Imagen de un niño de camino al colegio / CANVA
Imagen de un niño de camino al colegio / CANVA

El bolsillo no solo sufre en septiembre: "Un curso escolar en Canarias puede costar más de 2.430 euros"

Sergio de la Fe (Consejo Escolar de Canarias) desvela el coste real: escolarizar a un menor en Canarias supera los 2.430€ anuales, mucho más allá de la 'cuesta de septiembre'

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marcos moreno

El bolsillo de las familias canarias no solo sufre cuando llega la vuelta al cole. Así lo asegura Sergio de la Fe, vocal titular del Consejo Escolar del Archipiélago por el sector de Familias. Advierte de que los gastos asociados a la vuelta al cole son solo el principio de una factura que continúa durante todo el curso. La inversión puede superar los 2.430 euros.

Asegura que para muchos hogares canarios septiembre es solo el primer golpe de un desembolso que continúa creciendo durante los nueve meses siguientes. El comedor escolar, la acogida temprana, la recogida tardía o las actividades extraescolares son solo algunos ejemplos que se deben sumar a los costes que asumen los padres durante el año.

Radiografía incompleta

De la Fe, quien también es vocal de FAPA Galdós, sitúa en torno a 680 euros por familia la inversión inicial que manejan las asociaciones de familias de la escuela pública para afrontar el regreso a las aulas. Una cantidad que puede incluir uniformes, calzado, libros de texto y material escolar. Es decir, las compras habituales de cada año por la vuelta al cole.

El problema está, sostiene, en que esa cifra ofrece una imagen incompleta del coste real de escolarizar a un menor durante todo un curso.

Conciliación

“El primer palo está en la llamada cuesta de septiembre, pero a lo largo del año se nos va el presupuesto”, explica De la Fe. El representante de las familias señala directamente a los gastos de conciliación, las actividades complementarias y otros desembolsos que las familias continúan asumiendo pese a tratarse de la escuela pública.

Uno de los gastos que más elevan la factura es la necesidad de conciliar el horario escolar con el laboral. Según las cifras facilitadas por De la Fe, la acogida temprana puede rondar los 25 euros mensuales, mientras que la tardía puede sumar entre 15 y 20 euros más al mes.

Imagen de una niña en el colegio. / CANVA
Imagen de una niña en el colegio. / CANVA

Actividades extraescolares

A ello se añaden las extraescolares. Una actividad de inglés, por ejemplo, puede situarse de media en otros 50 euros mensuales por alumno.

El comedor supone otro de los grandes desembolsos. De la Fe sitúa las cuotas habituales entre 80 y 90 euros. Eso sí, subraya que el coste está aumentando como consecuencia de la subida del precio de los alimentos, los combustibles y el transporte.

Gastos hormiga

Al sumar los diferentes conceptos mencionados —los 680 euros iniciales, la acogida temprana, la recogida tardía, las actividades extraescolares o el comedor— y multiplicarlo por los 10 meses que tiene el año académico, la cifra es clara: queda una estimación de 2.430 euros por curso escolar.

Una cantidad que, según De la Fe, todavía puede quedarse corta. “Durante el curso se rompe la mochila, hay que comprar más rotuladores o hay que cambiar el estuche. Tenemos un montón de gastos que pasan bajo el radar”, sostiene.

Microcréditos y pagos aplazados

Pero la cosa no queda ahí. La presión sobre las economías domésticas ha llevado, según señala el representante de las familias, a que algunos hogares recurran a microcréditos, tarjetas de crédito o pagos aplazados para afrontar la vuelta al cole.

“El gran aliciente ya no son los productos, sino la financiación que viene aparejada”, asegura. Añade que el fenómeno afecta sobre todo a una comunidad autónoma que define como “socioeconómicamente vulnerable”, donde determinadas familias pueden acabar recurriendo a nuevos créditos para afrontar pagos anteriores.

Imagen de un profesor en un aula / EFE
Imagen de un profesor en un aula / EFE

Libros de segunda mano

Las dificultades económicas también están modificando la forma en la que las familias compran los libros de texto. Cada vez es más habitual acudir al mercado de segunda mano, una alternativa que, según los portales consultados por las asociaciones de familias, puede permitir un ahorro de al menos 200 euros.

Asimismo, señala un problema adicional: muchos manuales incorporan ejercicios que deben realizarse directamente sobre el propio libro, lo que complica su reutilización en cursos posteriores. “Las editoriales y los claustros nos lo ponen difícil”, exclama.

Gratuidad de los libros

Uno de los puntos en los que De la Fe se muestra más crítico es en la anunciada gratuidad de los libros de texto por parte del Gobierno de Canarias.

En cualquier caso, aunque reconoce que supone una ayuda para las familias beneficiarias, rechaza hablar de una gratuidad completa. “Es un término muy grandilocuente, pero está totalmente inflado”, afirma.

Cuantías

Asevera que las ayudas cuentan con cuantías máximas que se sitúan en 150 euros en el primer ciclo de Primaria, hasta 220 euros en primero de la ESO y alrededor de 150 euros en FP Básica.

Además, recuerda que las familias se ven en la obligación de comprar otros elementos que acompañan a los manuales, como cuadernillos de trabajo, materiales escolares o licencias digitales, que quedan fuera de esas ayudas.

Estudiantes beneficiados

De la Fe cuestiona el número de estudiantes que podrán beneficiarse inicialmente de la medida. Según señala, la previsión trasladada por la Consejería de Educación es alcanzar a unos 70.000 alumnos, frente a los cerca de 250.000 estudiantes que cifra dentro del régimen general de la escuela pública.

De ser así, alrededor de 180.000 alumnos quedarían inicialmente fuera de las ayudas.

Los “copagos”

Más allá de los libros o del material, De la Fe pone el foco en otro desembolso que considera problemático: las aportaciones económicas que las familias realizan para financiar determinadas actividades de los centros.

El vocal del Consejo Escolar de Canarias sostiene que las actividades complementarias que se realizan dentro del horario lectivo son obligatorias y evaluables. Denuncia que, en determinados casos, sean las propias familias quienes tengan que financiar entradas, desplazamientos u otros costes asociados.

“Al tenerlo que pagar estamos hablando claramente de un copago”, exclama.

¿Por qué ocurre?

Atribuye esta situación a la falta de financiación suficiente de los centros: las actividades se consideran de interés educativo, pero los colegios e institutos no siempre disponen de recursos para sufragarlas.

Las familias terminan abonándolas directamente cuando se realizan o mediante lo que denomina —dice— una “mal llamada tasa de matrícula”, que consiste en determinados ingresos solicitados al inicio del curso.

“Las familias estamos inyectando cinco millones”

El vocal de FAPA Galdós realiza además una estimación del dinero que estos pagos pueden suponer en el conjunto de la enseñanza pública canaria.

Tomando como referencia una aportación media de 20 euros por alumno y una población cercana a los 250.000 estudiantes, calcula que las familias pueden estar aportando alrededor de cinco millones de euros al sistema.

“Las familias estamos inyectando en el sistema de manera irregular cinco millonazos de euros en un sistema infrafinanciado. ¿Esto tiene solución? Por supuesto. Si nosotros llegamos a un nivel de financiación, empezando por el mínimo que nos hemos impuesto por ley del 5%, tenemos y podemos que hacer porque hay dinero para todo”, denuncia.

La Constitución

Para De la Fe, esta situación entra en contradicción con el principio de gratuidad de la enseñanza obligatoria. “La Constitución mandata que la escuela obligatoria tiene que ser gratuita. Y gratis no deja lugar a dudas. Gratis es gratis”, defiende.

La acogida temprana y la recogida tardía representan, además, un caso particular. Según explica De la Fe, no es el centro educativo quien presta y financia directamente estos servicios, sino que son las propias familias las que se encargan de gestionarlos y sufragarlos, aunque puedan utilizar las instalaciones del colegio.

“No es dejarlos aparcados”

El problema de fondo, resume, es que el horario laboral de las familias y el horario lectivo de los menores no coinciden, lo que obliga a miles de hogares a buscar soluciones para poder llevar a sus hijos antes de que comiencen las clases o recogerlos después de que terminen.

“No es que queramos dejarlos aparcados, es que no nos queda más remedio”, concluye.

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