En Canarias, hay un pueblo que destaca especialmente por encima del resto: Santa María de Guía de Gran Canaria, situado en el norte de Gran Canaria.
Su denominación oficial está formada por 29 letras, siete palabras y 35 caracteres si se cuentan los espacios. Una extensión que lo convierte en el municipio con el nombre más largo del Archipiélago, por delante de otros como San Cristóbal de La Laguna, Santa Lucía de Tirajana o San Bartolomé de Tirajana. El Instituto Nacional de Estadística recoge oficialmente su denominación completa como Santa María de Guía de Gran Canaria.
Sin embargo, su nombre no es la única curiosidad que guarda este rincón grancanario. Guía conserva un casco histórico protegido, uno de los yacimientos arqueológicos más espectaculares de la isla y una tradición quesera que ha convertido al municipio en un referente gastronómico dentro y fuera de Canarias.
Un nombre enorme
El recuento completo permite entender por qué ocupa el primer puesto:
Santa tiene cinco letras; María, otras cinco; de, dos; Guía, cuatro; el segundo de, otras dos; Gran, cuatro; y Canaria, siete. El resultado son exactamente 29 letras repartidas en siete palabras.
Aunque en el habla cotidiana casi todo el mundo lo llama simplemente Guía, esa forma abreviada esconde una de las denominaciones municipales más extensas de toda Canarias.
Curiosamente, pese a que suele incluirse entre los pueblos del norte de Gran Canaria, la antigua villa recibió oficialmente el título de ciudad en octubre de 1871. Sus orígenes se remontan a finales del siglo XV, después de la conquista de la isla.
Un casco protegido
El centro histórico de Guía fue declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional en 1982. Sus calles conservan viviendas tradicionales, fachadas de colores, edificios religiosos y destacados ejemplos de arquitectura civil canaria.
Uno de sus principales edificios es la iglesia parroquial de Santa María de Guía, levantada en el lugar alrededor del cual fue creciendo la población. Su fachada combina elementos barrocos con dos torres de estilo neoclásico, consideradas uno de los ejemplos más destacados de esta corriente arquitectónica en Gran Canaria.
En el interior se conservan retablos, piezas de orfebrería, tejidos religiosos y varias imágenes de José Luján Pérez, uno de los escultores e imagineros más importantes de la historia de Canarias y natural de este municipio.
Otro edificio llamativo es la Casa de los Quintana, situada en la Plaza Grande. Construida en el siglo XVII, destaca por su balcón canario-mudéjar de madera y por el blasón de los apellidos Guanarteme y Quintana que luce en su fachada.
Tierra de artistas
Además de José Luján Pérez, Guía fue la cuna de Néstor Álamo, escritor, investigador, compositor y una de las figuras fundamentales para entender la música popular de Canarias.
La casa en la que nació en 1906 alberga actualmente un museo dedicado a su figura. En su interior se puede recorrer parte de la historia de la música del Archipiélago y conocer la trayectoria de un autor estrechamente vinculado a canciones tradicionales tan conocidas como Sombra del Nublo.
El municipio también estuvo relacionado con el compositor francés Camille Saint-Saëns, quien pasó largas temporadas descansando en Villa Melpómene, situada a la entrada de Guía.
Un queso con flores
Pero hablar de Santa María de Guía es hablar inevitablemente de su queso. El Queso de Flor de Guía es uno de los productos gastronómicos más singulares de Canarias.
Su gran peculiaridad está en el cuajado. En lugar de utilizar únicamente cuajo de origen animal, se emplea la flor del cardo azul, que permite coagular la leche y aporta al producto una textura, un aroma y un sabor característicos.
Tradicionalmente, los quesos se dejan madurar sobre cañizos en espacios con poca humedad. Este proceso artesanal, unido a la leche empleada y al cuajo vegetal, ha dado lugar a un alimento estrechamente ligado al paisaje ganadero de las medianías del norte de Gran Canaria.
El Queso de Flor de Guía forma parte de una denominación protegida que también comprende el Queso de Media Flor de Guía y el Queso de Guía. Aunque sus nombres sean parecidos, se diferencian, entre otros aspectos, por la proporción de cuajo vegetal utilizada durante su elaboración.
Cada año, la zona de Montaña Alta, situada a unos 14 kilómetros del casco, celebra la popular Fiesta del Queso, una cita que reúne a productores, vecinos y visitantes alrededor de uno de los grandes emblemas gastronómicos del municipio.
Cuevas en la roca
A pocos kilómetros del centro se encuentra otra de las grandes sorpresas de Guía: el Cenobio de Valerón.
Pese a su nombre, no fue un convento. Se trata de un enorme granero colectivo prehispánico utilizado por los antiguos canarios para almacenar cereales y otros alimentos antes de la conquista.
El complejo se encuentra literalmente suspendido sobre los escarpes de la Cuesta de Silva y está compuesto por más de 350 cuevas, cámaras, silos y oquedades, distribuidos en diferentes niveles y excavados en la roca volcánica.
Su ubicación elevada ayudaba a proteger las cosechas y a controlar el acceso a los alimentos. El conjunto está considerado uno de los yacimientos arqueológicos más espectaculares de Gran Canaria y fue declarado Bien de Interés Cultural en 1978.
El municipio alberga igualmente el Tagoror del Gallego, un espacio semicircular excavado en la montaña en el que se observan tres asientos o tronos de piedra rodeados por una especie de graderío. Una de las interpretaciones plantea que pudo funcionar como lugar de reunión o como una suerte de tribunal entre la población prehispánica.
Piscinas junto al mar
Aunque Guía suele asociarse más con sus medianías, su queso y su casco histórico, el municipio también tiene costa. Se trata principalmente de un litoral rocoso, con acantilados y rincones frecuentados sobre todo por residentes del norte de la isla.
Uno de los más conocidos es Roque Prieto, situado en La Atalaya, aproximadamente a dos kilómetros del casco. Allí se encuentran unas piscinas naturales protegidas parcialmente de la fuerza del Atlántico y utilizadas habitualmente para el baño.
También sobresale San Felipe, una playa conocida por su fuerte oleaje y por la práctica del surf. La presencia de grandes acantilados en la zona favorece además actividades como el parapente.
Naturaleza y artesanía
El territorio de Santa María de Guía se extiende desde la costa hasta las medianías y zonas de cumbre, lo que explica la diversidad de sus paisajes.
Parte de su superficie se integra en espacios protegidos como la Reserva Natural Especial del Brezal, el Parque Rural de Doramas, el Monumento Natural del Montañón Negro y el Paisaje Protegido de Las Cumbres, compartidos en algunos casos con municipios vecinos.
El Brezal conserva especies propias del monteverde canario, entre ellas brezos, fayas, laureles, acebiños y granadillos.
Guía también mantiene una importante tradición artesanal. En sus talleres se elaboran piezas de madera, balcones canarios, baúles, tallas, objetos de cestería y trabajos de mimbre. A ello se une la fabricación del cuchillo canario, reconocible por sus mangos decorados mediante incrustaciones geométricas de metal y cuerno.
Mucho más que letras
Santa María de Guía de Gran Canaria puede llamar inicialmente la atención por tener el nombre más largo del Archipiélago, pero sus 29 letras son solo la puerta de entrada.
Tras ellas aparecen un casco histórico protegido, edificios de varios siglos, escultores y músicos fundamentales para la cultura canaria, un gigantesco granero aborigen excavado en la roca, piscinas naturales y un queso elaborado con flores que se ha convertido en una de las grandes joyas gastronómicas de las islas.
Un municipio que casi todo el mundo resume en una sola palabra —Guía—, pero cuyo nombre completo necesita siete para contar solo una pequeña parte de todo lo que guarda.
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