Rafael Yanes, exdiputado del Común, comenta a Atlántico Hoy que actualmente vive una jubilación muy activa, volcado en sus viejas pasiones -la escritura y la música- sin perder de vista una mirada muy crítica sobre la realidad social y política de Canarias y de España.
Entre ensayos con sus grupos de pop-rock y los últimos retoques de su tercera novela, el que fuera Diputado del Común reivindica que la sensibilidad social es plenamente compatible con subirse a un escenario.
Una mirada inquieta a la actualidad
Desde fuera del Parlamento, Yanes confiesa que percibe “una inestabilidad absoluta” en el escenario político. Habla de un cambio de paradigma a nivel internacional ligado a la figura de Donald Trump, que a su juicio convierte a Estados Unidos en un aliado menos fiable para Europa y siembra inseguridad.
También observa con preocupación la política estatal, donde detecta líderes más empeñados en “destruir” al adversario que en ganar limpiamente unas elecciones, una forma de hacer política que se va extendiendo a la ciudadanía y que, advierte, genera un clima “muy preocupante”.
El caso de Canarias
En el caso de Canarias, lamenta que los problemas sociales que centraron su mandato como Diputado del Común sigan prácticamente en el mismo punto, con una atención deficiente a las personas con discapacidad y una situación “muy mala, muy muy mala” en dependencia.
“En políticas sociales seguimos estando en los años 80”, resume, insistiendo en la falta de plazas residenciales y de planificación.
La memoria de la posguerra hecha novela
Con la agenda institucional ya cerrada, Yanes ha recuperado con fuerza otra de sus grandes aficiones: la literatura. Reconoce entre risas que lleva “año y medio” diciendo que está terminando su tercera novela, porque, según apunta, es muy perfeccionista “y me gusta cuidar cada detalle de la redacción”. Además indica que su intención es que esta novela vea la luz durante 2026.
Adelanta a este medio que su obra nació de los recuerdos de su madre sobre lo vivido en Canarias tras el golpe de Estado de Franco, en un territorio donde no hubo frente bélico, pero sí una dura persecución contra quienes discrepaban.
"Odios ocultos"
Lo que más impresionaba a su madre, explica, era cómo aquella coyuntura fue aprovechada por personas movidas por la envidia o el odio para ajustar cuentas personales.
Partiendo de esas confidencias familiares, el manuscrito ha ido tomando vida propia hasta convertirse en una historia que ya no reproduce literalmente los relatos maternos, sino que bucea en esos “odios ocultos” que permanecen latentes y solo afloran en situaciones excepcionales, como un golpe de Estado.
Del escaño al escenario musical
La otra gran vertiente creativa de Yanes es la música, un territorio que nunca abandonó del todo pero al que ahora puede dedicar más tiempo. Desde siempre ha tocado la guitarra y, hace unos 15 o 20 años, decidió dar el salto a la batería. En la actualidad forma parte de dos bandas, Atípicos y Chacaica.
Ensayan dos días a la semana, disfrutan preparando repertorio y, sobre todo, del “post ensayo”, esos ratos de conversación y amistad que prolongan la música. Su estilo se mueve principalmente en el pop y el rock español de los años 80, aunque reconoce que en el set list “tenemos de todo” y ya encadenan fines de semana de conciertos en distintos lugares de la isla. “La música me hace inmensamente feliz”, subraya Yanes.
La música como amistad
Uno de los grupos es Atípicos, integrado por seis personas y destacando dos voces, bajo, teclado, guitarra y Yanes a la batería, lo mismo que en Chacaica con siete componentes.
Más allá de la formación musical, subraya que lo que define a la banda es que “principalmente somos amigos”, personas unidas por la música que han ido forjando una amistad intensa en los ensayos y escenarios.
El “diputado del Común” que toca rock
No son pocas las personas que se sorprenden cuando descubren que aquel hombre serio, de corbata y verbo firme en la tribuna parlamentaria, es el mismo que se sienta tras la batería en un grupo de rock. “Como que no les pega mucho”, admite, consciente del contraste entre la imagen institucional y la del músico en escena.
Sin embargo, para él no hay contradicción alguna y aclara que en la misma personalidad conviven una profunda sensibilidad por los asuntos sociales y la defensa de las personas discriminadas, con el disfrute de la música rock y el placer sencillo de tocar con amigos.
