La calima ya no es un episodio puntual en Canarias. Según un estudio publicado en Nature y liderado por el Paul Scherrer Institute, en colaboración con el IDAEA-CSIC, las intrusiones de polvo sahariano están aumentando en Europa y las islas figuran entre los territorios más expuestos. En Canarias, estos episodios afectan ya al 40% de los días del año, lo que equivale a unos 146 días, casi cinco meses respirando aire con presencia de polvo del desierto.
El dato sitúa al Archipiélago por encima de otras zonas de España. En el sur peninsular, la frecuencia ronda el 35% de los días del año, mientras que en el noreste se mueve entre el 25% y el 30%. La diferencia se explica por la ubicación de Canarias, directamente expuesta al flujo de masas de aire procedentes del norte de África.
La calima aumenta
El estudio señala una paradoja importante. En Europa se han reducido las partículas procedentes del transporte, la industria y los hogares gracias a las normativas ambientales, pero el polvo del desierto sigue la tendencia contraria. Es decir, una parte de la contaminación baja, pero otra aumenta y complica la mejora general de la calidad del aire.
El trabajo, elaborado con datos de más de 100 estaciones durante la última década, apunta a que la cantidad de polvo del desierto en la atmósfera europea ha crecido entre un 10% y un 25%. En el sur de Europa, durante algunos días, la concentración media de polvo alcanza los 5,3 microgramos por metro cúbico. En el caso de España, el investigador Xavier Querol, del IDAEA-CSIC, advierte de que aproximadamente un tercio del año se producen episodios africanos y que, en una parte significativa de ellos, pueden superarse los valores diarios de protección de la salud para partículas en suspensión.
Por qué Canarias está tan expuesta
Canarias vive la calima de manera distinta a buena parte de Europa. Los vientos alisios suelen transportar polvo africano hacia el Atlántico y el Caribe, afectando directamente al Archipiélago. En otras situaciones atmosféricas, como anticiclones en el norte de África o bajas presiones en el entorno del Cabo de San Vicente, ese flujo puede desviarse también hacia la Península.
La cercanía geográfica de las islas al continente africano convierte a Canarias en una especie de primer receptor de muchas de estas masas de aire. Por eso, cuando el polvo se descuelga hacia el Atlántico, el impacto puede ser muy visible con cielos ocres, reducción de visibilidad, sensación de sequedad y un empeoramiento rápido de la calidad del aire.
Los investigadores vinculan el aumento del polvo del desierto con cambios en la circulación atmosférica y con una mayor sequedad en algunas zonas del norte de África. El calentamiento global y la emisión de gases de efecto invernadero favorecen esa desecación y la expansión de zonas desérticas, según explica el equipo del estudio.
Las supercalimas que batieron récords
Canarias ya ha vivido episodios extremos que sirven para medir hasta dónde puede llegar este fenómeno. Un estudio del CSIC confirmó que las supercalimas registradas entre 2020 y 2022 fueron las más intensas desde que existen registros en las redes de calidad del aire. Durante esos episodios, las concentraciones de partículas respirables PM10 alcanzaron valores máximos cercanos a los 5.000 microgramos por metro cúbico en puntos de Tenerife y Almería, y superaron los 5.250 microgramos por metro cúbico en Gran Canaria.
La diferencia con una jornada normal es enorme. En ausencia de calima, las concentraciones suelen ser mucho más bajas. En cambio, durante episodios severos, el aire puede cargarse de partículas hasta niveles que multiplican cualquier registro habitual.
No todo lo que llega es solo polvo
La calima se asocia de forma general al polvo del Sáhara, pero en Canarias la composición de las partículas es más compleja. El Laboratorio de Calidad del Aire de Canarias, AirCanLab, identifica cuatro fuentes principales de PM10 en las islas: sal marina, emisiones locales, polvo sahariano y contaminación industrial procedente de África continental.
Durante 2024, según los resultados del laboratorio, el 70% de esas partículas correspondía a polvo del desierto. A continuación aparecía la contaminación industrial africana, con entre un 15% y un 18%, seguida de la sal marina, con un 10%, y las emisiones locales, principalmente tráfico, con apenas un 2%. Este dato ayuda a entender que la calima no es solo arena en suspensión. Cuando las masas de aire llegan desde el norte de África, también pueden arrastrar nitratos, sulfatos, aerosoles orgánicos y metales asociados a actividad industrial. En determinados episodios, esos contaminantes pueden aumentar de forma notable respecto a sus niveles habituales.
La salud, el punto más delicado
El impacto de la calima no se queda en el cielo amarillo ni en la capa de polvo sobre los coches. La exposición a partículas en suspensión puede afectar especialmente a personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares, mayores, niños y pacientes vulnerables.
Estudios del CSIC y del Hospital Universitario de Canarias han demostrado que la exposición a concentraciones elevadas de polvo desértico durante episodios de calima empeora el pronóstico de pacientes ingresados por insuficiencia cardíaca. Uno de esos trabajos se realizó en Tenerife con 829 pacientes ingresados en el HUC entre 2014 y 2017.
En ese estudio, el 6% de los pacientes ingresados por insuficiencia cardíaca falleció durante el periodo analizado. De esos fallecidos, el 86% había estado expuesto a concentraciones altas de polvo sahariano, superiores a 50 microgramos por metro cúbico de aire.
Síntomas y grupos vulnerables
La calima puede contribuir a resecar las vías respiratorias, provocar tos, molestias torácicas, fatiga, palpitaciones o agravar enfermedades como el asma y la EPOC. También puede aumentar la demanda asistencial en urgencias durante los episodios más intensos.
En el caso de las personas con insuficiencia cardíaca, el riesgo es especialmente relevante. Esta enfermedad afecta sobre todo a mayores de 60 años y puede manifestarse con falta de aire, cansancio, dificultad para respirar tumbado y problemas del corazón para bombear sangre correctamente. Por eso, los investigadores insisten en la importancia de los sistemas de alerta. El propio estudio publicado en Nature plantea que Europa debería reforzar los avisos por concentraciones elevadas de polvo, de forma similar a lo que ya se hace con otros episodios de contaminación urbana.
Qué cambia para Canarias
Para Canarias, el mensaje es claro y es que la calima forma parte de la realidad climática de las islas, pero su aumento obliga a tomársela más en serio. No se trata solo de un fenómeno molesto o de una estampa habitual en determinadas épocas del año. También tiene efectos medibles sobre la calidad del aire y sobre la salud de una parte de la población.
El Archipiélago está en primera línea por su cercanía al Sáhara y por la frecuencia con la que recibe estas masas de aire. Si los episodios aumentan y algunos son más intensos, la información preventiva se vuelve clave. Estar pendiente de los avisos del Gobierno de Canarias y de la AEMET, reducir la exposición al aire libre en los días de mayor concentración, cerrar ventanas en los momentos más intensos y extremar precauciones en personas con patologías respiratorias o cardíacas son medidas sencillas que pueden marcar la diferencia.
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