El conflicto burocrático que mantiene paralizado el Plan de Recuperación del pinzón azul de Gran Canaria (Fringilla polatzeki) sigue sin resolverse por el choque de competencias entre el Gobierno de Canarias y el Cabildo de Gran Canaria.
Ante esta situación, que mantiene congelado el programa de cría en cautividad de esta ave endémica, el veterano veterinario y biólogo Pascual Calabuig ha optado por poner la tecnología del Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de Tafira al servicio de los charranes, cuyo programa de protección y cría en la bahía de La Luz ha logrado la mayor colonia de esta especie en Canarias.
Peligro de extinción
Calabuig explica que en Tafira disponen de instalaciones modélicas con cámaras robotizadas y personal preparado para la cría de los polluelos, pero al estar en pinzón en peligro de extinción la competencia es del Gobierno regional y el programa de recuperación está caducado, sin que el Cabildo pueda emprender acciones por su cuenta. Se calcula que hay sólo unos 400 ejemplares en los pinares de Inagua y La Cumbre, sus hábitats principales en Gran Canaria.
El director de centro lamenta que no le dejen usar las incubadoras como está haciendo con el charrán, cuya recuperación en el Puerto de Las Palmas y en el lado de la bahía que da a El Confital es toda una realidad.
Y es que el proyecto de plataformas flotantes liderado por el Cabildo y la Autoridad Portuaria ha sido un éxito rotundo, logrando que la población de charranes comunes pase de apenas tres parejas a casi un centenar de ejemplares en la bahía.
Se trata de un ave con un fuerte carácter territorial de la especie, que defienden sus nidos y ataca con agresividad si siente que sus huevos están amenazados.
Al rescate de los huevos
A pesar de las plataformas flotantes, muchas parejas realizan sus puestas en zonas de tránsito del Puerto de La Luz, como el muelle Nelson Mandela, las inmediaciones de la Base Naval o hasta la terminal de cruceros.
Para garantizar que no se produzcan incidentes, ataques o heridas y evitar que las puestas acaben destruidas por la maquinaria o depredadas por ratas y gatos, el equipo de Tafira ha activado un protocolo de rescate urgente.
Los huevos son retirados de los muelles conflictivos, se introducen en las incubadoras del centro y los pollos son criados en un entorno seguro antes de ser devueltos a la libertad.
Esta iniciativa no solo mitiga el riesgo de accidentes laborales en los muelles de Las Palmas de Gran Canaria y zonas aledañas, sino que evidencia la paradoja de la gestión medioambiental en las islas: mientras un proyecto de fauna costera florece gracias a la colaboración entre el Cabildo y el Puerto, la joya de la corona de la fauna forestal de la cumbre, el pinzón azul, sigue atrapado en los despachos de la administración regional.
