Un hombre ha aceptado la pena de 11 años de cárcel y pagar 15.000 euros como indemnización, tras reconocer que es responsable de un delito de agresión sexual del que fue víctima su hija desde que tenía 4 años hasta los 17 con una frecuencia casi semanal.
Durante la celebración de la vista a puerta cerrada en la Audiencia Provincial tinerfeña, el procesado aceptó también que la imposición de la condena se tenga en cuenta la agravante de prevalimiento de relación de parentesco y que la víctima fue menor de edad durante el tiempo en el que duraron los abusos.
Prohibición de acercarse a la víctima
Otras penas accesorias son la prohibición de acercarse a menos de 500 metros a la víctima a lo largo de diez años después de salir de prisión, tiempo en el que tampoco podrá comunicarse con ella, y otros seis en los que está inhabilitado para realizar cualquier trabajo relacionado con menores.
Se da por probado que los abusos a la hija, que ahora tiene 26 años, se llevaban a cabo aprovechando que la esposa no estaba en la casa.
Cada vez más frecuentes
Las agresiones fueron siendo cada vez más frecuentes y de mayor gravedad y nunca trascendieron porque él le decía que sería su secreto.
A lo largo de este tiempo cuando la joven mostraba su desaprobación y desagrado el acusado para castigarla dejaba de hablarle, no la apoyaba en la casa, ni le daba permiso para estar con sus amigos.
Secuelas aún vigentes
Aunque la joven no ha sido nunca asistida por un psicólogo, la Sala da por probado que sufre secuelas aún vigentes que afectan a las relaciones adultas con los hombres.
Una vez presentada la denuncia el padre fue detenido en enero de 2025 y puesto en libertad al día siguiente tras imponer medidas cautelares de prohibición de acercarse y comunicarse con su hija y de salir del país por lo que se le retiró el pasaporte.
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