Canarias mantiene activo el seguimiento de los casos confirmados de Fiebre del Nilo Occidental (FNO) y a casi nadie se le escapa que la situación ha generado inquietud. Al respecto -y en declaraciones a Atlántico Hoy- el epidemiólogo, Amós García, pide prudencia y recuerda que la presencia del virus no debe traducirse automáticamente en una situación de alarma.
Destaca García que, en la mayoría de los casos, la infección en humanos pasa desapercibida o provoca síntomas leves. “Solo en situaciones poco frecuentes el virus puede alcanzar el sistema nervioso y causar cuadros graves, principalmente en personas mayores o con una mayor vulnerabilidad previa”, añade.
“La infección por el virus del Nilo en humanos normalmente es asintomática o produce un cuadro muy leve”, explica el especialista, insistiendo en que los casos más severos no son los habituales y que se producen cuando el virus llega al cerebro y provoca una encefalitis.
El mosquito, imprescindible para la transmisión
El virus que provoca la FNO necesita un vector para propagarse. Ese papel lo desempeña el mosquito, que se infecta después de picar a un ave portadora y posteriormente puede transmitir el virus al picar a un mamífero, entre ellos una persona o un caballo.
Las aves migratorias actúan habitualmente como reservorio del virus. No se trata, por tanto, de una enfermedad que se transmita directamente de un caballo a otro o de un animal a una persona. “Si no hay picadura de mosquito, no hay enfermedad”, resume el epidemiólogo.
No se transmite entre personas
García subraya que tampoco existe transmisión persona a persona en condiciones normales. Las excepciones son extraordinariamente poco frecuentes y estarían vinculadas a circunstancias muy concretas, como una transfusión de sangre sin los controles correspondientes o la transmisión de una madre embarazada afectada a su hijo.
Teniendo en cuenta los tres casos confirmados en las caballerizas de San Bartolomé de Tirajana, el epidemiólogo y vacunólogo insiste en aclarar que el contacto con caballos no constituye un riesgo de contagio, subrayando que “para que se produzca la infección debe intervenir siempre un mosquito infectado”.
No es el mosquito tigre
La vigilancia mediante trampas instaladas en distintos puntos del Archipiélago ha contribuido a aumentar la confusión sobre los insectos implicados. Sin embargo, el mosquito relacionado con la transmisión del Virus del Nilo no es necesariamente el mosquito tigre, una especie asociada a otras enfermedades, sino que se trata de “un mosquito común”.
“Es otro mosquito diferente”, aclara Amós García. El experto considera razonable pensar que el vector capaz de transmitir el virus puede encontrarse en el entorno, por lo que recomienda mantener las medidas básicas de prevención, especialmente en las zonas donde se haya detectado circulación del virus o exista presencia de animales afectados.
Prevenir las picaduras
Salvo en casos diagnosticados y previstos, no es necesaria la vacuna para prevenir la infección, siendo la principal medida de protección evitar las picaduras de mosquito. Para ello, García recomienda recurrir a repelentes eficaces, utilizar ropa de manga larga y, siempre que sea posible, vestir prendas de colores claros.
También resulta importante eliminar el agua estancada, mantener limpios los espacios exteriores y utilizar sistemas de protección en viviendas, cobertizos y cuadras. Estas medidas reducen las posibilidades de que los mosquitos se reproduzcan y entren en contacto con personas o animales.
En relación a los efectos de la picadura, Amós García reitera que la mayoría de las personas infectadas no desarrollan síntomas o presentan un cuadro leve. En los casos poco frecuentes en los que la enfermedad reviste gravedad, el riesgo es mayor entre las personas de edad avanzada o con condiciones de vulnerabilidad. En cualquier caso, los expertos coinciden en llamar a la calma y extremar la protección frente a los mosquitos.
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