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Un piso tutelado para personas con discapacidad intelectual.

Una habitación propia: la ULL estudia cómo es una casa "amable" con la discapacidad intelectual

Un equipo de la Universidad de La Laguna desarrolla una herramienta para medir hasta qué punto una vivienda favorece la autonomía y la inclusión de las personas con discapacidad intelectual

La autonomía empieza, muchas veces, por algo tan sencillo como poder cerrar la puerta de una habitación propia. Decidir cuándo levantarse, qué desayunar o cómo organizar el día a día son aspectos cotidianos que, sin embargo, siguen siendo un reto para muchas personas con discapacidad intelectual.

Bajo esa premisa trabaja un equipo de la Universidad de La Laguna (ULL), que investiga qué características debe reunir una vivienda para favorecer la independencia personal y la inclusión social, y que acaba de presentar en La Laguna el primer prototipo de una herramienta destinada a evaluar el grado de amabilidad de un hogar.

El estudio forma parte del proyecto Fri-Housing, una iniciativa estatal en la que participan universidades y entidades sociales para definir modelos habitacionales centrados en la persona. La profesora de Trabajo Social de la ULL Celsa Cáceres, responsable del equipo en Canarias, explica a Atlántico Hoy que los resultados presentados recientemente corresponden a esta fase del proyecto en el Archipiélago, aunque las conclusiones coinciden con las obtenidas en otras comunidades autónomas, ya que el territorio no introduce diferencias relevantes en el análisis del modelo de vivienda inclusiva.

Diseñar casas para decidir cómo vivir

La investigación identifica varios factores que influyen en que una vivienda sea realmente inclusiva, comenzando por la autonomía y la autodeterminación. No se trata solo de independencia funcional, sino de disponer de intimidad y privacidad reales. Tener una habitación individual adquiere así un valor central, porque "permite a la persona gestionar su propio espacio y decidir cuándo quiere estar sola", explica Cáceres, reforzando su derecho a la intimidad.

El planteamiento pretende "superar modelos residenciales tradicionales marcados por rutinas rígidas, donde se come a la hora que hay que comer y se duerme a la que hay que dormir". Frente a ello, el nuevo enfoque propone entornos en los que cada persona pueda elegir aspectos cotidianos de su vida diaria, desde cómo vestirse hasta cuándo salir de casa, trasladando al ámbito doméstico un modelo basado en la autodeterminación.

Adaptación de las viviendas

La adaptación de las viviendas se concreta dependiendo del tipo de discapacidad o de apoyos necesarios. "En personas que están dentro del espectro autista necesitarán pictogramas, las personas sordas necesitarán señales luminosas, si son ciegas, sonoras, y si van en silla de ruedas, pues unas dimensiones específicas y accesorios en baño o cocina".

En el terreno concreto de la discapacidad intelectual, las personas necesitan lo que "nosotros llamamos accesibilidad cognitiva", que puede ir "desde tener un cartel en lectura fácil (método de redacción y maquetación accesible para personas con dificultades de comprensión lectora)", y también funcionan en muchos casos los pictogramas, imágenes sencillas que tratan de reproducir una idea que la persona con discapacidad intelectual puede reconocer fácilmente".

Además, todas las viviendas, independientemente del tipo de discapacidad, incluyen "importantes medidas de seguridad, para que se reduzcan los riesgos de accidente", además es interesante que cuenten con cierto nivel de automatización", y en algunos casos cuenten con hogares domotizados, "como ya se ha probado con personas mayores".

El barrio también forma parte del hogar

La ubicación de las viviendas constituye otro aspecto decisivo. Según Cáceres, no existen grandes diferencias entre entornos rurales y urbanos siempre que existan servicios de proximidad y transporte público accesible. "Lo importante es que tengan la guagua cerca, farmacia, supermercado; que, por ejemplo, se puedan incorporar a las dinámicas de asociaciones de vecinos o de otro tipo de grupos que pueda haber en esa comunidad concreta", detalla la investigadora. "Que se adapten a la vida social, no que se queden encerrados en casa".

La investigadora describe este modelo como una matrioska: una habitación que garantiza privacidad dentro de una vivienda accesible, situada a su vez en un barrio que facilite relaciones sociales y apoyos naturales. El objetivo es que la autonomía no termine en la puerta de casa, sino que se proyecte hacia el exterior mediante la inclusión social.

Experiencias piloto que ya funcionan

El proyecto se apoya en experiencias previas que han demostrado resultados positivos, como el proyecto "Mi Casa", que se ha desarrollado en lugares de España, con distintas viviendas compartidas por pequeños grupos con distintos niveles de apoyo. Estos modelos permiten que personas procedentes de instituciones grandes afronten una transición progresiva hacia formas de vida más independientes, consolidando procesos de transición a la vida autónoma.

En Tenerife, una de las experiencias más significativas fue impulsada por la entidad Probosco, en La Orotava, donde llegaron a funcionar varios hogares antes de que "se interrrumpiera por falta de financiación". Para la investigadora, estos antecedentes demuestran que el modelo funciona cuando existen apoyos suficientes y estabilidad institucional. 

Medir la amabilidad de una vivienda

"La idea de hogar que se traslada en el proyecto es que sea una coasa tan acogedora como la que nos gustaría a cualquiera", afirma Cáceres. Como son proyectos que se diseñan junto a las personas usuarias "ellos deciden elementos como el color de las paredes o el sofá". 

Más allá de cambios arquitectónicos complejos, la investigación plantea una transformación conceptual del hogar: "La cuestión es poner la filosofía para empezar a construir las cosas de otra manera y cuando rehabilitemos tenerlo en cuenta y no cometer los mismos errores de los últimos cuarenta años".

El objetivo final del proyecto de la ULL es desarrollar "una herramienta sencilla que, mediante unas veinte preguntas, permita medir el grado de amabilidad de una vivienda" y orientar tanto la rehabilitación como la construcción de nuevos espacios o la selección de pisos adecuados. El prototipo presentado en La Laguna es el primer paso hacia una versión definitiva prevista para finales de año, con la que la ULL aspira a convertir la evaluación del hogar en un indicador tangible de calidad de vida.