El 98 % de las familias asegura que la seguridad de sus hijos en el coche es una prioridad absoluta, pero esa preocupación no siempre se traduce en los conocimientos necesarios para protegerlos correctamente. Es una de las principales conclusiones de una investigación impulsada por Jesús Rodríguez, guardia civil destinado en Las Palmas de Gran Canaria, que ha recogido las respuestas de más de 200 madres y padres de Las Palmas, Tenerife y Fuerteventura.
El estudio, desarrollado entre 2024 y 2026 y dirigido por el investigador Manuel León, nace del proyecto Seguridad Vial en Familia, una iniciativa con la que Rodríguez lleva más de 13 años formando a futuros padres sobre la importancia de utilizar correctamente los sistemas de retención infantil.
Los resultados ponen sobre la mesa una realidad llamativa: las familias están dispuestas a invertir cientos de euros en la seguridad de sus bebés, pero todavía existen dudas sobre aspectos tan importantes como hasta qué edad deben viajar a contramarcha, qué silla elegir o cómo instalarla.
Más del 85 % de las personas encuestadas esperaba su primer hijo, por lo que muchas se encontraban precisamente ante una de las primeras decisiones relacionadas con la seguridad del bebé: escoger la silla en la que realizará sus desplazamientos desde el nacimiento.
Viajar a contramarcha
Uno de los resultados más relevantes de la investigación está relacionado con el tiempo durante el que los menores deberían viajar mirando hacia la parte trasera del vehículo.
Alrededor del 90 % de los encuestados sitúa el cambio de orientación entre los dos y los cuatro años, mientras que un 8 % considera suficiente mantener esta posición desde los seis meses hasta los dos años.
La cuestión no es menor. Aunque los dispositivos homologados bajo la normativa europea R129 deben mantener a los niños a contramarcha durante al menos sus primeros 15 meses de vida, la Dirección General de Tráfico (DGT) recomienda prolongar esta orientación, siempre que sea posible, hasta los cuatro años, respetando los límites establecidos por el fabricante.
La explicación está relacionada con la anatomía infantil. Durante los primeros años de vida, la cabeza de los niños representa una proporción mayor de su peso corporal y su cuello todavía está en desarrollo. En caso de colisión frontal, viajar a contramarcha permite distribuir mejor las fuerzas del impacto y reducir las tensiones sobre la cabeza y las cervicales.
Precisamente, esta es una de las cuestiones sobre las que Jesús Rodríguez lleva años insistiendo.
"Lo más seguro para un niño es ir a contramarcha, mirando para atrás", aseguraba el agente en una entrevista concedida a Atlántico Hoy en enero de 2026.
En aquella conversación también compartía una reflexión basada en su experiencia profesional: "En 24 años he ido a muchos siniestros viales y nunca he visto ninguno donde un niño saliera gravemente herido yendo a contramarcha".
Hasta 600 euros
La investigación también analiza cuánto están dispuestas a gastar las familias para garantizar la protección de sus hijos.
Los resultados muestran que entre el 90 % y el 95 % de los participantes prioriza la seguridad y la calidad de los materiales a la hora de comprar una silla infantil. En cambio, únicamente un 5 % considera que el precio o las ofertas constituyen el factor más importante.
El presupuesto más habitual se sitúa entre los 300 y los 600 euros, con una mayor concentración de respuestas en torno a los 500 y 600 euros.
Sin embargo, invertir una cantidad elevada no garantiza por sí solo que el dispositivo sea el más adecuado. También resulta necesario comprobar que esté homologado, que se adapte a las características del menor y que sea compatible con el vehículo en el que se utilizará.
Otro de los aspectos estudiados es el sistema de instalación. ISOFIX es la opción preferida por entre el 60 % y más del 80 % de las familias, dependiendo del periodo analizado. Por su parte, entre el 25 % y el 35 % considera que una silla instalada mediante el cinturón de seguridad puede ofrecer una protección equivalente cuando ambos sistemas se utilizan correctamente.
Los datos también reflejan que entre el 80 % y el 92 % compra las sillas en establecimientos especializados, mientras que entre el 70 % y el 85 % recurre a profesionales para su instalación.
Estos resultados evidencian que las familias buscan asesoramiento, aunque la investigación insiste en la importancia de que la información recibida sea rigurosa y esté adaptada tanto al niño como al vehículo.
Una experiencia personal
Detrás de este proyecto existe también una historia familiar. Jesús Rodríguez está destinado en el Equipo de Investigación de Siniestros Viales del Subsector de Tráfico de Las Palmas de Gran Canaria y acumula más de dos décadas de experiencia en la Guardia Civil.
Su interés por mejorar la seguridad vial infantil comenzó cuando estaba a punto de nacer su primer hijo, Ángel.
Tal y como relató anteriormente a Atlántico Hoy, él y su mujer descubrieron entonces que en Canarias existía una importante falta de información sobre las sillas infantiles más adecuadas para proteger a los bebés.
La situación llegó hasta el punto de que aprovecharon un viaje a Cádiz, provincia natal del agente, para desplazarse a Sevilla, comprar una silla y trasladarla posteriormente al Archipiélago.
Aquella experiencia fue el punto de partida de Seguridad Vial en Familia, un proyecto con el que Rodríguez comenzó a impartir charlas y talleres dirigidos especialmente a embarazadas y familias primerizas.
Desde entonces, el guardia civil ha colaborado con matronas y profesionales sanitarios en centros de salud y hospitales, además de trasladar sus consejos a las redes sociales, donde cuenta con miles de seguidores.
Su labor divulgativa también lo llevó a figurar entre los finalistas anunciados de los Influencer Awards Spain 2026, en la categoría de Cultura y Educación.
Un problema real
Las dudas detectadas por el estudio encuentran un contexto más amplio en los datos oficiales sobre seguridad vial infantil.
En marzo de 2026, la DGT detectó a 458 menores que viajaban sin el sistema de retención infantil adecuado o que lo utilizaban incorrectamente, durante una campaña de vigilancia desarrollada en las carreteras españolas.
El organismo recuerda que no utilizar correctamente estos dispositivos puede tener consecuencias graves en caso de accidente y constituye una infracción que conlleva la pérdida de cuatro puntos del permiso de conducir.
De hecho, en un informe divulgado en 2026, Tráfico recogía que solo el 46 % de los menores analizados viajaba correctamente en su sistema de retención infantil, un dato que evidencia la importancia de mejorar tanto la elección como la utilización de estos dispositivos.
La investigación impulsada por Rodríguez, aunque circunscrita a las más de 200 familias participantes y sin que sus resultados puedan extrapolarse automáticamente al conjunto de Canarias, apunta en la misma dirección: la protección infantil requiere algo más que comprar una silla homologada.
Antes del primer viaje
Una de las principales conclusiones del estudio es que la educación vial infantil debería comenzar antes del nacimiento del bebé.
La elección de la silla, su correcta instalación y la orientación en la que debe viajar el menor son decisiones que las familias pueden resolver durante el embarazo, cuando todavía disponen de tiempo para informarse y recibir asesoramiento.
Por ello, la investigación plantea la necesidad de reforzar la divulgación en centros sanitarios, talleres prenatales y espacios de acompañamiento a futuros padres y madres.
Para Jesús Rodríguez, la prevención es una cuestión especialmente importante después de tantos años investigando las consecuencias de los accidentes de circulación.
En su entrevista con Atlántico Hoy resumía la satisfacción que encuentra en esta labor con una experiencia personal: "Que te llamen unos padres diciendo que su hijo está bien tras un accidente porque iba a contramarcha es un orgullo enorme, demuestra que el mensaje cala".
Ahora, los resultados de tres años de encuestas en Canarias refuerzan el mensaje que lleva más de una década trasladando a las familias: querer proteger a un hijo es fundamental, pero disponer de la información adecuada puede marcar la diferencia cuando llega el momento de viajar en coche.
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