La desclasificación de miles de documentos judiciales vinculados al caso de Jeffrey Epstein ha vuelto a situar bajo el foco una de las tramas más oscuras y controvertidas de las últimas décadas. Los archivos, hechos públicos por la justicia estadounidense tras años de litigios y solicitudes de acceso, detallan contactos, comunicaciones y referencias geográficas que permiten reconstruir el ecosistema de relaciones del financiero, condenado por delitos sexuales y fallecido en prisión en 2019.
Entre ese ingente volumen de material aparecen varias menciones explícitas a Tenerife y otras referencias al Archipiélago canario, que, sin implicar hechos delictivos en las Islas, sí revelan cómo Canarias formaba parte del mapa mental, logístico y simbólico del entorno de Epstein y de algunas de las personas más cercanas a él.
Mensajes personales
Una de las referencias más claras a Tenerife aparece en un registro de conversaciones de WhatsApp incorporado a los archivos judiciales. En ese intercambio, fechado en abril de 2019, una interlocutora —a la que el Departamento de Justicia de EEUU protege al ocultar sus datos en el documento filtrado— responde a una pregunta directa sobre un posible viaje: "Decidí no ir a Tenerife, pero no quiero hablar de ello ahora". El mensaje forma parte de una conversación más amplia en la que se abordan cuestiones personales, hábitos de vida y propuestas de formación, sin que en ningún momento se describa actividad ilegal alguna relacionada con la Isla.
La conversación luego deriva luego hacia aspectos personales y cotidianos. La interlocutora afirma haber iniciado una dieta “normal”, trabajar por cuenta propia y estar realizando cursos de programación tras leer un libro recomendado por el propio Epstein previamente. Reconoce que aún no ha retomado las clases de inglés, aunque asegura estar esforzándose por ello, y subraya una mejora general en su situación personal y anímica, agradeciendo los consejos recibidos. El intercambio concluye con una referencia a una tercera persona que habría dejado de responder tras comentársele un posible encuentro laboral en París, y con una pregunta abierta sobre la situación personal del destinatario del mensaje.
Astrofísico Lawrence Krauss
El contexto de estos mensajes —privados, fragmentarios y desprovistos de explicaciones adicionales— es un buen ejemplo de por qué los documentos de Epstein son tan polémicos: contienen miles de referencias cruzadas, nombres de lugares y personas que, al salir a la luz sin una narrativa judicial cerrada, alimentan interpretaciones que requieren especial cautela periodística.
En uno de los registros de correos electrónicos incorporados a los archivos judiciales desclasificados —identificado como EFTA01212242— aparece una conversación en la que figura el astrofísico Lawrence Krauss —que pidió consejo a Epstein tras ser investigado por conducta sexual inapropiada—, en la que se menciona explícitamente un posible viaje a Tenerife. En el intercambio, se pregunta por ese desplazamiento y se indica posteriormente que finalmente no llegó a realizarse, sin que el documento aporte más detalles sobre el motivo del viaje ni sobre actividades vinculadas a la Isla. La referencia, de carácter puntual y no desarrollada, ilustra la presencia de Tenerife en comunicaciones del entorno Epstein, sin que de ella se desprenda la comisión de hecho ilícito alguno
Robert Maxwell
Más allá de Tenerife, los archivos incluyen documentación y referencias periodísticas sobre la muerte del magnate británico Robert Maxwell, padre de Ghislaine Maxwell, pareja de Epstein, una de las figuras centrales del caso y posteriormente condenada por tráfico sexual de menores —motivo por el que aún está en la cárcel—.
Robert Maxwell falleció en noviembre de 1991 tras caer al mar desde su yate, el Lady Ghislaine, en aguas próximas a Canarias, un episodio rodeado desde el primer momento de interrogantes financieros y personales. La presencia de recortes y referencias a ese suceso en los archivos refuerza la importancia que el Archipiélago tuvo, al menos de forma tangencial, en la historia familiar de una de las personas de máxima confianza de Epstein.
Profesor de la ULL
Los documentos también incluyen correos electrónicos y material técnico en los que se mencionan cables submarinos de telecomunicaciones que pasan por Canarias, un detalle que subraya el papel estratégico del Archipiélago como nodo de conexión entre continentes. Estas referencias aparecen en contextos tecnológicos y logísticos, sin relación directa con causas penales, pero ayudan a entender la amplitud de intereses que rodeaban al entramado financiero y de contactos de Epstein.
En ese mismo ecosistema documental figura el nombre de Ernesto Pereda, profesor de la Universidad de La Laguna, vinculado a un intercambio de comunicaciones en el que se exploraba su posible participación en una investigación sobre electroencefalogramas humanos. El propio Pereda ha explicado públicamente que rechazó cualquier colaboración tras conocer el origen de los fondos que financiarían el proyecto, un extremo que encaja con la cronología de los documentos judiciales y que refuerza la importancia de las decisiones individuales frente a contextos opacos.
Palmeras canarias
Otro detalle llamativo que aparece en los archivos es el interés expreso por las palmeras canarias (Phoenix canariensis) en el diseño paisajístico de una de las propiedades vinculadas a Epstein. En un intercambio de correos, se valora la idoneidad de estas especies por su adaptación al entorno, planteando incluso su disposición a ambos lados de un cauce artificial de piedra blanca.
Aunque pueda parecer anecdótico, este tipo de referencias ilustra cómo Canarias también aparece como símbolo estético y botánico dentro del universo material del financiero, reforzando la presencia recurrente —aunque periférica— del Archipiélago en los documentos desclasificados.
Contexto explosivo
Las referencias a Tenerife y a Canarias no implican, según los documentos analizados, ninguna actividad delictiva en las Islas, pero sí forman parte de un archivo judicial que sigue siendo profundamente sensible y polémico. La razón es doble: por un lado, la magnitud de los abusos cometidos por Epstein; por otro, la larga lista de nombres, lugares e instituciones que aparecen citados sin que ello suponga necesariamente responsabilidad penal alguna.
La lectura de estos archivos exige, por tanto, contexto, rigor y distancia, especialmente cuando afectan a territorios concretos como Canarias. Tenerife aparece en ellos no como escenario de delitos probados, sino como una pieza más en un mosaico global que sigue siendo objeto de escrutinio judicial, mediático y social.
