#SOCIEDAD| Mensaje claro a la #responsabilidad de los canarios de @avtorresp"Hay que ir generando #economía, manteniendo un #equilibrio entre las #medidas sanitarias y una reactivación que evite que sea la #pobreza la que acabe con nosotros"@PresiCanhttps://t.co/8j5IfFmNfn
— AtlánticoHoy (@atlantico_hoy) July 17, 2020
Mas expuestos a la transmisión
Dos causas explican la desigualdad en los contagios. Los trabajadores pobres “están más expuestos” porque sus trabajos, a menudo esenciales, no se pueden hacer a distancia. Además, están menos protegidos y su dificultad para cumplir aislamiento es mayor. En la lotería del contagio llevan más boletos.“Se está dando mucha importancia al tema de que la gente está siendo inconsciente, que sale a la calle, no usa mascarilla, pero se está poniendo poca atención al tema de la exposición. Las personas que tienen que salir a trabajar frente a las que se quedan en casa y el tipo de trabajo, trabajos precarios que hay riesgo de perder y a los que vas aunque estés enfermo”, señala Javier Segura del Pozo.Este médico salubrista, epidemiólogo y miembro de la Asociación Madrileña de Salud Pública (Amasap) no está sorprendido con el mapa de contagios, un "gradiente social" que también se ve en otras enfermedades. Quienes están más desprotegidos enferman y mueren antes.La presencialidad -a menos renta menos teletrabajo, como comprobó una encuesta del Ayuntamiento de Madrid- la mayor movilidad en el transporte público, donde no se puede respetar la distancia, que es necesaria -subrayan los expertos- junto a la mascarilla, o espacios de trabajo poco ventilados o sin distancia favorecen el contagio.Estas condiciones se dan entre los temporeros o en las industrias cárnicas, pero son necesarios más estudios para saber dónde están los focos en las grandes urbes.Falta la variable de la ocupación y también la del tipo de trabajo. Segura del Pozo quiere despejar estas incógnitas y saber “si aquellas ocupaciones que llamábamos esenciales durante el confinamiento son las que están cayendo”. Es su teoría: “reponedores de supermercados, transportistas, riders, mujeres que cuidan o limpian y que si se ponen enfermas pierden la casa en la que están limpiando”.“Si se dan de baja, no tienen el dinero que necesitan para poder comer” y se arriesgan a un despido, como explica Silvia Durán, médico de familia y portavoz del sindicato Amyts.Los problemas no acaban con la baja laboral. Los contagiados tienen difícil aislarse en pisos donde el baño es compartido y no sobran las habitaciones, una situación que multiplica los casos secundarios. “Pisos muchos de ellos de 40 metros cuadrados”, señala Durán, aludiendo a un hacinamiento que “aumenta la carga viral”.#ECONOMÍA |Antes de la pandemia, las familias en situación de vulnerabilidad encuestadas ganaban de media 10.143 euros al año, lo que ya las situaba por debajo del umbral de la #pobrezahttps://t.co/F074xhxtUR
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Ayudar más a los más vulnerables
El problema en estos barrios no se arregla apelando a la responsabilidad individual y tampoco dando consejos genéricos, coinciden los epidemiólogos consultados por Efe.“Hay gente con mucho miedo, igual que la gente con más posibles”, señala la doctora Paula Chao, médico de familia, que niega que los diferentes niveles de contagios tengan que ver con “que sea una población más irresponsable”.“No basta con dar mensajes, no basta con decir si usted está enfermo, quédese en casa. Son mensajes simplistas, difíciles de cumplir si no van acompañados de medidas que faciliten seguirlo”, agrega Segura del Pozo.Y es que la vulnerabilidad lo que marca, esgrime Franco, es “quien necesita más”. Constatar la desigualdad debe ser una palanca para políticas públicas puesto que hay que acabar con el virus “en todos los estratos”, de lo contrario seguirá extendiéndose.“Tenemos que saber quién lo tiene y quien lo tiene más para poner más recursos en esas zonas” explica el epidemiólogo, que señala que debería haber más médicos, PCR o EPI donde hay más necesidad.“Lo primero es garantizar que no peligran los puestos de trabajo en caso de que tengas un contacto o un positivo y requieran un aislamiento adecuado”, señala la doctora Chao.Incluso llamando a los “patronos” para asegurarse de que no obligan a sus empleados a acudir, como propone el salubrista Segura del Pozo, quien señala que el "escudo social", por ejemplo del Ingreso Mínimo Vital, no está llegando aún.Además, los expertos coinciden en reclamar que se retome en Madrid la red de hoteles medicalizados para que acudan quienes no tienen condiciones para poder hacer un aislamiento seguro en sus casas.Por el momento la estrategia de atención es uniforme, pese a que son los centros de salud del sur los que más presión asistencial sufren.En Puente de Vallecas las colas, avivadas por PCR aleatorios cuestionados por algunos expertos, llegaron este sábado a una hora de espera y los doctores avisaban a los pacientes del retraso en los resultados. En Almendrales, Usera, sólo están trabajando cuatro de 16 médicos debido a bajas, vacaciones y profesionales de riesgo.No tener en cuenta las diferentes situaciones es “de una miopía tremenda”, señala Franco y pone como ejemplo Singapur, donde controlaron el virus con alta tecnología y no tuvieron en cuenta los barrios donde viven los trabajadores de industrias o que van a las casas: “Volvió a brotar el virus”.Añadir AtlánticoHoy como fuente preferida de Google de forma gratuita
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