La auxiliar sociosanitaria Montse González, trabajadora del servicio de ayuda a domicilio en el municipio de Santa Cruz de Tenerife, ha decidido alzar la voz para denunciar lo que considera una situación generalizada en el sector: que las trabajadoras se ven obligadas a desempeñar labores de limpieza más allá de sus funciones en los domicilios a los que acuden, lo que implica dedicar menos tiempo a la atención de los usuarios para realizar tareas propias de un servicio doméstico.
El relato de la auxiliar sociosanitaria refleja su desesperación ante un sistema que, a su juicio, no entiende la necesidad de su profesión. “Nos sentimos como señoras domésticas. Nos sentimos como fregonas”, señala sobre las condiciones que enfrentan cada día. “Tenemos dos y hasta tres horas de pura limpieza en muchos domicilios cuando nuestro trabajo es atender a las personas”.
González, que cuenta con las titulaciones de auxiliar sociosanitaria y técnica en cuidados auxiliares de enfermería, explica que cuando fue contratada por la empresa que gestiona el servicio municipal de ayuda a domicilio no se le informó de que tendría que realizar labores propias del hogar. “Cuando te llaman para trabajar no pasas ningún filtro de entrevista. Solo te piden la titulación y en ningún momento te dicen que vas a realizar tareas de servicio doméstico”, denuncia.
Un servicio desvirtuado
El servicio de ayuda a domicilio está pensado para apoyar a personas mayores, personas dependientes o con discapacidad en su vida diaria. Sin embargo, según relata la trabajadora, la realidad en muchos casos es distinta. “Si yo te baño y te siento en el sofá y después me pongo a limpiar la casa, estoy tratando a esa persona como un mueble más”, explica. “Eso no es digno para nuestros abuelos y personas con discapacidad”.
La auxiliar asegura que el trabajo debería centrarse en aspectos fundamentales del cuidado y la autonomía personal: acompañamiento dentro y fuera del domicilio, estimulación cognitiva, estimulación física, fomentar la socialización o trabajar la autoestima de los usuarios. Sin embargo, sostiene que en la práctica estas tareas quedan relegadas por las labores domésticas que, en ocasiones, les piden realizar los propios familiares.
Tres horas de limpieza en algunos domicilios
“Hay servicios de dos y tres horas de pura limpieza”, afirma. “Los propios usuarios te dicen que la ayuda se la concedieron para eso”. En algunos casos, asegura, las auxiliares de ayuda a domicilio llegan al domicilio y el usuario ya ha sido atendido por familiares o cuidadores privados. “Entonces te dicen que te pongas a limpiar”, relata. En estas situaciones critica que, según su punto de vista, se destinen recursos públicos a domicilios donde la atención básica ya está cubierta por el entorno familiar.
González considera que el problema está en la forma en que se organiza el servicio desde la administración. “Creo que el Ayuntamiento tiene un mal enfoque de cuáles son las funciones de los auxiliares”, afirma.
A su juicio, debería existir un equipo específico para las tareas de limpieza más intensivas, mientras que las auxiliares sociosanitarias se centrarían en el cuidado personal y la autonomía de los usuarios. “El Ayuntamiento debería tener una cuadrilla de limpieza para esos servicios más esenciales y dejar a los profesionales trabajar la autonomía personal y las actividades de la vida diaria”, propone.
Situaciones de soledad y abandono
Más allá de las condiciones laborales, la auxiliar advierte también de situaciones de vulnerabilidad social entre algunos usuarios. “Hay personas que solo tienen una hora de servicio al día y el resto del tiempo están completamente solas”, explica.
Según denuncia, algunos usuarios del servicio de ayuda a domicilio reciben atención por la mañana y no vuelven a tener contacto con nadie hasta el día siguiente. “Yo voy, doy el baño, cambio el pañal, preparo el desayuno y a esa casa no vuelve nadie hasta el día siguiente. Eso es abandono”, asegura.
También señala que durante los días festivos se reducen algunos servicios esenciales de atención domiciliaria. De hecho, llama la atención sobre la Semana Santa por situaciones en las que los usuarios están sin bañarse desde el Jueves Santo hasta el lunes siguiente. Para solucionar estas situaciones propone implantar servicios mínimos en festivos y turnos de tarde o noche para cubrir necesidades básicas como cambios de pañal, medicación o cenas.
Falta de información y situaciones de riesgo
Otra de las críticas de la trabajadora es la falta de información sobre las circunstancias de los domicilios atendidos por el servicio de ayuda a domicilio. “Vamos solas y no sabemos qué nos vamos a encontrar detrás de la puerta”, explica.
Según relata, las auxiliares no reciben información sobre las patologías de los usuarios ni sobre el entorno familiar. “Yo me he encontrado con familiares alcohólicos, drogodependientes o con enfermedades mentales”, afirma.
Cámaras en los domicilios
Uno de los episodios que llevó a González a presentar un escrito de denuncia fue el servicio en un domicilio donde había cámaras en el domicilio instaladas. El usuario, según explica, tenía concedido un servicio relacionado con la preparación de comida, aunque finalmente el trabajo que se realizaba era limpieza del hogar.
“Ese señor cocinaba él mismo y a mí me mandaban exclusivamente a limpiar”, señala. La presencia de cámaras provocó un conflicto cuando la auxiliar pidió que se desconectaran durante su trabajo. “Cada uno es libre de poner cámaras en su casa, pero no para controlar el trabajo de las profesionales”, afirma.
Según relata, algunos usuarios llegan a supervisar el trabajo desde el móvil. “Se han dado casos de personas que, sentadas desde un sillón, te dicen que mojes más el suelo o que cambies el agua”.
Según explica, la coordinación de la empresa le comunicó que, si el usuario había firmado la comunicación de cámaras, las auxiliares no podían exigir que se apagaran. González considera que esto vulnera su derecho a la protección de datos. “Yo no he firmado ningún consentimiento para ser grabada”, sostiene.
