Una noche de enero de 1898, un barco francés que se dirigía al Caribe se hundió frente a las costas de Anaga, en Tenerife, partiéndose en varios pedazos y provocando la muerte de 77 personas. Hoy en día, el pueblo de Taganana sigue conmemorando este suceso, con una placa en la plaza de Nuestra Señora de Las Nieves, provocado por un peligro al que la gente de Canarias está más que habituada: la calima.
La calima es la intrusión de partículas de polvo, en este caso proveniente del desierto del Sáhara, en una proporción que reduce la visibilidad, aunque el uso ha generalizado el término para cualquier grado de polvo en suspensión, explica a Atlántico Hoy Eduardo Robaina, periodista y fotógrafo, coordinador de la revista de medioambiente Climática y autor del libro Calima. Como demuestra el caso del barco francés, se trata de un fenómeno que, "sobre todo, afecta a la aeronáutica".
Fenómeno "fascinante"
Robaina empezó a sacar fotos de la calima "de casualidad" en unos carnavales, los de 2020, que la calima no permitió que se celebraran con normalidad. Cinco años después se dio cuenta de que tenía en sus manos un archivo documental importante y decidió publicarlo en forma de libro: "Como periodista tenía la necesidad de darle contexto, tenía claro que el libro iba a ser fotográfico, pero también divulgativo".
El libro es fruto de "bastantes meses de documentación, entrevistas con todo tipo de especialistas, de España, de la NASA, de Copérnico... La verdad que tuve bastante fortuna y pude hablar con los mayores expertos en este tema". En un principio, se lanzó con una editorial que trabajaba con un sistema de crowdfunding (o micromecenazgo) que apoyaron enseguida más de 200 personas. Luego esta vía se vio truncada y, un año después, ha salido publicado finalmente con la editorial canaria Fuerte Letras y el apoyo del Gobierno de Canarias.
Falta concienciación
Todo queda en casa, porque Robaina también es canario, concretamente de Gran Canaria, y el fenómeno de la calima "se vive aquí con especial frecuencia por la cercanía con el continente africano". Sin embargo, más familiarización no implica más concienciación: "Durante los episodios, veía gente haciendo deporte, gente mayor en la calle sin mascarillas... Creo que falta todavía un poco de conciencia al respecto y actuamos como si fuese un día sin calima".
Hay estudios que relacionan la calima con los ingresos hospitalarios, dice Robaina, "al final son partículas desintegradas, pequeñas partículas que pueden penetrar en el organismo de las personas y agravar patologías previas, sobre todo a nivel respiratorio y en la gente mayor".
Pero la calima no es solo una molestia para los humanos, también "cumple un papel importantísimo en la salud de la Amazonia, también de los ecosistemas en general". El Amazonas se nutre del fósforo que transportan estas partículas de polvo "y también el fondo oceánico se beneficia de la calima. Favorece la biodiversidad en estos ambientes".
Más intensidad
Es una idea extendida que cada vez hay más episodios de calima, pero Robaina lo desmiente: "Los datos dicen que son menos, más cortos pero de más intensidad". Estos episodios dependen de dos factores principales: la disponibilidad del polvo y su movilidad. Que haya más polvo depende de la sequía y la desertificación, y que se traslade tiene que ver con el viento.
"Si hay años de sequía y el suelo está más quebrado y con más polvo disponible, puede haber más intrusiones, siempre y cuando haya viento, porque puede haber disponibilidad de polvo en el suelo pero no haber viento y eso puede hacer que no viaje".
Historia, investigación
La calima está documentada en estas islas desde "la época de Darwin, que la mencionaba en su famoso diario de navegación cuando intentó viajar a Tenerife", aunque sin nombrar la palabra calima. "Pero se deduce que ya había desde 1.400, incluso antes, había ya referencias a la calima en documentos históricos, sobre todo en documentos de navegación, documentos marítimos, porque al final la aeronáutica, tanto los barcos como los aviones, son los que más sufren este tipo de eventos de polvo, porque se reduce enormemente la visibilidad”.
Y en cuanto a la investigación, "yo creo que durante los añso 60, 70 y 80 es cuando más se empieza a hablar de este fenómeno. Y durante las últimas dos décadas es cuando más se ha intensificado la labor investigativa".
Ahora, este libro quiere contribuir a asentar todo el conocimiento acumulado con los años. Está disponible en todas las librerías de Canarias y está a punto de sacar la segunda edición.
