La muerte de Dolly Parton a los 80 años ha provocado una oleada de homenajes a una artista cuya influencia trascendió ampliamente las fronteras de Estados Unidos y de la música country. Autora de canciones como Jolene o I Will Always Love You, su nombre también quedó ligado hace unos años a Canarias, aunque de una forma bastante más inesperada, escrito en el casco de una pequeña embarcación que salió de La Gomera dispuesta a cruzar el Atlántico.
Fue en diciembre de 2021 cuando tres mujeres británicas, Kat Cordiner, Abby Johnston y Charlotte Irving, abandonaron la isla colombina a bordo de un bote de apenas 25 pies —algo más de siete metros y medio— al que habían bautizado precisamente como Dolly Parton. Su objetivo era llegar a Antigua después de recorrer unas 3.000 millas a remo y participar en el Talisker Whisky Atlantic Challenge, una de las pruebas de resistencia más exigentes del mundo.
De La Gomera al Caribe en 42 días
La aventura terminó convirtiéndose en una hazaña. Las tres mujeres alcanzaron English Harbour, en Antigua, después de 42 días, siete horas y 17 minutos en el océano, un tiempo con el que rebajaron en siete días el anterior récord para un trío femenino en la prueba, según publicó entonces The Independent.
Habían pisado tierra por última vez el 12 de diciembre. A partir de entonces, su rutina se redujo durante más de un mes a remar y descansar: dos horas trabajando con los remos y otras dos intentando dormir, en turnos que se repetían día y noche y sin apoyo exterior. Cuando finalmente llegaron al Caribe, reconocieron sentirse inestables después de tantos días sobre el agua, pero también abrumadas y felices.
El Atlántico, además, no se lo puso fácil. Durante la travesía soportaron temperaturas muy altas, enormes olas durante la noche, falta de sueño, ampollas y callos en las manos. Incluso tuvieron que convivir con la presencia de tiburones que seguían de cerca la pequeña embarcación. Y todo aquello ocurría a bordo del Dolly Parton.
El particular ‘Club Dolly Parton’
Pese a las condiciones extremas, el viaje estuvo lejos de convertirse únicamente en una sucesión de momentos difíciles. Cordiner, Johnston e Irving trataron de mantener el ánimo durante las más de seis semanas que pasaron en el océano y fueron compartiendo parte de la experiencia en sus redes sociales.
A su llegada a Antigua, los organizadores bromearon con que las tres habían conseguido que atravesar el Atlántico a remo pareciese una especie de Club Dolly Parton, entre karaoke, camisas hawaianas, purpurina en la cara y barras luminosas. Durante la travesía también tuvieron tiempo para celebrar la Navidad, la entrada del Año Nuevo y el cumpleaños número 42 de Kat Cordiner, para el que incluso descorcharon una botella de prosecco.
La elección del nombre de la embarcación terminó así encajando perfectamente con el espíritu que mostraron durante el desafío: una pequeña dosis de extravagancia y humor en medio de una prueba que llevaba sus cuerpos prácticamente al límite.
Una historia marcada también por el cáncer
Pero detrás del récord había una historia todavía más difícil. Kat Cordiner afrontó el desafío mientras convivía con un cáncer de ovario secundario, según recogió The Independent cuando las tres completaron la travesía. El medio británico señaló entonces que se creía que podía ser la primera persona en asumir un reto de estas características siendo paciente de cáncer.
Su historial médico había comenzado años antes. En marzo de 2019 le detectaron cáncer de cuello uterino mientras se sometía a un procedimiento de extracción de óvulos con vistas a poder tener hijos en el futuro. Posteriormente tuvo que someterse a una histerectomía radical y, después de conservar inicialmente los ovarios para poder realizar otra ronda de congelación de óvulos, estos también fueron extirpados.
Cuando parecía que el tratamiento había quedado atrás, en junio de 2020 comenzaron de nuevo los problemas. Cordiner volvió a recibir tratamiento y, durante ese proceso, los médicos encontraron además un tumor en su corazón, lo que obligó a detener inmediatamente sus entrenamientos. Primero fue tratado el cáncer y después tuvo que pasar por una operación cardíaca para retirar el tumor. Todo ello la mantuvo durante meses alejada de la preparación para cruzar el Atlántico. Sin embargo, tras recibir quimioterapia, radioterapia y someterse a la intervención, regresó al bote.
Un desafío para recaudar fondos contra el cáncer
La travesía no tenía únicamente un componente deportivo. Las tres británicas utilizaron el reto para recaudar fondos destinados a Cancer Research UK, Macmillan Cancer Support y The Royal Marsden Cancer Charity, organizaciones vinculadas a la investigación y la atención a las personas con cáncer.
Cordiner explicó entonces que los médicos le habían advertido de que probablemente no tenía “décadas, sino años” por delante, una situación que había cambiado su forma de afrontar la vida. Su intención, aseguraba, era aprovechar ese tiempo haciendo cosas que considerase importantes, pero también desafiantes y divertidas.
El reto que comenzó en La Gomera reunía ambas cosas. Más de 3.000 millas después, el pequeño Dolly Parton entraba en Antigua con sus tres tripulantes convertidas en plusmarquistas mundiales.
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