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Ciro Molina, víctima de abusos en la Iglesia|CADENASER

"Mi agresor vive en una casa pagada por el obispo": Ciro Molina, abusado por un cura en Tenerife

Molina, víctima de abuso, habla despacio, con ese temblor contenido de quien ya ha relatado demasiadas veces la misma herida y, aun así, sigue sintiendo que tiene que justificarse, demostrar que no miente, que no fabula

Durante más de veinte años, Ciro Molina ha repetido la misma historia sin encontrar respuesta ni reparación. 

Ahora, una conversación grabada con el ya fallecido obispo Bernardo Álvarez -puesta en conocimiento de la Fiscalía y de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores- confirma, en boca de la propia jerarquía, lo que él venía denunciando desde joven y es que la diócesis mantuvo durante una década en activo al sacerdote que abusó de él y siguió tratando su testimonio como una cuestión de fe.​

La herida que sigue sangrando

Fui un niño cristiano católico, estuve estudiando para cura, me arrodillaba delante del Santísimo… y lo que he recibido ha sido un machaque constante”, revela.

Molina, en declaraciones a Atlántico Hoy, habla despacio, con ese temblor contenido de quien ya ha relatado demasiadas veces la misma herida y, aun así, sigue sintiendo que tiene que justificarse, demostrar que no miente, que no inventa.​

Conversación grabada

Destaca Molina que, en julio de 2024, accedió a reunirse con el entonces obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez. “Fue el prelado quien pidió ese encuentro”, relata.

Ante esa cita, tomó una decisión que, admite, no había previsto en otros momentos y fue grabar la conversación. “Siempre he dado la cara, siempre me he defendido; ellos, cada vez que se les ha dado la oportunidad de hablar, han dicho que no tienen nada que declarar”, explica. “Lo único que iba a tener para mi tranquilidad era lo que me dijera Bernardo”, añade.

Una hora sin pedir perdón

Durante algo más de una hora se mantuvo la reunión de la que salió con una mezcla de decepción y náusea. “Para mí fue una total decepción cuando oí todas las cosas que escuché, cuando vi que se escudaba en los anteriores obispos, en que era la cultura de la época”, menciona. 

Ciro habla del fallecido Álvarez como un obispo más preocupado por contextualizar que por reparar, más dispuesto a mirar hacia atrás que a asumir su parte de responsabilidad. “Decir que tienes tanto poder y no ser capaz de usarlo a favor de la gente más vulnerable… yo hasta sentía asco de Bernardo”, confiesa.​

Una prueba más

La reunión mantenida se llevó a cabo meses antes de que el obispo renunciara por enfermedad “y no la grabé para que llegara a los medios de comunicación sino a la Fiscalía y a la Comisión Pontificia para que quedara constancia de que mis denuncias no eran una exageración individual, sino que estaban respaldadas por las palabras de un obispo en activo

La Fiscalía me dio acuse de recibo, pero no me ha dicho más nada; me imagino que lo archivarán”, lamenta. Aun así, pidió que se investigara, que se analizara la grabación y se valorara la apertura de diligencias, según expone a este medio.

Sin condena

En el audio de la conversación, según expone, Bernardo Álvarez admite que el sacerdote señalado por Ciro -todavía hoy con vida- se mantuvo durante una década al frente del altar. 

Bernardo mantuvo 10 años a mi agresor; ese hombre siguió diciendo misa”, subraya. Añade que, a día de hoy, ese cura vive en Tacoronte, “en una casa que le pagó y que le ayudó a arreglar el obispo, sin que sobre él pese ninguna condena penal ni, que conste por escrito, una sanción canónica”.​

Desamparo social

Molina no oculta la dimensión íntima que le ha producido este desamparo. Habla de su madre, ya fallecida, y de “todo lo que sufrió, la pobre, viendo cómo el sistema, civil y eclesial, fallaba una y otra vez”. 

La víctima de abuso en la Iglesia también habla del cansancio que siente al seguir siendo cuestionado, de tener que defenderse no solo del agresor, sino también de la sospecha social y eclesial. “Nos sentimos tan cuestionados que es necesario aferrarnos a nuestro testimonio. Lo que digo es la verdad, es lo que me llevaré a la caja cuando me muera”.

Rechaza honores para los encubridores

¿Y por qué ahora que está muerto?”, apunta Molina, reiterando que la sensación de impotencia y soledad se agrava cuando mira alrededor y ve cómo se sigue levantando la figura de determinados responsables que “han hecho mucho daño a niños y niñas”. 

Recuerda que, hace pocos meses, un medio local publicaba el deseo de que el Papa León XIV, en su próxima visita a La Laguna,  se arrodillara ante la tumba de Bernardo Álvarez durante su futura visita a la Catedral. “¿Por qué seguir exaltando su figura? ¿Por qué seguir rehabilitándolo?”, se pregunta. Para él, es un símbolo de algo más profundo y critica que “los encubridores y los pederastas eclesiales siguen ocupando un lugar preeminente en la Iglesia después de muertos”.​

Ejemplo de impunidad

El caso de Ciro Molina no es una excepción aislada, insiste, sino “un ejemplo de impunidad”. Carga contra la falta de transparencia, contra la negativa de los obispos a asumir actos públicos de reparación similares a los impulsados en otras diócesis, con víctimas nombradas y escuchadas. 

“En Tenerife, en cambio, las disculpas -cuando las hay- llegan de manera oculta, en privado, sin abrir archivos, sin rendir cuentas, sin informar de cuántos casos han recibido y cómo los han resuelto”, subraya.​

Víctima señalada socialmente

Nuestro entrevistado asume que por delante va a tener “días complicados” y que va a ser “duramente criticado por hablar de Álvarez estando muerto”, aunque insiste en recordar el peso del concordato con la Santa Sede, los límites para investigar a fondo, la falta de transparencia y la imposibilidad de hacer un seguimiento real de los casos. 

“Ellos se quieren beneficiar de las garantías del Estado de derecho, hablan de la presunción de inocencia… pero después no están dispuestos a someterse a esas mismas reglas», denuncia. 

Iglesia sin impunidad

Ante la realidad que ha vivido como niño abusado, primero, y después cuestionado socialmente, Ciro confiesa que llegó a plantearse quitarse la vida, que la presión y la incomprensión lo empujaron al límite. 

“Esa ya no es una opción. Voy a seguir hasta el final. Podré tener muchos fallos, pero tengo un buen corazón”, matiza.. Sabe que su testimonio ya ha servido para “visibilizar casos como el suyo” y espera que, por fin, se logre una iglesia sin impunidad”.​