La transmisión entre personas del hantavirus ligado al reciente brote asociado al cruceros MV Hondius “es extremadamente rara” y solo se produce en contextos de contacto muy estrecho, indica el vacunólogo y epidemiólogo Amós García, en declaraciones a Atlántico Hoy.
Aun así, advierte de que la gestión política y administrativa del episodio está siendo clave para aumentar o reducir el miedo social, advirtiendo que “hay que ser serios, no se puede improvisar con cuarentenas voluntarias ni permitir desembarcos sin control”.
Transmisión muy difícil y casos limitados
García subraya que la transmisión persona a persona de este virus exige “un contacto íntimo muy estrecho”, como el que se da en el ámbito de la pareja o, por ejemplo, en la atención sanitaria directa, cuando el profesional explora y maniobra sin saber aún que está frente a este patógeno.
Tomando como referencia el caso de la azafata que presentaba síntomas de hantavirus (finalmente ha dado negativo), García indica que, en algunos casos “muy esporádicos y muy raros” podría producirse el contagio en un contacto menos intenso, como una conversación prolongada, pero se trataría de situaciones “totalmente excepcionales y raras”, pero, insiste, "este caso no está confirmado".
Hantavirus: un virus conocido
El epidemiólogo destaca que se trata de un virus bien conocido por la comunidad científica desde hace décadas, a diferencia de lo que ocurrió con el SARS‑CoV‑2 en 2020.
“Se sabe cuáles son sus mecanismos de transmisión y eso ayuda a acotar el riesgo real”, señala, al tiempo que recuerda que a nivel global se registran muy pocos casos cada año.
“¿Quién demonios dio esa orden?”
Uno de los puntos que más preocupa al especialista es el desembarco en Sudáfrica de un grupo de personas que viajaban en el barco vinculado al brote. “La primera pregunta que me hago es cómo demonios bajaron del barco y pudieron embarcarse sin ningún tipo de problema en un vuelo comercial, ¿quién demonios dio esa orden de que podían bajar?”, cuestiona, calificando la decisión de “absolutamente inconcebible” en el contexto actual.
Para García, cualquier persona que haya podido estar en contacto con un caso debe someterse a vigilancia, como sucede con “cualquier enfermedad transmisible que tenga cierta entidad”. En su opinión, resulta imprescindible monitorizar a quienes descendieron del crucero mientras no haya transcurrido el periodo máximo de incubación, que sitúa entre una y siete semanas.
Cuarentenas obligatorias
El anuncio de que la cuarentena hospitalaria para las personas que llegarán en los próximos días podría ser voluntaria preocupa al experto y subraya que “una cuarentena, como su nombre indica, no es voluntaria, siempre es necesaria”, sostiene, rechazando la idea de que cada cual decida si se aísla o continúa con su vida normal y viajando en vuelos comerciales a su comunidad.
García recuerda que la cuarentena consiste en monitorizar a quienes han estado en contacto con enfermos o con personas sintomáticas hasta que se complete el periodo de incubación. No se trata, explica, de una medida pensada solo por el riesgo sanitario directo, sabiendo que la transmisión es difícil, sino también por el impacto en una ciudadanía ya golpeada por el “miedo, el pánico y el temor” que acompañan a cualquier crisis sanitaria. “La cuarentena no puede ser de voluntario ‘yo sí, yo no’; hay que ser serios”, insiste.
Un virus que no es el coronavirus
Ante las comparaciones inevitables con la pandemia de la COVID‑19, el epidemiólogo marca distancias. “No tiene nada que ver”, resume al comparar este virus con el SARS‑CoV‑2. Recuerda que, cuando surgió el coronavirus, “no se tenía ni idea” de cómo iba a evolucionar ni de qué medidas debían aplicarse, y que la información inicial, procedente en gran parte de China, minimizaba el papel de los portadores asintomáticos.
En el caso actual, insiste, el virus y su comportamiento son conocidos desde hace décadas. A diferencia del SARS‑CoV‑2, que tenía “un alto poder de contagio” por transmitirse por vía aérea, este patógeno requiere “un contacto directo muy estrecho, un intercambio de fluidos muy estrecho” para pasar de una persona a otra. Por ello pide “tranquilidad” y rechaza equiparar lo que sucede hoy con lo ocurrido en 2020.
Traslado controlado
Sobre el operativo diseñado para las personas que aún viajan en el crucero, Amós García considera lógico que no se permita el atraque y se recurra al fondeo. Según lo anunciado, los pasajeros serán trasladados en lancha a tierra, pasarán a vehículos “preparados y adaptados” y desde ahí irán directamente al avión con destino a sus países de origen.
El especialista defiende este modelo de traslado en vehículos cerrados, con el objetivo de evitar “susceptibilidades y más tensión en la ciudadanía”. Además, considera importante que el viaje de regreso no se realice en vuelos comerciales, para reducir al mínimo tanto los contactos como las percepciones de riesgo en otros pasajeros.
Sin vacuna, pero con explicación
La ausencia de vacunas y tratamientos específicos frente a este virus responde, a juicio de García, a dos factores principales. Por un lado, se trata de “una enfermedad muy escasa, muy grave, que afecta a poca gente”, lo que limita el interés económico de la industria. Por otro lado, se trata de un patógeno más presente en países “no precisamente desarrollados”, lo que dificulta aún más la apuesta por una vacuna.
El bajo número de casos hace “poco interesante para la industria trabajar en vacunas”, reconoce. Aun así, el epidemiólogo está convencido de que, si se hubiera producido “un problema de salud importante” a escala global, “todo el esfuerzo investigador se habría desarrollado para disponer de una vacuna, como se hizo con el coronavirus”.
Vigilancia y calma
Con el recuerdo aún vivo de la pandemia, parte de la población reprocha que “con el coronavirus también se dijo que no iba a pasar nada y pasó”. García matiza que entonces algunos plantearon que podría tratarse de un cuadro respiratorio leve, en función de la escasa y poco transparente información disponible.
Hoy el escenario es distinto, señala, y añade que se conoce el virus, se conocen sus vías de transmisión y se entiende el alcance real del riesgo. De ahí que el especialista recomienda mantener la vigilancia, exigir seriedad en las decisiones institucionales y, al mismo tiempo, evitar caer en el alarmismo. “No tiene nada que ver una cosa con la otra”, resume, apelando a una ciudadanía que necesita más certezas que desinformación.