento modifica la circulación atmosférica sobre el Pacífico y puede alterar los patrones de lluvias, temperaturas y vientos en distintas regiones del planeta. Sus efectos no son iguales en todos los territorios ni se producen siempre con la misma intensidad.

El nombre tiene su origen en los pescadores de las costas de Perú y Ecuador, que observaron desde hace siglos que, en algunos años, las aguas del Pacífico se calentaban de forma inusual alrededor de diciembre. Como el fenómeno solía coincidir con las fechas navideñas, comenzaron a llamarlo “El Niño”, en referencia al Niño Jesús. Con el tiempo, la expresión pasó a utilizarse en meteorología y climatología para denominar a esta fase cálida del sistema océano-atmósfera del Pacífico tropical.

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