El próximo lunes, 8 de junio, y durante la visita del papa León XIV a Madrid, una amplia representación de víctimas de abusos sexuales en el seno de la Iglesia se concentrará ante la Nunciatura Apostólica en España, con domicilio en la calle Pío X, a las diez de la mañana, como signo de protesta al no ser recibidos por el Pontífice.
Ciro Molina, víctima canaria de la pederastia eclesial, en declaraciones a Atlántico Hoy, ha comentado que en la petición de encontrarse con León XIV no busca privilegios ni fotografías, sino algo mucho más humano y sencillo. Es "poder mirar a león XIV a los ojos, decirle como nos sentimos y cómo nos siguen tratando”.
“Nos siguen maltratando”
El encuentro con el Santo Padre no es una ocurrencia de última hora, sino un deseo que persiguen desde septiembre de 2025, pidiendo la cita, incluso, a través de la Prefectura de la Casa Pontificia, en Roma, por recomendación del obispo de La Laguna.
“Es mentira que el Papa tenga la última palabra”, señala Molina, recordando otra petición realizada el 19 de mayo a la cancillería de la diócesis, insistiendo en la intención de poder mantener el encuentro “unos minutos” y a la que le respondieron desde el Obispado, el 21 de mayo, que "no era posible debido a las pocas horas que estará en la isla".
“Nos siguen maltratando, como han hecho todos estos años”, enfatiza y añade que con el papa Franciso hubiera sido diferente “porque era menos marioneta”, a la vez que lamenta profundamente la respuesta del Obispado de La Laguna negando la posibilidad de que las víctimas canarias de abusos sexuales en la Iglesia sean recibidas.
Un Papa cerca y lejos
La visita del papa León XIV a Canarias, los días 11 y 12 de junio, se presenta como un hito histórico al ser la primera vez que un pontífice pisa las islas. En su agenda centrada en la migración, figuran las grandes celebraciones en Gran Canaria y Tenerife, con miles de personas movilizadas y un despliegue institucional sin precedentes. Sin embargo, para Molina y otras víctimas canarias, el viaje arrastra una ausencia difícil de explicar ya que no habrá espacio para ellos.
“Nosotros lo que vamos a hacer es una concentración, para expresar nuestra disconformidad con el hecho de que no nos va a recibir”, explica, con una mezcla de serenidad y cansancio., indicando que él vive a pocos minutos de La Laguna, uno de los escenarios principales de la visita, y aun así no ha recibido ninguna invitación ni llamada.
¿A qué víctimas recibirá?
“¡Claro que va a haber víctimas de abuso! Eso es lo que intuimos, aunque nadie nos ha confirmado nada. Pero suponemos que serán las que han acudido directamente al sistema de reparación de la Iglesia”, expone.
Molina explica que, posiblemente, las víctimas que puedan acercarse al Pontífice serán las que forman parte de programas como el plan PRIVA de la Conferencia Episcopal o el proyecto REPARA de la archidiócesis de Madrid, con los que la Iglesia ha articulado parte de su respuesta interna a los abusos.
Las víctimas “buenas” y las otras
En su relato aparece una distinción que le duele expresar, pero a la que termina poniendo nombre: “Víctimas buenas” y las otras. “Hay víctimas buenas, las que son más afines a sus intereses de propaganda, porque al final esto es propaganda”, afirma sin subir el tono y en clara referencia a todo lo que rodea a la visita papal, añadiendo que “la Iglesia, a lo largo de los siglos, ha absorbido y reconducido muchos de los movimientos que la cuestionan”.
“Cuando surgieron los cátaros, los albigenses, hablaban de pobreza y se rebelaron contra los obispos. ¿Qué hizo la Iglesia? Montar los Franciscanos y los Dominicos”, recuerda, trazando un paralelismo histórico. A su juicio, ahora ocurre algo parecido: “La Iglesia sobrevive también porque ha asumido los movimientos sociales que han surgido en su contra. Es lo que van a hacer ahora con las víctimas”.
Encuentro privado
Según explica, el encuentro del Papa con víctimas en Madrid se articulará con aquellas que ya han participado en actos públicos de reparación, como los organizados en la catedral de la Almudena, donde algunoas de estas personas llegaron a leer sus testimonios en voz alta.
“Van a tirar de esas víctimas para reunirse, por eso hablan de encuentro privado. Pero no quieren que nosotros estemos”, matiza.
Las otras víctimas
Cuando el entrevistado dice “nosotros”, no habla solo de sí mismo, sino que incluye a las víctimas de Canarias y de otras comunidades como País Vasco, Navarra o Cataluña, que también quedan fuera de la agenda papal.
En los últimos meses se ha reunido con una mujer de 50 años abusada por un párroco en Gran Canaria, con otro hombre de la misma isla que sufrió abusos por parte de un cura, y con un joven de La Laguna que fue víctima en un colegio de religiosos. “Lo que quiero es que el Papa escuche de nuestra propia voz lo que ha pasado y cómo se ha gestionado el tema”, señala.
En Roma sí, aquí no
La paradoja que vive Ciro Molina la resume recordando que ha ido a Roma y allí le han escuchado y, ahora que viene el Papa a Canarias, se les aparta. “Nos han recibido en el Vaticano, hemos ayudado a elaborar un informe que van a publicar, nos han hecho caso en casi todo lo que les planteamos”, cuenta.
Y, sin embargo, cuando el Papa aterriza en España, esas mismas víctimas que han contribuido a impulsar cambios estructurales se quedan fuera del encuentro. “Somos molestos a la hora de que el Papa nos reciba”, lamenta, insistiendo que se pretende silenciar la parte incómoda del relato en la que se pone el foco en la revictimización, en expedientes a los que no se puede acceder y en responsables que continúan en sus puestos.
Casi todo está ya preparado para la visita de León XIV. En medio del ruido de protocolos, cortes de tráfico y discursos oficiales, Molina pregunta: “¿Cómo se puede hablar de integración, de justicia y de cuidado de los más vulnerables si, en la misma visita, se aparta del foco a quienes han sufrido abusos dentro de la propia Iglesia?”
Añadir AtlánticoHoy como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
