Imagen de una cesta llena de setas / PEXELS
Imagen de una cesta llena de setas / PEXELS

El espacio natural ideal para buscar setas en Canarias: a 1.000 metros de altitud, con un pinar, boletus, níscalos y rebozuelos

El Pinar de Tamadaba, en Gran Canaria, reúne humedad, pino canario y una enorme riqueza micológica; entre sus especies aparece uno de los hongos más buscados, el níscalo

luna moya

Cuando llega el otoño y regresan las lluvias, los bosques de Canarias cambian de aspecto. La humedad se instala entre la pinocha, bajan las temperaturas y comienzan a aparecer hongos en algunos de los espacios forestales del Archipiélago.

En Gran Canaria, uno de los lugares que mejor reúne estas condiciones es el Pinar de Tamadaba, uno de los pinares naturales mejor conservados de la isla y un enclave conocido también por su riqueza micológica. De hecho, los estudios recogidos en el Plan Rector de Uso y Gestión contabilizan 152 taxones de hongos en este entorno, aunque eso sí, solo 36 están catalogadas como comestibles. 

El espacio se encuentra principalmente dentro de Artenara y Agaete, en el noroeste de Gran Canaria. Su combinación de altitud, humedad y extensas masas de pino canario crea unas condiciones especialmente interesantes para la aparición de hongos después de periodos de lluvia.

Más de 1.000 metros

Una de las particularidades de Tamadaba es precisamente su altura. En la zona superior del macizo, el pinar comienza aproximadamente por encima de los 1.000 metros y continúa ascendiendo hasta alcanzar los 1.444 metros en el Pico de la Bandera.

La altitud no es el único factor. Esta parte de Gran Canaria recibe la influencia de los vientos alisios, que aportan humedad y favorecen la llamada lluvia horizontal. El resultado es un pinar mucho más húmedo que otros bosques de la isla, con presencia de helechos, brezos, fayas, líquenes, musgos y hongos.

Es precisamente esa combinación de pino canario, humedad y temperaturas más suaves la que convierte al entorno en uno de los puntos más interesantes de Gran Canaria para observar la aparición de setas durante los meses apropiados.

Hasta 152 hongos

La riqueza micológica de Tamadaba está documentada desde hace décadas. Un estudio realizado por el investigador Ángel Bañares contabilizó 152 taxones diferentes únicamente en los pinares del espacio natural.

Entre ellos se identificaron representantes de 82 géneros, con grupos como Mycena, Clitocybe, Inocybe, Hygrophorus, Tricholoma o Russula. Además, buena parte de los ejemplares estudiados supusieron nuevas citas para Gran Canaria en el momento en que se realizó la investigación.

Pero hay una seta que destaca especialmente entre quienes salen al monte con intención de recolectar: el níscalo (Lactarius deliciosus).

La presencia de esta especie en Tamadaba está documentada en el Banco de Datos de Biodiversidad de Canarias, que incluye referencias específicas a los hongos de estos pinares.

Incluso la web oficial de Turismo de Gran Canaria recuerda que el escritor y naturalista Pedro Lezcano tenía el Pinar de Tamadaba entre sus lugares favoritos para pasear en busca de níscalos.

Fácil acceso

Otro de los puntos que juega a favor de Tamadaba es que no es necesario adentrarse en un bosque completamente aislado para llegar al pinar.

Desde Artenara, el espacio natural se encuentra a unos 11,5 kilómetros del núcleo urbano, según la información turística oficial de Gran Canaria.

La principal vía de entrada es la GC-216, carretera catalogada por el Cabildo precisamente como acceso al Pinar de Tamadaba. Tiene algo más de diez kilómetros y conecta la zona de la cumbre con el interior del parque.

Una vez allí existen caminos y senderos que atraviesan diferentes sectores del pinar. Como ocurre en cualquier espacio de montaña, después de episodios de lluvia conviene extremar las precauciones por la humedad del terreno y consultar previamente posibles cierres de carreteras, senderos o restricciones por riesgo de incendios.

La mejor época

Que Tamadaba tenga una gran diversidad de hongos no significa que puedan encontrarse setas durante todo el año.

Su aparición depende directamente de factores como las precipitaciones, la humedad acumulada en el suelo y las temperaturas. Por eso, el otoño y el periodo posterior a las primeras lluvias importantes suelen ser los momentos más interesantes para buscarlas.

El níscalo, una de las especies asociadas a los pinares, fructifica habitualmente durante el otoño y crece precisamente ligado a bosques de pinos.

En Canarias, además, el comportamiento de las lluvias puede variar considerablemente de un año a otro, por lo que una temporada seca puede retrasar o reducir notablemente la aparición de ejemplares.

Respetar el pinar

Salir a buscar setas requiere también conocer qué se puede recoger y cómo hacerlo. Las normas de distintos espacios protegidos de Canarias establecen medidas para evitar daños en los hongos y en el propio suelo forestal.

Entre las recomendaciones y obligaciones habituales se encuentra no remover el mantillo con rastrillos, azadas u otras herramientas, realizar cortes limpios y transportar las setas en recipientes que permitan su aireación y la dispersión de las esporas.

También es fundamental recordar que encontrar una seta no significa que sea comestible. Hay especies tóxicas que pueden confundirse con variedades aptas para el consumo, por lo que nunca debería ingerirse un ejemplar cuya identificación no sea completamente segura.

Y antes de salir conviene consultar las condiciones concretas del espacio protegido y los avisos del Cabildo, especialmente durante los meses en los que permanece activo el dispositivo de prevención de incendios forestales.

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