Lejos de los circuitos turísticos habituales y sin rastro de colas, reservas online ni cartas en varios idiomas, existe un rincón de Gran Canaria donde la cocina sigue siendo exactamente lo que promete: comida casera, platos abundantes y precios de otra época. Un lugar pequeño, tranquilo y casi invisible para el visitante ocasional, pero muy conocido entre quienes saben dónde se come bien.
Un caserío rural que pasa desapercibido
En el norte de la isla, a apenas unos minutos del casco histórico de Guía, se esconde Casas de Aguilar, un pequeño núcleo rural que ronda los 220 habitantes. Se trata de un caserío agrícola, con un ritmo de vida pausado y una población muy vinculada al campo y a las tradiciones locales.
Aquí no hay hoteles, ni tiendas de souvenirs, ni terrazas pensadas para el visitante. Y precisamente por eso, el lugar conserva una autenticidad cada vez más difícil de encontrar en la isla.
Un pueblo pequeño con mucha historia
Casas de Aguilar pertenece al municipio de Santa María de Guía de Gran Canaria y debe su origen a antiguas explotaciones agrícolas que se asentaron en la zona norte del municipio.
El caserío se encuentra rodeado de fincas, antiguos caminos rurales y paisajes agrícolas que refuerzan su carácter discreto y alejado del turismo masivo.
El bar más famoso del pueblo
En este entorno sin artificios se encuentra uno de esos lugares que se recomiendan de boca en boca. Ca’ el Pastor es un bar de pueblo de los de toda la vida, sin decoración cuidada ni pretensiones estéticas, pero con algo que lo hace especial: raciones enormes, cocina casera y precios ajustados.
Es el típico sitio al que se va a comer bien, no a hacerse fotos. Mesas sencillas, ambiente local y platos que salen de la cocina como se han hecho siempre.
El plato estrella
Si hay un plato que se ha convertido en seña de identidad del bar son las papas sancochadas con mojo rojo. Papas suaves, bien cocidas, con ese punto que casi se deshace en la boca, acompañadas de un mojo intenso y tradicional que resume la cocina canaria más auténtica.
A eso se suman otros platos de comida casera, guisos sencillos y raciones generosas que hacen que muchos vecinos de otros municipios se acerquen expresamente hasta Casas de Aguilar solo para comer allí.
Casas de Aguilar no aparece en guías ni rankings gastronómicos, y eso forma parte de su encanto. Es uno de esos lugares que no buscan turistas, pero que terminan enamorando a quien llega por casualidad o por recomendación.
Un pueblo pequeño, sin adornos, donde todavía se come como antes. Y eso, hoy en día, es casi un lujo.
