La Mareta vuelve a aparecer en el calendario político del verano. La residencia oficial situada en Costa Teguise, en Lanzarote, se perfila de nuevo como el lugar elegido por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para pasar parte de sus vacaciones en Canarias. Según la información trasladada, su estancia comenzaría el 28 de julio y se prolongaría hasta el 30 de agosto.
El enclave no es una residencia cualquiera. Ubicada junto al Atlántico y gestionada por Patrimonio Nacional, La Mareta ha sido durante décadas uno de los refugios más singulares del Estado en Canarias: discreta hacia fuera, blindada hacia dentro y con una historia que mezcla monarquía, arquitectura, diplomacia y poder político.
Un verano más en Costa Teguise
La elección de La Mareta no es nueva en el caso de Pedro Sánchez. Desde su llegada a La Moncloa, el presidente ha recurrido en distintas ocasiones a esta residencia oficial para sus descansos estivales en Lanzarote.
La ubicación ayuda a entender su atractivo: Costa Teguise, en el municipio de Teguise, al noreste de la isla, ofrece un entorno costero, clima estable y una posición relativamente apartada del foco público. El Ministerio de Industria ya describía en 2015 La Mareta como una residencia emplazada en la localidad turística de Costa Teguise y gestionada por Patrimonio Nacional. El recinto permite una estancia con alto nivel de privacidad y seguridad. Se trata de una finca de unos 30.000 metros cuadrados con acceso directo al Atlántico, dos piscinas, lago artificial, instalaciones deportivas y helipuerto.
Una casa con firma de César Manrique
La Mareta forma parte de esos edificios de Lanzarote donde la arquitectura no se entiende sin el paisaje. La residencia fue construida a finales de los años setenta por encargo del rey Hussein I de Jordania. El diseño está vinculado a César Manrique y al arquitecto Fernando Higueras. Su perfil bajo, las paredes claras y la integración con el entorno volcánico responden a una forma muy lanzaroteña de entender la construcción: no imponerse sobre el paisaje, sino adaptarse a él.
Años después, el rey Hussein cedió la residencia a Juan Carlos I. La Mareta terminó incorporándose al Patrimonio Nacional y pasó a formar parte de los espacios oficiales utilizados por la Familia Real y por presidentes del Gobierno.
De residencia real a refugio presidencial
La historia de La Mareta ha estado ligada durante décadas a visitas de alto nivel. Por este enclave han pasado miembros de la Familia Real española, presidentes del Gobierno y dirigentes internacionales. The Huffington Post recordó en 2025 que entre quienes han ocupado la residencia figuran líderes como Helmut Kohl, Gerhard Schröder, Mijaíl Gorbachov, Václav Havel, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez.
Esa dimensión diplomática explica que La Mareta no sea solo una vivienda de descanso. En 2015, Patrimonio Nacional y el entonces Ministerio de Industria suscribieron un convenio para que la residencia pudiera ponerse al servicio de intereses turísticos de España, especialmente en el ámbito de relaciones institucionales y promoción exterior. Con el paso del tiempo, sin embargo, el uso más conocido para la opinión pública ha sido el vacacional. Cada verano en que el presidente se instala en la residencia, La Mareta vuelve al debate político y mediático.
La memoria más íntima de la monarquía
Más allá de su arquitectura y de sus usos oficiales, La Mareta también guarda episodios relevantes de la historia reciente de la Familia Real. En abril de 1993, durante una estancia de parte de la familia en Lanzarote, llegó la noticia de la muerte de Don Juan de Borbón, conde de Barcelona y padre de Juan Carlos I. Años después, el 2 de enero de 2000, María de las Mercedes de Borbón, madre del entonces rey, falleció en la propia residencia a causa de un infarto.
Ese pasado convierte La Mareta en un espacio con una carga simbólica particular. Ha sido lugar de vacaciones, escenario de encuentros institucionales y también refugio familiar en momentos de especial importancia para la monarquía española.
Los gastos bajo la lupa
El uso de La Mareta por parte del presidente del Gobierno también ha abierto en los últimos años un debate sobre los costes asociados a estas estancias. The Objective publicó en abril de 2026 que, tras requerimientos vinculados al Consejo de Transparencia y Buen Gobierno, el Ejecutivo reconoció 167.363,64 euros en gastos adicionales asociados a las estancias vacacionales del presidente en La Mareta entre enero de 2020 y mayo de 2023. Según ese medio, la cifra incluía conceptos como alojamiento, manutención y locomoción, excluido el personal de seguridad.
El mismo digital publicó en 2025 que el coste de manutención de una estancia de verano rondaba los 15.000 euros en comida y bebida, y situaba el coste total en torno a 36.000 euros sin contar seguridad. Estos datos han reactivado el debate sobre el uso de residencias oficiales durante periodos vacacionales, especialmente cuando coinciden con momentos de tensión política o con exigencias de transparencia sobre los recursos públicos.
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