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Educación para adultos. /Freepik

La educación para adultos, un 'salvavidas' para miles de personas en Canarias

La falta de formación condena a parte de la población al desempleo o a la precariedad, los Centros de Educación para Adultos (CEPA) ayudan a construirse un futuro a quienes no pudieron formarse en infancia y adolescencia

En este curso, se han matriculado en la educación para adultos en Canarias 16.505 personas, unas 600 más que las que empezaron el curso anterior, según informa a Atlántico Hoy la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias. En un contexto en el que el Archipiélago encabeza las listas nacionales de absentismo tanto en la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) como en la Universidad, la educación para adultos absorbe gran parte de estos abandonos.

"Muchos alumnos que han dejado el instituto por diversas razones encuentran aquí su segunda oportunidad", explica a este periódico Belén González Matos, directora del Centro de Educación para Adultos (CEPA) Farola, en Santa Cruz de Tenerife. De hecho, explica, este es uno de los múltiples nombres que recibe este tipo de formación.

"Se le ha puesto muchos nombres a la enseñanza de adulto: enseñanza de segunda oportunidad, educación permanente, educación para la vida, Europa lo denomina long life learning (aprendizaje largo de la vida)", apunta la docente. Para la Unión Europea, añade, es "una prioridad, porque en Europa la población cada vez es más mayor y es importante formar a la a toda esta ciudadanía para que sea competente, esté actualizada, etcétera".

120 titulados al año

La falta de formación condena a la población al desempleo o a la precariedad, y estos centros suponen un salvavidas para muchas personas al margen del sistema. Según González, a esta etapa los alumnos jóvenes "vienen más motivados y no son absentistas", por norma general. Además, tienen una tasa de éxito (es decir, de titulación en Educación Secundaria) de alrededor del 25%: "de unos 500 que se matriculan en esta modalidad, acaban titulándose unos 120", cuenta.

En estos centros encuentran una formación que se adapta con más facilidad a sus vidas: cuentan con horario de mañana y tarde y con modalidad presencial, semipresencial o a distancia. "La presencial es la que más cuesta; en la semipresencial no hay absentismo prácticamente, porque la mitad del tiempo es online y suelen ser gente muy determinada, que trabajan o que han dejado de trabajar y están súper interesadas en sacarse su título".

Perfiles variados

En los centros de adultos, la Educación Secundaria se organiza de forma distinta a la ESO ordinaria. "Los cuatro cursos de la ESO se concentran en dos cursos", explica. Aun así, el ritmo no es comparable al de la enseñanza obligatoria. "No es una Primaria o Secundaria en la que están todos los niños desde septiembre hasta junio. Aquí se incorporan a lo largo del curso".

Pero los jóvenes rebotados de la ESO no son los únicos alumnos que tiene la educación para adultos: el perfil del alumnado es muy heterogéneo. "Tenemos muchísimos migrantes, mujeres que no se capacitaron en su día y ahora deciden retomar estudios", enumera Belén.

En el caso de las personas migrantes, la educación de adultos permite una incorporación más rápida al mercado laboral. "No pueden convalidar sus estudios porque tarda o es costoso, entonces prefieren sacarse un título básico en España y poder, con rapidez, irse a formaciones superiores o acreditar competencias", explica.

Mayores y necesidades especiales

Además de la enseñanza reglada, los centros de adultos desarrollan programas de capacitación digital, especialmente dirigidos a personas mayores y financiados con fondos europeos. "Es muy importante para que la brecha digital no constituya una brecha social", afirma. Entre el alumnado hay incluso "funcionarios y funcionarias jubilados" que buscan actualizarse para desenvolverse en trámites cotidianos.

También hay mucho alumnado con Necesidades Específicas de Apoyo Educativo (NEAE). "Tenemos educación primaria o inicial de personas adultas (EIPA) y ahí hay mucho analfabetismo: gente que no sabe leer ni escribir, personas que no saben español y que están aprendiendo el idioma. Entonces, ahí el ritmo es el que ellos deciden".

Alumnado que entra y sale del sistema

La motivación inicial suele ser alta. "El que viene, viene motivado", señala, aunque advierte de que "la vida lleva a la gente por otros derroteros" y las circunstancias personales pueden cambiar a lo largo del curso. Son estas circunstancias cambiantes las que hacen que sí haya un absentismo alto, aunque, al tratarse de educación no obligatoria, "más que de absentismo se puede hablar de un alumnado que entra y sale del sistema".

La matrícula abierta durante todo el curso dificulta establecer patrones estables de asistencia o de evolución del alumnado. "La gente retoma la enseñanza porque necesita formarse, pero luego le toca el trabajo, se le complica la vida a nivel familiar, mil cuestiones. Entonces, el alumnado varía".

En su centro, uno de los más grandes de Canarias, Belén estima una matrícula total de unos 1.100 alumnos, repartidos entre la sede y numerosas aulas descentralizadas en distritos, municipios, centros de mayores y recursos dependientes de servicios sociales, incluida la cárcel. De ese total, aproximadamente la mitad cursa Educación Secundaria.