El empleo en las zonas turísticas de Canarias podría pasar de unos 10 a unos 65 días de ola de calor al año por trabajador a finales de siglo, más de seis veces más, si las emisiones siguen altas. Es lo que calcula un estudio de la Universidad de La Laguna publicado en la revista científica Regional Environmental Change.
El trabajo, firmado por Serafín Corral, Emilio Bonal, Alejandro Herrera y Francisco Armas, concluye también que las zonas turísticas no sufrirán más calor que el resto del archipiélago. El mayor riesgo se concentra en 68 zonas, en su mayoría urbanas, donde coinciden mucho empleo, un fuerte aumento de noches tropicales y más pobreza. Los autores aclaran que se trata de un cálculo de exposición al calor con la plantilla de 2022, no de una predicción de jornadas perdidas.
Los números: de 10 a 65 días de ola de calor al año
El estudio calcula cuántos días de ola de calor viviría cada trabajador de las zonas donde domina el turismo, suponiendo que la plantilla de 2022 se mantiene igual:
- Entre 1982 y 2019: unos 10 días al año.
- A finales de siglo, con emisiones bajas: unos 25 días al año.
- A finales de siglo, con emisiones altas: unos 65 días al año, algo más de seis veces la cifra del pasado. Los autores lo comparan con unas 13 semanas laborales.
Si se suman los días de los 78.751 empleos registrados en esas zonas, el resultado en el peor escenario es de unos 5,1 millones de jornadas de trabajo con ola de calor al año. En el pasado, la misma cuenta daba unos 0,8 millones.
Conviene entender qué mide esta cifra. No son 5,1 millones de personas, porque los trabajadores son 78.751. Tampoco son días de trabajo perdidos ni de baja: el estudio solo cuenta cuántos días coincide el trabajo con una ola de calor, y no calcula sus efectos en la salud ni en la productividad. Además, es un cálculo con el empleo de 2022 y sin ninguna medida de protección, como cambios de horario, sombra o refrigeración. No es una predicción. A esto se suma el calendario. Entre el 63% y el 70% de los días de ola de calor caen entre junio y septiembre, justo cuando la hostelería tiene más personal.
La sorpresa: las zonas turísticas no sufrirán más calor que el resto
Quien lea estas cifras podría pensar que el turismo es el sector más castigado. El estudio dice que no. Los investigadores compararon las 111 zonas donde el turismo es la actividad dominante con el resto del archipiélago, y en ningún indicador de calor encontraron diferencias importantes.
Un ejemplo: con emisiones altas a finales de siglo, las zonas turísticas tendrían de media unas 85 noches tropicales al año (noches en las que la temperatura no baja de 20°C), frente a unas 77 en el resto. Es una diferencia pequeña. En el pasado ocurrió incluso lo contrario: las zonas turísticas tuvieron menos días de ola de calor que las demás.
Según los autores, la explicación es geográfica. Los enclaves turísticos están en la costa y a poca altitud, donde el aire del mar modera las temperaturas máximas, mientras que en el interior y en las laderas a sotavento el aire se estanca más. Esa ventaja se irá reduciendo a medida que avance el calentamiento. Esto no significa que los trabajadores del turismo no necesiten protección frente al calor. Lo que muestra es que saber a qué sector pertenece un trabajador no basta para decidir dónde actuar primero.
Entonces, ¿dónde está el riesgo?
Para responder, los autores analizaron 1.387 secciones censales, las unidades más pequeñas en las que se divide el territorio. En cada una cruzaron tres datos, porque cada uno aporta algo distinto:
- El calor previsto, que depende del lugar.
- El empleo concentrado, que indica dónde trabajan muchas personas juntas y, por tanto, dónde pueden aplicarse medidas como descansos, hidratación o sombra.
- La pobreza, medida como el porcentaje de población con ingresos inferiores a 5.000 euros al año, que refleja la capacidad de los hogares para aguantar el calor.
Las zonas donde coinciden las tres condiciones son 68, el 4,9% del territorio. Los investigadores comprobaron mediante simulaciones que esa concentración está muy por encima de lo que saldría por azar. Y la mayoría no son zonas turísticas. De las 68, 47 están en capitales de isla y otros municipios urbanos, y solo 22 cumplen el criterio de zona dominada por el turismo. Por islas:
- Gran Canaria: 30 zonas, 18 de ellas en Las Palmas de Gran Canaria.
- Tenerife: 19 zonas, 16 en Santa Cruz y La Laguna (8 en cada municipio), 3 en Arona y ninguna en Adeje.
- Lanzarote y Fuerteventura: 9 zonas cada una.
- La Gomera: 1 zona.
- El Hierro, La Palma y La Graciosa: ninguna.
Los autores concluyen que el riesgo combinado es propio de los centros urbanos densos con población vulnerable, tanto como de los enclaves turísticos.
Qué proponen los investigadores
Plantean que las políticas de adaptación combinen dos tipos de medidas: las territoriales, que gestionarían los municipios, y las sectoriales, como las que se negocian en el turismo. Como opciones y no como resultados del estudio, sugieren tres pasos:
- Publicar las zonas de riesgo como una capa abierta de datos de Canarias.
- Un protocolo de trabajo y descanso para tareas al aire libre entre junio y septiembre en las zonas turísticas.
- Programas que combinen trabajo y vivienda (rehabilitación de viviendas, refrescamiento de barrios y vigilancia de la salud laboral) en las zonas urbanas.
Citan como posibles vías la Estrategia Canaria de Acción Climática 2024-2030, el futuro VI Acuerdo Laboral Estatal de Hostelería y el Plan Estatal de Vivienda.
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