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Momento de la última reunión del comité científico del Pevolca. / RAMÓN DE LA ROCHA EFE

Los ojos que vigilan Tenerife: así se monitorizan las entrañas de la isla

La red del Instituto Geográfico Nacional combina estaciones sísmicas, antenas de precisión milimétrica y análisis de gases para seguir cada cambio bajo el suelo tinerfeño

La actividad volcánica que se lleva registrando desde hace dos semanas en las entrañas de la isla de Tenerife nunca antes se había detectado. No es que no sucediera, sino que las máquinas que hay sobre el terreno llevan tan solo dos décadas dando información y la que han recogido en los últimos días es distinta a lo habitual: se ha identificado un movimiento de fluidos que provoca una reverberación y que ha venido acompañado de tres enjambres sísmicos en el entorno del Teide.

Todavía no hay nada que confirme que vaya a producirse una erupción volcánica a corto plazo, pero toda la información disponible sobre el aumento de la emisión de gases, la deformación del terreno y los seísmos procede de una amplia red de instrumentos que actúan como centinelas. Gracias a ellos, la isla es hoy un territorio monitorizado al detalle.

Sismicidad bajo vigilancia

En Tenerife hay 26 estaciones sísmicas. “Para el área que tiene Tenerife es bastante”, considera Itahiza Domínguez, director en Canarias del Instituto Geográfico Nacional (IGN). La red permite detectar terremotos de magnitud 0,5 y cuenta con redundancia: un mismo evento es registrado por varias estaciones, lo que mejora su localización.

Esta red, junto con la que opera Involcan, es la que lleva dos semanas detectando los tres enjambres que han llevado a calificar la situación como inusual. Lo destacable es que estos seísmos presentan baja frecuencia, algo que no era habitual hasta ahora. Mientras que los terremotos convencionales vibran entre 1 y 25 hercios, los de baja frecuencia se sitúan en torno a los 5, 6 o 7 hercios, explica Domínguez. Este tipo de señal suele asociarse al movimiento de fluidos.

El vulcanólogo y director del Instituto Geográfico Nacional (IGN) en Canarias, Ithaiza Domínguez. / RAMÓN DE LA ROCHA-EFE

Eventos híbridos

“Es como la ruptura de una fractura en la roca; esa fractura se llena de un fluido y ese fluido reverbera”, detalla el vulcanólogo. Esa combinación entre una señal de fractura y una reverberación posterior es lo que se denomina evento híbrido. Según explica, el fluido puede ser gas, agua o magma, y determinar con precisión su naturaleza no es sencillo.

El análisis de estos datos combina sistemas automáticos y revisión manual por parte de especialistas. Desde hace dos años, además, el IGN trabaja con un sistema de inteligencia artificial capaz de detectar y localizar terremotos muy débiles, incluso aquellos cuya señal resulta difícil de identificar a simple vista.

La deformación del terreno

La vigilancia volcánica no se basa únicamente en la sismicidad. El segundo gran bloque de información es la deformación del terreno. En la isla hay 16 antenas GNSS instaladas en puntos fijos. Funcionan de manera similar a los sistemas de posicionamiento de los teléfonos móviles, pero con una precisión muy superior. Al medir de forma continua, permiten detectar desplazamientos del orden del milímetro.

A estas se suman cuatro inclinómetros, instrumentos extremadamente sensibles que registran variaciones mínimas en la inclinación del terreno. “Es capaz de medir una inclinación de un microrradián: si cogieras una cuerda de un kilómetro y movieras uno de los lados un milímetro hacia arriba”, ejemplifica el director del IGN en Canarias. Si el suelo se deforma, la antena se desplaza y el inclinómetro lo detecta. Está prevista, además, la instalación de nuevos dispositivos en sondeos de hasta 30 metros de profundidad.

Satélites y mediciones en el Teide

Otra técnica empleada es la interferometría radar mediante satélites, que permite comparar imágenes tomadas en distintos momentos para obtener mapas bidimensionales de deformación. El IGN trabaja principalmente con datos del programa Copernicus de la Agencia Espacial Europea y puede recurrir a otras constelaciones si fuera necesario.

En el entorno del Teide también se utiliza un distanciómetro robotizado, similar a los que emplean los topógrafos, que mide de forma automática la distancia hasta prismas instalados en distintos puntos del edificio volcánico. Cualquier variación queda registrada.

El tercer vértice: los gases

El análisis de los gases que emergen del subsuelo completa el triángulo de la vigilancia volcánica. Es, según admite Domínguez, el ámbito más complejo. El magma contiene gases que pueden liberarse cuando se mueve. Estos pueden ascender por fracturas, alcanzar acuíferos o salir a la superficie por fumarolas, como las existentes en el Teide. También pueden emitirse de forma difusa en amplias zonas del terreno.

El IGN dispone de estaciones de vigilancia continua y realiza campañas periódicas en galerías de agua para medir variaciones. En el caso del dióxido de carbono (CO₂), se están incorporando estaciones que permiten mediciones continuas en galerías, una técnica que ha requerido desarrollar métodos específicos para su aplicación en agua.

Vigilancia permanente

La red de control en Tenerife supera el centenar de estaciones, equipos y puntos de muestreo dedicados a la sismicidad, la deformación y la geoquímica. En la oficina del IGN en Canarias trabajan 15 personas centradas en la vigilancia, dentro de un equipo de unas 40 dedicadas a la vulcanología, a las que se suman los profesionales de la Red Sísmica Nacional que operan las 24 horas.