La educación en Canarias enfrenta cada vez más retos. La caída de la natalidad, el envejecimiento de la población, los movimientos migratorios, la desigualdad social y los desequilibrios territoriales están marcando la evolución del sistema educativo del Archipiélago, según el Informe sobre la realidad educativa de Canarias 2026, elaborado por el Consejo Escolar de Canarias.
Un panorama que obliga, como indica el documento, a que las políticas educativas se diseñen teniendo en cuenta las condiciones sociales y económicas de las familias y la propia estructura de las Islas para así solventar situaciones como la diversidad de las aulas, que cada vez supone un desafío mayor.
Menos niños, más presión
Canarias sigue ganando población, pero lo hace cada vez menos por nacimientos y más por movimientos migratorios. Según el informe, la población del Archipiélago alcanzó los 2.249.956 habitantes a 1 de enero de 2025, con un incremento de 21.094 personas respecto al año anterior. Entre 2013 y 2023, Canarias creció un 5,6%, casi el doble que la media estatal, situada en el 2,9%.
Sin embargo, ese crecimiento convive con una base infantil cada vez más estrecha. El crecimiento vegetativo —la diferencia entre nacimientos y defunciones— es negativo desde 2018, tras años de descenso continuado de la natalidad. El informe vincula esta tendencia con factores como la precariedad laboral, las dificultades de conciliación, el encarecimiento de la vivienda y el retraso de la maternidad.
La consecuencia educativa es directa, ya que habrá territorios con menos alumnado y centros pequeños cuya viabilidad deberá ser repensada, mientras otros espacios, sobre todo urbanos, turísticos y costeros, seguirán soportando una fuerte presión demográfica. Tenerife y Gran Canaria concentran alrededor del 82% de la población canaria, mientras que La Gomera y El Hierro apenas suman el 2% del total.
La desigualdad en las clases
Las Islas parten de por sí de un contexto socioeconómico complejo, indica el informe. La tasa AROPE, que mide el riesgo de pobreza o exclusión social, se situó en 2024 en el 31,2% en Canarias, por encima de la media española, que fue del 25,8%. Solo territorios como Ceuta y Andalucía presentan registros más elevados.
Y este dato no pasa desapercibido en el sistema educativo. La pobreza, la baja intensidad de empleo en los hogares y las carencias materiales condicionan las oportunidades de aprendizaje, el acceso a recursos complementarios, la estabilidad de las trayectorias escolares y la capacidad de las familias para acompañar los procesos educativos. El Consejo Escolar insiste en que hablar de educación en Canarias es hablar también de renta, empleo, vivienda, servicios públicos y cohesión territorial.
Aulas más diversas
El cambio demográfico y social de Canarias también se refleja en el aumento del alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo, así como el incremento del alumnado migrante, que requiere de más atención, en especial el no hispanohablante.
Este nuevo escenario exige recursos más especializados y una respuesta coordinada entre educación y servicios sociales. Entre las propuestas, el Consejo Escolar plantea contratar personal especializado en español para extranjeros, reforzar el apoyo idiomático y mejorar la atención a la diversidad.
El documento también advierte de la necesidad de evitar la concentración del alumnado menor no acompañado en un mismo ciclo formativo, una medida orientada a favorecer una integración más equilibrada y a impedir que determinados centros o enseñanzas asuman en solitario las situaciones de mayor complejidad.
La educación de 0 a 3 años
Otro de los retos de la educación en el Archipiélago es cubrir las carencias en las primeras etapas educativas. Aunque el informe reconoce el crecimiento de la oferta de Educación Infantil de primer ciclo, también advierte de que las plazas siguen siendo insuficientes.
En el curso 2025-2026, solo 2.289 alumnos figuran matriculados en el primer ciclo de Infantil en Canarias, frente a los 38.944 del segundo ciclo, por lo que el análisis apunta al margen que tienen las Islas para ampliar una etapa considerada clave en términos de equidad.
La educación de 0 a 3 años no solo tiene una dimensión educativa. También facilita la conciliación familiar, contribuye a reducir desigualdades desde edades tempranas y puede ayudar a compensar las diferencias de origen entre el alumnado.
Más alumnado en FP
En el curso 2025-2026, Canarias registra 311.618 estudiantes en enseñanzas de Régimen General, sumando centros públicos, concertados y privados. La Educación Primaria continúa siendo la etapa con más alumnado, con 103.388 estudiantes, seguida de la ESO, con 82.111. Bachillerato cuenta con 30.720 alumnos y alumnas, mientras que la Formación Profesional gana peso en el sistema: 18.720 estudiantes cursan ciclos de Grado Medio y 28.118 ciclos de Grado Superior.
El crecimiento de la FP aparece en el informe como uno de los avances más relevantes de los últimos años, aunque el Consejo Escolar advierte de que persisten retos como el sesgo de género en la elección de estudios. La consolidación de esta etapa, clave para conectar educación y empleo, obliga también a ajustar la oferta a las necesidades del territorio y del tejido productivo de las Islas.
Mejores ratios
Otro de los datos positivos es la evolución de las ratios. El número medio de estudiantes por docente en las enseñanzas de Régimen General muestra una tendencia descendente desde el año 2000, lo que refleja una mejora progresiva en las condiciones de atención al alumnado. No obstante, el propio documento advierte de que las ratios siguen siendo más altas en los centros privados que en los públicos.
En Infantil y Primaria, la ratio media en centros públicos fue de 17,6 estudiantes por grupo en el curso 2025-2026. En Secundaria, los grupos de los centros públicos pasaron de una media de 23,9 estudiantes en 2016-2017 a 21,2 en 2025-2026. Aun así, el informe constata diferencias territoriales: Lanzarote y Fuerteventura aparecen como las islas con aulas de Secundaria más cargadas, mientras que La Palma y La Gomera presentan ratios más bajas.
Un diagnóstico para decidir
El informe evita reducir la educación a una fotografía de resultados académicos —que serán objeto de otro estudio— y propone una lectura más amplia. La conclusión de fondo es que el sistema educativo canario ha avanzado, especialmente en la mejora del nivel formativo de las nuevas generaciones, el crecimiento de la Formación Profesional y la evolución positiva de las ratios. Pero también afronta desafíos de gran calado, como garantizar la inclusión, ampliar la educación temprana, sostener los centros pequeños, atender la diversidad cultural y lingüística, corregir desigualdades sociales y planificar recursos con una mirada insular y territorial.
En palabras del propio enfoque del informe, la educación no sucede al margen de la realidad: la refleja, la padece y, si cuenta con recursos y planificación suficientes, también puede transformarla.
