Imagen del campo de concentración de Tefía./ RRSS
Imagen del campo de concentración de Tefía./ RRSS

De ‘La bola negra’ al campo de concentración de Tefía: las "vidas inacabadas" de Canarias

El investigador Víctor M. Ramírez, que grabó el testimonio de uno de los presos homosexuales de la colonia de Fuerteventura, reconstruye cómo era la vida allí y adelanta que acaba de terminar un libro sobre Tefía

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En 1936, Federico García Lorca dejó escritas apenas cuatro páginas de La bola negra. Contaban la historia de un joven al que un club social de Granada rechazaba por ser homosexual con una bola negra en la votación. Lo asesinaron antes de terminarla, y, noventa años después, Los Javis han convertido una interpretación de ese fragmento en la película que representará a España en los Oscar.

Javier Ambrossi la define como un relato sobre las "vidas inacabadas", las de quienes no pudieron vivir en libertad. En Canarias, esas vidas tienen un lugar con nombre propio: la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, en Fuerteventura, por la que pasaron unos 150 presos entre 1954 y 1966, entre ellos hasta 24 hombres homosexuales.

"Probablemente en la vida de estas personas hubo un antes y un después de Tefía", explica a Atlántico Hoy Víctor M. Ramírez, investigador de la memoria LGTBIQ+ en Canarias y autor de Peligrosas y revolucionarias. Ramírez grabó en 2012 el testimonio de Octavio García, uno de los dos presos homosexuales que contaron publicamente lo que vivieron en ese campo de concentración.

Una ley para los "peligrosos"

La Ley de Vagos y Maleantes venía de la Segunda República y se aplicaba a grupos considerados cercanos a la delincuencia, como vagabundos o personas con conductas "asociales". Fue el franquismo quien, en julio de 1954, incluyó a los homosexuales entre las categorías de "peligrosidad social". Ese mismo año se creó en Fuerteventura la colonia de Tefía.

Según los expedientes que ha revisado Ramírez, hasta 24 de los presos de Tefía eran homosexuales y unos 20 fueron condenados expresamente por ello. Los cuatro primeros ingresaron antes de que el franquismo modificara la ley y lo hicieron por otros motivos, "pero sí eran homosexuales y estaban presos en Tefía", precisa.

No todos los presos de la colonia eran homosexuales, ni todos los homosexuales condenados en Canarias acabaron allí. "También estuvieron en prisiones como la de Gran Canaria, la de Tenerife y La Palma", señala el investigador.

Lo que dio relevancia a Tefía fueron los testimonios de Juan Curbelo Oramas y Octavio García. Para Ramírez, lo que contaron es una experiencia "de represión, de malos tratos, de humillaciones, de trabajos forzados, de hambre".

Imagen de presos en Tefía./ RRSS
Imagen de presos en Tefía./ RRSS

Picar piedra con miedo

La humillación empezaba antes de llegar. A Octavio, que ingresó en Tefía en septiembre de 1955 con 24 años, lo esposaron y lo pasearon encadenado por la calle, a la vista de todos. Después los tuvieron horas a pleno sol esperando un camión militar y los trasladaron tapados con un toldo para que no conocieran el camino.

Dentro, la vida era "muy disciplinada, muy cuartelera", describe Ramírez. Los presos se levantaban muy temprano, hacían ejercicio marcando el paso y pasaban el día picando piedra cerca de la colonia para levantar muros y gavias.

Octavio tenía problemas musculares en las manos y no podía cargar mucho peso. "Siempre tenía miedo de que se le cayera una piedra debido a su debilidad muscular", recuerda el investigador, porque ese simple gesto podía costarle una paliza u otro castigo.

Palizas y tratos vejatorios

"He visto allí las palizas más atroces a los pobres presos", contaba Octavio en aquel testimonio y lo que más impresionó a Ramírez fue su forma de narrarlo: "El dolor todavía lo tenía dentro, el miedo también".

La comida era escasa y el hambre, constante. Según relató Curbelo, el otro testimonio público sobre las atrocidades ocurridas dentro del campo de concentración, algunos presos llegaron a intercambiar un trozo de pan por sexo a escondidas.

Cualquier gesto estaba bajo vigilancia. Ramírez tiene acreditados casos de presos sorprendidos manteniendo relaciones sexuales dentro de la colonia, en un centro creado precisamente para "corregir" su orientación.

El castigo que seguía después

Las condenas solían durar entre un año y un año y medio. Juan Curbelo pasó casi tres años en Tefía "porque era muy rebelde", mientras que Octavio, que, según afirma Ramírez, "se adaptó mejor al régimen", estuvo algo menos de dos.

Pero, por desgracia, salir no significaba recuperar su vida y, en muchas ocasiones, se les prohibía volver a residir donde vivían antes. Juan y Octavio vivían en Las Palmas de Gran Canaria y tuvieron que marcharse a Telde, y Octavio pasó incluso una temporada en Tenerife. Se les apartaba así de su familia, su casa, su trabajo y su entorno.

Algunos pidieron que se les levantara esa parte de la pena para poder trabajar o cuidar de su familia, y a veces el juzgado lo concedía, pero no siempre. Muchos tuvieron que buscarse la vida lejos de su ciudad.

La marca, además, era para siempre. Octavio explicaba que aquella experiencia centralizó el resto de su vida. Según afirma el investigador, otros compañeros nunca quisieron hablar, "por miedo, por vergüenza", o para no revivir lo sufrido. "Estar preso por ser tú mismo siempre te va a llevar al trauma", asegura Ramírez.

Imagen del Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía./ RRSS
Imagen del Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía./ RRSS

Muchas bolas negras

La bola negra no habla solo de Lorca. Al unir tres épocas, 1932, 1937 y 2017, la película recorre casi un siglo de silencio y persecución hacia el colectivo LGTBIQ+ en España, y plantea una pregunta que atraviesa toda la memoria histórica reciente: cuántas vidas quedaron marcadas, o truncadas, por ser quienes eran.

Ramírez ha visto la película y no oculta la emoción: "Es una obra cinematográfica magna, inmensa, muy hermosa, muy poética, muy triste. Yo lloré bastante". A su juicio, acerca a un público muy amplio una represión que no solo fue judicial e institucional, sino también social.

La bola negra que da título a la película es, para él, un símbolo que va más allá de la Granada central en la obra. "Hay muchísimos tipos de bolas negras en la sociedad de la época. Por desgracia, todavía las hay en muchos sitios", advierte.

En Canarias, explica, a los homosexuales se les discriminaba hasta impedirles trabajar. Así acababan en espacios marginales y, desde ahí, en prisión: "Una especie de círculo vicioso del que era muy difícil salir".

Un lugar para la memoria

Juan y Octavio ya han fallecido, y Ramírez no sabe si queda vivo algún otro preso de Tefía. Por eso insiste en mantener vivos sus testimonios y "dignificar las vidas de esas personas que estuvieron ahí no por ser vagos ni maleantes, sino simplemente por ser quienes eran".

En febrero de 2026, la antigua colonia fue declarada Lugar de Memoria Democrática. Ramírez cree que hoy la historia de Tefía es bien conocida en Fuerteventura, en buena parte gracias a Viaje al centro de la infamia, de Miguel Ángel Sosa, el primero que investigó y publicó sobre ella. 

El investigador también adelanta a Atlántico Hoy que acaba de terminar un libro específicamente sobre Tefía, encargado por el Cabildo de Fuerteventura tras la declaración como lugar de memoriacy espera que este trabajo se publique a principios del próximo año.

Imagen de Lorca y Rodríguez Rapún./ RRSS
Imagen de Lorca y Rodríguez Rapún./ RRSS

Conocer nuestra historia

Las piedras que Octavio temía dejar caer siguen hoy en los muros y gavias de Tefía. Son el rastro físico de una historia que durante décadas se contó en voz baja, cuando se contaba.

Lorca no pudo terminar la suya, y la de muchos de aquellos presos también quedó a medias, interrumpida por una sentencia, un destierro o un silencio que duró toda la vida, esas "vidas inacabadas".

Por eso, Ramírez insiste en que recordar Tefía no es solo cosa de un colectivo, sino una deuda con la memoria de todas las islas: "Es conocer la historia de la comunidad LGTB, pero también la historia de Canarias". Una historia que, como las cuatro páginas de Lorca, todavía se está terminando de escribir.

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