Imagen de un grupo de estudiantes / EFE
Imagen de un grupo de estudiantes / EFE

Ni ninis ni desmotivados: la precariedad laboral y la vivienda frenan a la juventud canaria

Un estudio alerta de que la juventud canaria afronta proyectos de vida cada vez más frágiles por la combinación de empleos inestables, alquileres imposibles y falta de acompañamiento sostenido

ariadna

Llamar a la juventud actual la generación de cristal es patinar sobre hielo, así como considerar que no tienen aspiraciones ni ambición por su futuro. Las y los jóvenes canarios quieren trabajar, formarse, independizarse, acceder a empleos más estables o construir una vida fuera del hogar familiar. Pero no paran de encontrarse cada vez con más piedras que hacen que sus proyectos vitales se construyan sobre una base más y más frágil. 

Así lo señala el estudio La juventud canaria: barreras, desafíos y oportunidades, publicado por Convive Fundación Cepaim. La fotografía que deja el informe es la de una generación que no carece de expectativas, pero que se mueve en un escenario de vivienda inaccesible, empleos inestables, desigualdad educativa, pobreza heredada y apoyos insuficientes.

Empleos precarios

Canarias cuenta con 381.238 personas de entre 16 y 30 años, según datos del ISTAC recogidos en el estudio. La mayoría se concentra en las dos islas capitalinas: Tenerife reúne 150.900 jóvenes y Gran Canaria 139.532, lo que supone que el 77% de la juventud canaria reside en una de estas dos islas.

Sin embargo, la concentración poblacional no siempre implica más oportunidades reales. El informe señala que las áreas metropolitanas y turísticas ofrecen más opciones laborales, pero también empleos más precarios y mayores dificultades de acceso a la vivienda.

Sin acceso a la vivienda

Un dato que refleja esta realidad es que en torno al 44% de la población joven de Canarias está en riesgo de pobreza o exclusión social, una de las tasas más altas del país, que no mejora si se tiene en cuenta que el salario neto mediano juvenil en el Archipiélago, que se sitúa en 11.348,51 euros anuales, el segundo más bajo de España

Esto, sumado al encarecimiento de la vivienda, conduce a que solo alrededor del 15% o 16% de las personas jóvenes de entre 16 y 29 años está emancipada en Canarias. El alquiler en solitario, según recoge el documento a partir del Observatorio de Emancipación, supera el 95% del salario medio juvenil, lo que convierte la independencia residencial en una opción prácticamente inviable sin apoyo familiar.

Jóvenes trabajando con ordenadores. /Pexels
Jóvenes trabajando con ordenadores. /Pexels

Abandono escolar

Este panorama no tiene que ver con que las personas jóvenes ni estudien ni trabajen o algo por el estilo, ya que el estudio lo ve como una lectura simplista de lo que se conoce como "nini". Aunque en Canarias hay alrededor de 27.000 jóvenes de entre 15 y 24 años en esa situación - aproximadamente el 11% de ese grupo de edad -, bajo esa etiqueta conviven realidades muy distintas, como jóvenes que buscan empleo, personas con responsabilidades de cuidados, situaciones de enfermedad, desenganche educativo o trayectorias marcadas por la precariedad familiar. 

En este sentido, la investigación sostiene que el abandono educativo temprano y el desenganche formativo no pueden explicarse únicamente por “falta de voluntad”. Apuntan a factores como currículos percibidos como poco útiles para la vida real, aulas masificadas, rigidez institucional, experiencias de bullying, falta de apoyo personalizado y desconfianza hacia los itinerarios formales.

Todo eso hace que muchas veces se produzca una incorporación temprana a trabajos de baja cualificación para aliviar necesidades económicas inmediatas, pero interrumpiendo estudios. Así se acumulan las barreras: la falta de cualificación formal amplifica la precariedad laboral; la precariedad dificulta sostener estudios largos; y la imposibilidad de acceder a una vivienda prolonga la dependencia familiar. Esa cadena, según Cepaim, puede terminar cronificando trayectorias de exclusión si no se interviene de forma temprana.

Desigualdades

La investigación también incorpora una lectura de género. Aunque hombres y mujeres jóvenes comparten muchas barreras materiales, el informe detecta diferencias en la forma en que se expresa la vulnerabilidad. En el caso de las mujeres jóvenes, aparecen con más fuerza las cargas familiares, los cuidados no remunerados y el desgaste emocional asociado a contextos educativos o laborales poco reconocedores. 

Además, la juventud migrante supone a su vez otro reto. En Canarias, el 16,74% de la población de entre 15 y 29 años tiene nacionalidad extranjera, aunque el estudio advierte de que esa cifra puede infrarrepresentar la realidad al dejar fuera situaciones de irregularidad administrativa o jóvenes sin documentación estable.

Y esta realidad no es igual en todas las islas. Fuerteventura aparece como la isla con mayor peso de población juvenil extranjera, con aproximadamente un 36,8% de jóvenes de entre 15 y 29 años nacidos fuera de España o con nacionalidad no española. En Tenerife y Gran Canaria, la presencia de juventud extranjera se concentra especialmente en municipios turísticos del sur, donde la demanda de mano de obra en servicios y construcción convive con una elevada temporalidad.

Qué propone el estudio

El documento no se limita al diagnóstico. Cepaim plantea la necesidad de reforzar intervenciones socioeducativas integrales que combinen orientación vocacional realista, acompañamiento sostenido, formación conectada con intereses reales, apoyo para compatibilizar estudios y vida cotidiana, y actuaciones específicas sobre el clima educativo.

Una de las ideas más interesantes del informe es que muchos jóvenes sí cuentan con habilidades aprovechables —trato con personas, cuidados, creatividad, competencias digitales, deporte, comunicación o capacidades técnicas—, pero no siempre logran traducirlas en títulos, certificados, itinerarios formativos o empleos reconocidos.

Por eso, el estudio defiende que las políticas públicas y los programas de intervención deben actuar como “traductores” entre lo que los jóvenes saben hacer y las oportunidades reales del sistema educativo y laboral.