Álvaro del Cristo Godoy tenía 11 años cuando ingresó en el centro San Juan de Dios de Las Palmas de Gran Canaria. Era 1972, había perdido a su padre seis años antes y padecía una enfermedad en una rodilla que le obligaba a caminar con bastones. Su madre confió su educación y atención a una institución religiosa dedicada al cuidado de menores con discapacidad y otras necesidades asistenciales. Más de medio siglo después, aquel antiguo alumno, que ahora tiene 65 años y ha solicitado la eutanasia, ha decidido denunciar públicamente los supuestos abusos sexuales y físicos que asegura haber sufrido a manos de dos hermanos de la orden hospitalaria.
Su testimonio, publicado este jueves por El País, ha provocado una reacción inmediata de la congregación. La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios ha apartado de todos sus cargos y de la actividad docente al hermano Calixto Andrés Plumed Moreno, uno de los dos religiosos señalados por Godoy. La institución también ha anunciado la apertura de un procedimiento canónico que comenzará este viernes, 9 de octubre, para investigar unas acusaciones que se remontan a los primeros meses de funcionamiento del centro grancanario.
La decisión afecta a un religioso que, después del presunto abuso denunciado por Godoy, desarrolló una extensa carrera dentro de la congregación. Entre otras responsabilidades, ejerció como consejero delegado y superior provincial de la orden, además de dedicarse a la docencia universitaria. Su trayectoria contrasta con la del otro acusado, el hermano Francisco, que abandonó la institución en diciembre de 1977 y cuyo paradero actual se desconoce.
Una infancia marcada
El centro San Juan de Dios de Gran Canaria abrió sus puertas en septiembre de 1972 con el propósito de proporcionar asistencia educativa, sanitaria y rehabilitadora a niños con discapacidad o procedentes de familias con dificultades sociales. Entre sus alumnos había menores afectados por las secuelas de la poliomielitis, una enfermedad que durante décadas dejó importantes discapacidades físicas.
Godoy llegó aquel mismo año. No permanecía internado durante las noches, sino que acudía a las instalaciones durante el día y regresaba a dormir a su domicilio familiar. Según ha explicado, su madre decidió matricularlo por sus dificultades de salud y por las circunstancias familiares que atravesaban después de la muerte de su padre.
Enfermería
El antiguo alumno sostiene que los abusos comenzaron cuando el hermano Francisco, responsable de la enfermería, lo obligó a entrar en una dependencia sanitaria con el pretexto de realizarle una revisión médica. Allí, según su relato, el religioso comenzó a tocarlo y posteriormente lo agredió sexualmente. Godoy acusa al hermano Calixto, que estaba encargado del comedor, de haber intervenido para inmovilizarlo mientras se producía la violación.
La víctima asegura que intentó resistirse y pedir ayuda, pero que ambos religiosos lo sujetaron. El episodio terminó, según su versión, cuando sonó la alarma de un simulacro de incendio y comenzaron a salir los alumnos de las aulas. Antes de dejarlo marchar, el hermano Francisco le habría exigido silencio mediante amenazas de carácter religioso y advertencias sobre posibles desgracias para su familia. "Esto forma parte del deseo De Dios", le alertó, "y tiene que quedar entre nosotros. Si lo compartes con alguien, Dios se va a enfadar contigo y puede pasarle algo malo a tu familia".
Godoy también ha relatado que, durante sus primeros días en el centro, presenció un episodio de abuso sexual del hermano Francisco a otro niño de aproximadamente cuatro años. Aquella experiencia, asegura, le llevó a intentar evitar las visitas a la enfermería.
Golpes y amenazas
Las acusaciones no se limitan a los abusos sexuales. Godoy sostiene que, después de escapar del colegio tras la agresión, el hermano Francisco le propinó al día siguiente una paliza que le provocó lesiones en la nariz y las costillas. Según su testimonio, el religioso lo golpeó delante de otros menores y terminó arrojándolo por una pendiente de varios metros.
El antiguo alumno afirma que nunca recibió atención médica por aquella agresión y que su madre no creyó su versión. Desde el centro, explica, ya habían telefoneado a su familia para presentarlo como un niño conflictivo que insultaba y pegaba a sus compañeros. Cuando intentó explicar lo ocurrido, su madre reaccionó castigándolo.
Años después, durante una intervención quirúrgica de espalda, los médicos le habrían informado de antiguas fracturas costales que, según cuenta, habían llegado a afectar a uno de sus pulmones.
Palizas en el comedor
También recuerda episodios de violencia en el comedor. Acusa a Francisco y Calixto de obligarlo a comer mediante golpes, retorciéndole los brazos y utilizando una cuchara para forzarle la apertura de la boca. Godoy asegura que intentaba escapar del centro para evitar aquellas situaciones.
Su denuncia encuentra un elemento adicional en el testimonio de otro antiguo alumno, que ha preferido mantener el anonimato. Este hombre ha declarado a El País que también sufrió tocamientos y otros comportamientos sexuales del hermano Francisco. Además, asegura haber presenciado cómo el religioso entraba por las noches en los dormitorios y se acostaba en las camas de algunos niños.

Traslado a África
Godoy permaneció unos meses más en San Juan de Dios, aunque asegura que nunca consiguió explicar abiertamente lo sucedido. Cuando tenía 16 años, durante un ingreso hospitalario para operarse de la rodilla, recibió la visita de quien había sido director del centro.
Según su relato, aprovechó aquel encuentro para denunciar las palizas y advertir de que el hermano Francisco tocaba y abusaba de los niños. No se atrevió, sin embargo, a contar que él mismo había sido violado.
La respuesta que atribuye al antiguo responsable de San Juan de Dios fue que estaba interpretando equivocadamente las muestras de afecto del religioso. También le comunicó que Francisco ya no se encontraba en Gran Canaria porque había sido destinado a África.
Destinado a Camerún
La orden hospitalaria ha confirmado que Francisco estuvo destinado en Camerún durante aproximadamente ocho o nueve meses, aunque asegura desconocer las razones de aquel traslado. Tampoco ha podido explicar por qué dejó de pertenecer a la congregación el 20 de diciembre de 1977, fecha en la que no le fueron renovados sus votos religiosos.
La documentación interna consultada por la institución no recoge, según su versión, los motivos de ambas decisiones. La orden tampoco ha aclarado si el antiguo religioso continúa con vida.
Primeras denuncias
El intento de Godoy de conseguir una respuesta institucional comenzó mucho antes de la publicación de su historia. En enero de 2017 remitió un correo electrónico al Obispado de Canarias en el que advertía de la existencia de un grupo de antiguas víctimas de abusos sexuales y físicos en el centro grancanario.
En aquella comunicación anunciaba su intención de hacer públicos los hechos y las identidades de los presuntos responsables. También mantuvo una conversación telefónica con el Obispado, en la que habló de torturas y abusos sin detallar la agresión sexual que asegura haber sufrido.
Según su versión, le pidieron que acudiera personalmente a las dependencias diocesanas. Sus problemas de movilidad dificultaban el desplazamiento y solicitó que fueran los representantes de la Iglesia quienes acudieran a su domicilio. No obtuvo una respuesta favorable.
Defensor del Pueblo
El correo de 2017 fue trasladado a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, que pidió al denunciante información adicional. Godoy no respondió a aquella solicitud y el asunto no avanzó.
Nueve años después, en abril de 2026, volvió a intentar que su historia fuera investigada. Presentó una denuncia ante el Defensor del Pueblo, que le informó sobre los mecanismos disponibles para solicitar una reparación, y se dirigió también a la oficina de protección de menores del Arzobispado de Valencia, comunidad autónoma en la que reside actualmente.
Esta última institución remitió su comunicación a la propia orden hospitalaria.
Meses de espera
La institución sostiene que ha mantenido varias conversaciones con Godoy y que pretende desplazarse hasta su domicilio para recoger formalmente su declaración y orientarlo sobre el procedimiento de reparación ante el Defensor del Pueblo.
La diferencia entre lo que la orden conocía desde abril y lo que ha trascendido ahora constituye uno de los aspectos centrales del caso. La congregación asegura que hasta esta semana disponía de información sobre presuntos malos tratos físicos en el comedor, pero no conocía las acusaciones de participación del hermano Calixto en una violación.
Godoy, por su parte, reconoce que durante décadas ocultó la agresión sexual más grave por miedo, vergüenza y humillación. Incluso cuando comenzó a denunciar los hechos, no consiguió relatar completamente lo sucedido.
Alto cargo apartado
La publicación de su testimonio ha precipitado las medidas contra Calixto Andrés Plumed Moreno. La orden ha confirmado que el religioso ha sido apartado cautelarmente de todas sus responsabilidades y de la enseñanza mientras se desarrolla la investigación canónica.
La congregación ha explicado que la prescripción de los hechos en la jurisdicción penal no impide abrir un procedimiento interno ni estudiar una reparación para la víctima. También ha anunciado su disposición a abordar una petición de perdón institucional.
Expediente reservado
Sin embargo, quedan cuestiones sin respuesta. San Juan de Dios no ha aclarado qué manifestó el hermano Calixto cuando sus superiores hablaron con él en abril sobre las acusaciones de malos tratos físicos. Tampoco ha precisado si ha reconocido o rechazado las acusaciones de participación en la agresión sexual.
La institución considera que esas conversaciones forman parte de un expediente reservado. Sostiene, además, que no existían denuncias anteriores ni antecedentes que permitieran sospechar comportamientos semejantes por parte del religioso.
Tras conocerse el caso, también ha dejado de estar disponible la página de la web institucional que recogía información sobre Calixto Andrés Plumed Moreno. La dirección que anteriormente alojaba su perfil muestra ahora un aviso de página no encontrada.
Antes de morir
Álvaro del Cristo Godoy vive actualmente en Villalonga, un municipio valenciano situado al sur de Gandía. Tiene 65 años, utiliza una silla de ruedas y padece graves problemas de salud. La Comisión de Garantía y Evaluación de la Comunidad Valenciana ha autorizado su solicitud de eutanasia tras reconocer una situación de sufrimiento crónico que considera irreversible.
El antiguo alumno de San Juan de Dios ha señalado el 1 de febrero como fecha límite para recibir la prestación. Antes quiere que se conozca lo que, según denuncia, ocurrió en Gran Canaria cuando era un niño.
Su decisión de hablar públicamente responde a una necesidad que ha arrastrado durante más de cinco décadas. Asegura que los abusos condicionaron su relación con los demás, alimentaron su desconfianza y le hicieron vivir durante años entre el miedo y la vergüenza.
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