"El día que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:50 de la mañana para esperar el buque en el que llegaba el Obispo". Gabriel García Márquez decidió comenzar Crónica de una muerte anunciada así, destripando al lector el final de la novela en la primera línea. La obra maestra de Gabo cuenta la historia de un joven adinerado y arrogante que, cumpliendo el pronóstico, y pese a que todo el mundo conocía peligro que corría, acaba sus días a las puertas de su casa, a manos de los hermanos Vicario.
El crimen se produce en la novela con el conocimiento y la negligencia del pueblo de Santiago Nasar, cuyos vecinos fallan en avisar al finado del fatal destino que le espera una vez concluya la visita del Obispo. Algunos por vergüenza, otros por miedo y muchos porque no podían creerse que el joven no supiera que Pedro y Pablo Vicario le habían contado a todos los vecinos que querían darle muerte esa misma mañana.
El Obispo de Roma en La Laguna
No se sabe cuál es el pueblo de Nasar. Se piensa que García Márquez se inspiró en la localidad colombiana de Sucre, donde vivió muchos años y ocurrió un suceso similar al que narra en las páginas de su obra. Como ciudad colonial, las calles de Sucre son muy parecidas a las de La Laguna.
Es bonito imaginarse Crónica de una muerte anunciada ambientada en La Laguna. Sus calles anchas, adoquinadas y con edificaciones postcolombinas encaladas en blanco es, probablemente, como visualizó Gabo su escenario. Como Santiago, toda La Laguna se ha levantado esta mañana antes de salir el sol para ver la llegada del Obispo, el de Roma.
La ruta más mortífera
El papa León XIV ha llegado este viernes a Tenerife y ha acudido a Las Raíces y a la Ciudad del Adelantado a presenciar con sus ojos el drama migratorio que tantas vidas se lleva en el mar. Los migrantes viajan miles de kilómetros, a pie y en barco. Se suben a cayucos que apenas tienen estabilidad, navegan durante días y noches con la esperanza de encontrar un futuro digno. Algunos lo consiguen. Muchos, como Santiago Nasar, se quedan a las puertas.
Pero ninguno puedea decir que no conozca los riesgos. La Ruta Atlántica es una de las más mortíferas del mundo. La fatídica crónica de los que perecen está escrita antes de que suelten amarras en Senegal, Mauritania o cualquiera de los puertos de África en los que se embarcan, y aún así lo hacen.
Encuentro con migrantes
León XIV tenía una deuda con Canarias. No la contrajo él, sino el papa Francisco. Prometió que el Santo Padre vendría al archipiélago a visibilizar el drama migratorio. El padre Prevost ha cumplido. Este viernes, en Aguere, después de visitar el centro de migrantes de Las Raíces, el papa ha reunido a 3.000 personas en la plaza del Cristo para presidir un acto en el que ha escuchado los testimonios de Darwin Rivas, Thalia Saldarriaga, Khalid Allad y Mbacke Ndiaye, cuatro personas llegadas a Tenerife de fuera. Cuatro realidades de Venezuela, Colombia, Marruecos y Senegal.
Éste último, Mbacke, tiene 20 años y llegó a las costas canarias en un cayuco hace dos, en septiembre de 2024. Gracias a la Fundación Buen Samaritano, no solo encontró techo y comida, sino también “respeto, paciencia” y gente que le valoró por lo que era.
Un 'Six Seven' con el Papa
Mbacke le ha leído a León XIV un poema que él mismo escribió, pero probablemente lo más honesto que ha hecho el joven con el Papa, y lejos de que suene frívolo, ha sido el viral movimiento que ha ejecutado con las manos. Esto merece un desarrollo más allá de lo anecdótico, porque un gesto tan sencillo demuestra que Mbacke y sus compañeros, lejos de ser esos menas peligrosos que algunos discursos ultras pretenden caricaturizar, no son otra cosa que niños con la inocencia de quien se permite hacer un Six Seven con el Papa.
Igual que cualquier otro joven (los padres y profesores que lean estas líneas lo saben bien), a Mbacke le ha dado igual que quien tuviera delante fuera el Sumo Pontífice, el Santo Padre o el Vicario de Cristo. Six Seven. Un gesto tan adolescente que neutraliza todo prejuicio, que humaniza al niño que tuvo que enfrentarse al peligro del cayuco y a su Santidad.
La imagen nos sirve para darnos cuenta que, detrás de las cifras de llegadas a Canarias, hay miles singularidades, personas con historias y con sueños. Y gente normal, a la que le preocupa lo que le preocuparía a cualquier otro y se comporta como lo harían los demás.
Una crisis enquistada
Desde 2020, han llegado a Canarias más de 140.000 personas en pateras o cayucos, empujadas principalmente por la inestabilidad política y económica en sus países de origen, y la crisis climática. Engañados por mafias, muchos de ellos acaban sus días ahogados en el Atlántico. Aproximadamente 25.000 de ellos han muerto desde que comenzó la crisis migratoria, fruto de perderse en la ruta, el hambre, la sed o los ahogamientos.
De estos migrantes, cerca de 20.000 eran niños y adolescentes. Canarias llegó a acoger simultáneamente a casi 6.000 de ellos entre verano y otoño de 2024. Hasta marzo de 2025, el Gobierno de España no desbloqueó el reparto de menores entre Comunidades Autónomas mediante una modificación de la Ley de Extranjería realizada por Real Decreto. Durante ese tiempo, 11 comunidades autónomas (gobernadas por el Partido Popular) mostraron su absoluto rechazo al reparto de menores, considerándolo "unilateral" y "sectario".