IA, teleasistencia y videoatención ya forman parte del debate sobre cómo cuidar mejor a las personas mayores, también en territorios como Canarias, donde la insularidad y la dispersión geográfica obligan a buscar nuevas formas de acompañar sin perder cercanía.
Así lo defiende Julia Sacedo, jefa de Investigación y Desarrollo de Nuevos Productos en ILUNION VidaSénior, que ha participado en el doble congreso de la SEGG y SOCANGER celebrado en el Palacio de Congresos de Las Palmas de Gran Canaria con una ponencia sobre innovaciones tecnológicas para el cuidado en el hogar.
Para Sacedo, la tecnología debe servir para prevenir riesgos, conectar a las personas con profesionales y reforzar los apoyos, pero nunca para sustituir el trato humano. “El deseo de casi todos es envejecer en nuestro propio domicilio, en nuestro entorno, en nuestra comunidad, siempre que sea posible”, señala.
Avances en teleasistencia
Sacedo sitúa la teleasistencia como uno de los grandes ejes de esta transformación. Recuerda que este servicio comenzó a implantarse en España en los años noventa con un carácter principalmente reactivo, pensado para responder ante situaciones de crisis, como una caída o una urgencia sanitaria. Sin embargo, con el paso del tiempo ha evolucionado hacia un modelo más preventivo y proactivo.
Ese cambio ha venido acompañado de la incorporación de sensores, relojes inteligentes, geolocalización, detectores automáticos de caídas y plataformas capaces de integrar datos. Estas herramientas permiten conocer mejor los hábitos de la persona, detectar desviaciones en su rutina y activar apoyos antes de que una situación se agrave.
Sensores, relojes y datos
La experta explica que el futuro inmediato pasa por una teleasistencia capaz de analizar patrones de comportamiento mediante inteligencia artificial y Big Data. Un reloj puede recoger datos sobre pasos, caídas o ubicación; los sensores instalados en el domicilio pueden detectar movimientos, aperturas de puertas o incluso si una persona mantiene rutinas básicas como cocinar o abrir la nevera.
La clave, insiste, no está en acumular datos sin más, sino en interpretarlos con una mirada integral. “La IA no es nada si no hay conocimiento experto”, afirma. Por eso, defiende que geriatras, psicólogos, terapeutas ocupacionales, profesionales del ámbito social y sanitario y especialistas en envejecimiento deben participar en el diseño y validación de estas soluciones.
Canarias y el reto de la distancia
Preguntada por territorios como Canarias, donde la insularidad, la dispersión territorial y las zonas rurales condicionan el acceso a determinados servicios, Sacedo considera que la tecnología puede ayudar a salvar distancias y reducir desigualdades. “Los territorios condicionan mucho”, apunta, aludiendo a las dificultades añadidas que puede suponer vivir lejos de los principales núcleos de atención.
En este contexto, destaca soluciones apoyadas en la televisión o en sistemas de videoatención que permiten conectar a personas mayores con profesionales o con otros usuarios. Pueden servir para sesiones de estimulación cognitiva, apoyo emocional, grupos de acompañamiento o actividades dirigidas por terapeutas ocupacionales, psicólogos o dinamizadores, de una forma accesible para personas con brecha digital.
Cuidar sin invadir
Uno de los grandes debates, reconoce Sacedo, es cómo introducir tecnología en el hogar sin que se perciba como una invasión de la intimidad. Para ella, cualquier avance debe desplegarse con un marco ético claro, garantizando que la persona sabe qué datos se recogen, para qué se utilizan y qué derechos tiene sobre ellos.
“La tecnología tiene que poner en el centro a la persona”, defiende. Esto implica que las soluciones no solo sean eficaces, sino también comprensibles, aceptadas y útiles para quien las recibe. No se trata de vigilar más, sino de acompañar mejor y anticiparse a situaciones de riesgo.
Barreras
Aunque la innovación suele percibirse como algo lejano, Sacedo matiza que algunas herramientas ya son más accesibles de lo que parece, desde relojes inteligentes hasta aplicaciones de apoyo a cuidadores o dispositivos de seguridad en el hogar.
“Las barreras no son tanto a veces económicas, sino de acceso al conocimiento de lo que hay disponible”, explica. Por eso, defiende que profesionales y servicios sociales estén actualizados para que la tecnología no se quede en los congresos, sino que llegue realmente a las familias.
Detección precoz y cuidados integrados
De cara al futuro, Sacedo apunta a un campo especialmente prometedor: la detección precoz. La inteligencia artificial aplicada al análisis de biomarcadores, al lenguaje o a patrones de conducta puede ayudar a identificar señales tempranas de deterioro cognitivo, soledad no deseada o cambios en el estado funcional antes de que sean evidentes para el entorno.
Sin embargo, insiste en que estos datos deben integrarse en ecosistemas de cuidados más amplios. “Debemos caminar hacia ecosistemas integrados de cuidados”, resume. Para Sacedo, que el ámbito sanitario, social, residencial, comunitario y domiciliario compartan información útil —siempre con garantías de seguridad y confidencialidad— permitiría tomar decisiones más rápidas, evitar duplicidades y no “marear” a la persona.
Envejecer en casa, pero con apoyos
La mirada de Julia Sacedo no plantea la tecnología como un sustituto de los cuidados, sino como una aliada para responder a un reto cada vez más evidente: una población más envejecida, más enfermedades crónicas y un deseo mayoritario de permanecer en casa. La cuestión, señala, es hacerlo “de un modo muy serio”.
Por eso, reclama liderazgo de las administraciones, financiación, entidades expertas y profesionales implicados en el diseño de los nuevos modelos. El objetivo final no es solo vivir más años, sino vivir mejor, con más autonomía, más seguridad y sin perder el vínculo con el hogar y la comunidad.
