Persona acostada en la calle|REDES
Persona acostada en la calle|REDES

Sin techo, sin red, sin respuesta, sin nada: la otra cara del sinhogarismo en Tenerife que no deja de crecer

La provincia contabilizó 2.853 personas en exclusión residencial extrema durante 2025, una cifra que lleva cinco años creciendo, pero la respuesta pública sigue llegando tarde, fragmentada y, sobre todo, insuficiente

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Este pasado domingo, 25 de octubre, se conmemoró el Día de las Personas sin Hogar, un día para mirar de frente la realidad, tanto en la isla de Tenerife como en el resto de la provincia, y que dibuja un paisanaje en el que muchísimas personas no tienen un lugar estable al que volver, o viven en condiciones que ni siquiera pueden clasificarse en el concepto de casa u hogar.

La fecha llegó sin grandes actos públicos conocidos, pero con un dato que debería incomodar a cualquiera, sobre todo si hace referencia a cómo viven miles de personas en nuestras calles, como si fueran parte del mobiliario urbano para algunos ojos.

2.853 personas en situación de calle

El VI Informe sobre Exclusión Residencial Extrema, elaborado por Cáritas Diocesana de Tenerife con apoyo del Cabildo tinerfeño, contabilizó 2.853 personas en esta situación durante 2025. No es una cifra estable ni coyuntural ya que lleva cinco años aumentando.

Al respecto, y con el ánimo de visibilizar la realidad y llevarla allí donde parece que no se ve, el pasado jueves, 22 de octubre, Cáritas llevó a casi un centenar de personas (muchas de ellas pertenecientes a los diferentes programas y recursos alojativos que desarrolla la ONG) a la plaza de Los Remedios de La Laguna donde se reivindicó el derecho a contar con los Derechos. Esta escenificación se replicó en Santa Cruz de La Palma y también en Los Llanos de Aridane, con la lectura de un manifiesto que reclamaba vivienda digna y el fin de los estigmas.

Personas reivindican sus derechos en La Laguna |CEDIDA
Personas reivindican sus derechos en La Laguna |CEDIDA

Más que falta de techo

La campaña de este año, Un hogar, un lugar al que pertenecer, pone el dedo en una idea que suele perderse en los debates sobre vivienda y que no solo tiene que ver con contar con una cama donde pasar la noche. Un hogar es seguridad, estabilidad, intimidad, vínculos y la posibilidad de proyectar una vida, subrayan desde Cáritas

Teniendo en cuenta lo expresado, a casi nadie se le escapa que el sinhogarismo no se limita a quien duerme en la calle. También incluye a quienes viven en alojamientos temporales, infraviviendas, asentamientos precarios o viviendas inseguras. Son realidades menos visibles, pero igualmente excluyentes, y muchas veces quedan fuera de las estadísticas y de la agenda política.

Estigmas

Las personas que han pasado por esta situación lo describen sin adornos. Hablan de incertidumbre constante, desgaste emocional, miedo al futuro y una sensación persistente de no pertenecer a ninguna parte. 

A esta sensación, dicen, se suma el estigma que pesa como una losa y parece perseguirles de día, pero sobre todo de noche. Se les hace complicado escapar a la idea de que “algo habrán hecho” para acabar así, sin percatarse que la exclusión residencial tiene causas estructurales y no es una elección individual.

Una cifra que crece

Los datos de 2025 retratan una red de atención que trabaja, pero que no logra contener la marea. Cáritas acompañó a 3.522 personas a través de su área de Vivienda e Inclusión Social; sus Unidades Móviles de Atención en Calle atendieron a 1.376 personas y, por otro lado, 215 personas fueron acogidas en los ocho recursos alojativos que gestiona entre Tenerife y La Palma.

La proporción es tan real como dura: de las miles de personas atendidas, solo una fracción accede a un recurso alojativo. El resto sigue esperando, buscando alternativas precarias o sobreviviendo en situaciones que la propia entidad describe como insuficientes, saturadas e incapaces de ofrecer una respuesta digna.

“Mirarlas a los ojos”

Juan Rognoni, máximo responsable de Cáritas en la provincia tinerfeña, invita a la sensibilización, o sea, que se mire a esta realidad “como algo que nos afecta a todos. Cada uno dentro de su realidad pueda analizar con las personas que tiene cerca qué puede hacer”., apunta.

Insiste Rognoni en la gravedad del asunto. “Lo estamos viendo y vemos a dónde nos está llevando”, subraya, añadiendo que es un tema crónico con perspectivas de necesitar muchas acciones durante muchos años. En cualquier caso, desde la entidad se hace un llamamiento para que la ciudadanía colabore con Cáritas o con otras ONGs con el fin de no perder la cercanía con estas personas que están en la calle pasando tantas dificultades “y mirarlas a los ojos”.

La vivienda: derecho, no privilegio

El manifiesto de Cáritas Tenerife es claro al señalar entre las causas el encarecimiento del alquiler, la precariedad laboral y económica, el debilitamiento de las redes de apoyo y dificultades para acceder a los recursos sociales. Sin duda, entre los factores señalados se encuentran parte de las causas que se combinan y empujan a personas cada vez más diversas hacia el borde.

Frente a ello, la reclamación no es asistencialista. Es una demanda de derechos: vivienda estable, salud, empleo, protección social y acompañamiento. Es decir, las condiciones mínimas para que una persona pueda reconstruir su vida con autonomía y dignidad.

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