Canarias está rodeada de mar y tiene más de 28.000 piscinas al aire libre. A primera vista, podría parecer que encontrar un lugar donde darse un chuso no es un problema en las Islas. Sin embargo, los vertidos que causan el cierre de las playas y el hecho de que buena parte de esas piscinas pertenezcan a viviendas, urbanizaciones, hoteles y complejos turísticos, impide disfrutar de ello.
Y es que los últimos datos del Catastro contabilizan solo en la provincia de Las Palmas 15.892 piscinas y en Santa Cruz de Tenerife otras 12.412. Frente a estas cifras, la oferta pública se reduce solo a 100. Un panorama que se suma a los 403 puntos de vertidos al mar que hay en el Archipiélago.
Miles de piscinas, pero no para todos
Según el Registro de Piscinas de Uso Colectivo del Gobierno de Canarias, hay piscinas en alojamientos turísticos, comunidades de propietarios, instalaciones deportivas y centros municipales, entre otros espacios. Y la mayoría se encuentran en los grandes municpios turísticos.
Yaiza tiene 2.997 piscinas al aire libre; Tías, 2.129; Adeje, 2.011; La Oliva, 1.850; Teguise, 1.592; y San Bartolomé de Tirajana, 1.280. En Yaiza, por ejemplo, hay aproximadamente una piscina por cada seis habitantes, aunque eso no significa que los vecinos puedan utilizarlas.
El problema de las públicas
A la diferencia entre el volumen total de piscinas y la oferta municipal se añaden los problemas que arrastran algunas instalaciones públicas. En Tenerife, varias llevan años cerradas o pendientes de resolver cuestiones administrativas relacionadas con la aplicación de la Ley de Costas.
Es el caso de la piscina municipal de La Hornilla, en Candelaria, cerrada desde hace casi cuatro años. La Audiencia Nacional dio recientemente la razón al Ayuntamiento en su conflicto con Costas, aunque la instalación todavía debe completar los trámites necesarios para volver a abrir. También permanecen fuera de servicio las piscinas de Los Hilos después de que caducara la concesión estatal.

¿Y un baño en la playa?
En un panorama sin piscinas a las que acceder, y más estando en las Islas, la costa constituye uno de los principales espacios públicos para bañarse y, para muchos municipios, funciona como una alternativa a las piscinas municipales.
Sin embargo, tener el mar cerca tampoco garantiza un baño en condiciones. Temporales, mala mar o episodios de contaminación obligan cada cierto tiempo a cerrar zonas de baño. A ello se suma la presión que soporta una parte creciente del litoral canario.
Un litoral cada vez más presionado
El último informe de Greenpeace identifica 18 puntos críticos y alrededor de 150 kilómetros de costa canaria en riesgo. La organización estima, además, que las Islas pierden unos cuatro kilómetros de costa natural cada año como consecuencia de la urbanización y otras actividades humanas.
El documento recoge también 1.419 expedientes abiertos por infracciones relacionadas con la protección del litoral y advierte de que el cambio climático y la subida del nivel del mar aumentarán la presión sobre determinadas zonas costeras en las próximas décadas.

Más de 400 puntos de vertido al mar
A esta situación se suma el problema de los vertidos. El último Censo de Vertidos desde Tierra al Mar recoge 403 puntos en Canarias, de los que solo 112 cuentan con autorización vigente. Otros 75 están tramitándola y 216 no tienen abierto un expediente de regularización. El censo incluye vertidos de distinta naturaleza; sin embargo, los episodios de contaminación microbiológica sí han obligado a cerrar temporalmente varias zonas de baño durante los últimos meses.
Uno de los ejemplos más claros está justo en Yaiza, el municipio canario con más piscinas al aire libre. El pasado junio se prohibió temporalmente el baño en la playa pequeña de Playa Blanca después de que un atasco en una arqueta de la red de saneamiento provocara un vertido de aguas residuales que alcanzó la costa. No fue el único episodio del año, otras zonas de baño del municipio también han tenido que cerrar temporalmente por contaminación bacteriana.
En julio también se cerró la playa de Leocadio Machado, en El Médano, después de detectarse niveles de Escherichia coli superiores a los permitidos, aunque pudo reabrir tras obtenerse resultados favorables en nuevos análisis. Más prolongado fue el problema de Playa Jardín, en Puerto de la Cruz, que permaneció durante meses cerrada por contaminación fecal y ha vuelto a registrar restricciones puntuales.
Sin opciones para un chuso
La fotografía que dejan todos estos datos resulta paradójica. Canarias tiene más de 28.000 piscinas al aire libre y kilómetros de costa a su alrededor, pero eso no significa que todos los vecinos y vecinas tengan las mismas posibilidades de acceder a un lugar donde bañarse.
Mientras miles de piscinas se concentran en viviendas, urbanizaciones y establecimientos turísticos, la oferta municipal es mucho más pequeña, además de que algunas instalaciones públicas llevan años cerradas. Y cuando la alternativa es acudir a la costa, los cierres por contaminación recuerdan que vivir rodeados de agua no siempre significa poder darse un chuso en condiciones.
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